18 de junio de 2017

Historias de Bellas Montañas

Añadimos una muesca más a la etiqueta "Literatura de Montaña" recomendándoos la lectura de Historias de Bellas Montañas, del alpinista madrileño Ramón Portilla, el chico que dejó su acomodado trabajo en una notaría para convertirse en uno de los mejores alpinistas españoles (el primer español en subir a las siete cumbres más altas de cada continente), a ser miembro del equipo de Al Filo de lo Imposible y a participar en memorables ascensiones y escaladas, algunas de ellas recopiladas en este libro.





<<Los catorce ochomiles, las siete cumbres, los cuatromiles de los Alpes, los tresmiles del Pirineo...Las listas más importantes ya están hechas; por eso yo siempre estoy haciendo las mías propias: las más sagradas o mitológicas, las que poseen atractivas historias o las para mí más bellas, que es la lista que más cuesta cerrar>>

Aunque el título del libro no miente, este párrafo del mismo resume a la perfección lo que nos vamos a encontrar en esta obra: relatos de alpinismo y escalada en 17 montañas del planeta, diferentes entre sí, unas más conocidas que otras, pero todas unidas por un denominador común, su dificultad y su belleza. Ramón Portilla nos presenta, con ese estilo de escritura tan personal suyo, un libro de fácil y rápida lectura, huyendo de tecnicismos y épicas, en el que nos narra sus experiencias en las expediciones, escaladas y ascensiones, que no todas terminaron en la cima, a estas 17 montañas. Y no solo a lo estrictamente montañero se ciñen esas experiencias, historias y reflexiones personales, muy diferentes en cada montaña o en cada época, ya que las aventuras recogidas en esta obra abarcan desde principios de los ochenta hasta 2013, tienen cabida en estos relatos. Pero aún así Portilla siempre intentará que el máximo protagonismo se lo lleven estas 17 montañas, así como sus descubridores, los primeros ascensionistas o las primeras cordadas que consiguieron abrir las vías más míticas en algunas de ellas, a todos ellos, en cada capítulo, en la presentación de cada montaña, les dedica unas cumplidas líneas, por lo que saldrán a la palestra nombres tan míticos como Gaston Rébuffat, Walter Bonatti, Edward Whimper, Lionel Terray, Rabadá y Navarro, Royal Robbins, Riccardo Cassin, Emilio Comici, Eric Shipton, Cesare Maestri, "el villano" Don Whillans, Luis Amadeo José María Fernando Francisco de Saboya Aosta más conocido como el Duque de los Abruzzos, Herman Buhl, Kurt Diemberger...aunque tampoco es nada despreciable el elenco de compañeros que acompañaron a Portilla en estas aventuras, por nombrar unos cuantos: Juanjo San Sebastián, Antonio Trabado, Jose Carlos Tamayo, Alex Txikón, Seabastián de la Cruz, Miroslav Smid, Darío Barrio, Carlos Suárez, Atxo Apellániz, Sebastián Álvaro, Iñaki Ochoa de Olza...
Respecto a las montañas, son las siguientes: las seis caras norte más míticas de los Alpes; Cervino, Eiger, Dru, Piz Badile, Cima Grande di Lavaredo y Espolón Walker; en África el Monte Kenia; en los Andes el Alpamayo, el Fitz Roy, el Cerro Torre y la Aguja Poincenot; y finalmente en el Himalaya/Karakórum/Thien Shan el Thalay Sagar, el Chogolisa, el K2, el Shivling, el Khan Tengri y el Laila Peak.

Los 17 relatos son apasionantes, pero si tuviese que destacar algunos serían estos cinco:


  • Eiger. En el capítulo dedicado al ogro Portilla nos narra su participación, como miembro del equipo de filmación de Al Filo, en la grabación del documental que recreó la que fue la última escalada de la mítica cordada Rabadá y Navarro, fallecidos en 1963 durante su intento de escalada a la Norwand del Eiger. Miguél Ángel Lausín y Manuel Barrueco encarnaron a los aragoneses, escalando la pared con la ropa y el material de la época. Aquí os dejo el enlace al documental, merece mucho la pena.
  • Espolón Walker. En 1988 junto a Fernando Guardiola y Enoc Guerra, Ramón Portilla se disponía a seguir los pasos de Riccardo Cassin, Gino Esposito y Ugo Tizzoni y escalar la Norte de la Walker, en las Grandes Jorasses. En uno de los largos de la vía un enorme bloque se desprendió, alcanzando a Portilla y fracturándole tibia y peroné, con varios huesos asomando por fuera de la bota, fue necesario aplicar un torniquete, y hacer un vivac en la pared, en esas condiciones, antes de ser rescatado en helicóptero la mañana siguiente.
  • Thalay Sagar. Corría el año 1982, cuando unos jóvenes Ramón Portilla, Octavio Galante Nano, Guillermo Mateo y Félix de Pablos se embarcan en una casi improvisada expedición al Thalay Sagar, montaña de la que entonces se tenía muy poca información. La escalada estuvo repleta de penurias, rematadas con tres días atrapados por la tormenta en el interior de una cueva de nieve excavada por ellos, y un arriesgado descenso entre la ventisca. Portilla apunta en el libro que en esta expedición nació dos veces; primero por haber sobrevivido a la montaña y luego por que tras esta expedición, y al regresar a Madrid, decidió dejar su trabajo en la notaría y dedicarse a vivir expresamente de la montaña.
  • K2. Único ochomil que aparece en el libro. El más bello de todos sin duda, y el más difícil también. Portilla nos narra todos sus intentos por escalar la segunda montaña más alta del planeta, pero hace especial hincapié a la expedición de 1994, en la que Sebastián de la Cruz, que junto a Jose Carlos Tamayo, habían coronado días antes y el propio Portilla tuvieron que subir en desesperado auxilio de Atxo Apellániz y Juanjo San Sebastián, que tras haber llegado a la cumbre de noche tuvieron que hacer tres y dos vivacs respectivamente a más de 8000 metros, además una avalancha arrastró a San Sebastián 400 metros ladera abajo, dejándolo al borde del abismo. Atxo Apellániz no pudo escapar de la montaña, esta historia de supervivencia, compañerismo, amistad y tragedia la cuenta de primera mano Juanjo San Sebastián, que sufrió severas congelaciones en las manos, en su obra Cita con la Cumbre, un libro de recomendada lectura.
  • Laila Peak. Una pequeña historia de amor, así se refiere Portilla al Laila en el libro. Y es que desde que descubrió esta montaña mientras retornaba de la expedición de 1996 al Gasherbrom II, esta espectacular aguja se convirtió casi en su obsesión, ya que entre 2009 y 2013 fueron hasta cinco las expediciones montadas, incluso una invernal, con fin de escalarla. En la última de ellas, en la que incluso se lleva con él a su hijo Samuel y su mujer Rosa, consigue llegar, junto al cocinero Darío Barrio y Carlos Suárez, que saltó desde la cima en paracaídas, hasta lo más alto de esta bellísima montaña, que pone un bonito broche a esta serie de relatos.
Y sin más, y esperando que esta pequeña reseña os haya servido para abrir el apetito, os remito a la lectura del libro, muy recomendada, y que disfrutéis de estas apasionantes historias de Ramón Portilla en tan bellas montañas.

La semana que viene retomamos las rutas 😉.

Un saludo a tod@s.


Ramón Portilla. (Foto: Desnivel.)

Ramón Portilla. (Foto: Desnivel.)




Cervino o Matterhorn, sin duda la montaña más emblemática de los Alpes. (Foto: Pirineos 3000.)

Contrastes en el Eiger, la oscuridad y verticalidad de su pared norte y a pocos metros el turístico Kleine Scheideeg, el teatro desde donde se ve "escalar y morir en directo". (Foto: MySwitzerland).

Aiguille du Dru, en la que el mítico Walter Bonatti forjó aún más si cabe su leyenda. (Foto: iStock).

El sol resalta más si cabe la belleza del Piz Badile. (Foto: Txastimendiak).

Tre Cime di Lavaredo, con la Cima Grande di Lavaredo en el centro, emblema de los Dolomitas. (Foto: Mount Live).

Espolón Walker en les Grandes Jorasses, grandes páginas de puro alpinismo se han escrito en estas paredes. (Foto: Tripperworld).

Monte Kenia, con el Corredor del Diamante que desemboca en la Puerta de las nieblas, que separa las dos cimas, la Batian y la Nelion. No os perdáis la increíble historia de Felice Benuzzi. (Foto: Panoramio).

Pared sur del Alpamayo. Proclamada en 1966 por la revista alemana Alpinismus como "la montaña más bella del mundo". (Foto: RMI Expeditions).

El Fitz Roy. El "Conquistador de lo Inutil", Lionel Terray, fue junto a Guido Magnone, la primera persona en escalar esta torre patagónica. (Foto: el Chalten Mountain Guides).

Cerro Torre. Las primeras escaladas a esta aguja siempre estuvieron envueltas de controversia y polémica, y en ellas siempre estuvo implicado el controvertido y polémico Cesare Maestri, que incluso subió a la pared un pesado compresor para poner clavos en la pared. Maestri dejó el compresor en la pared, tras destrozarlo a martillazos, y hoy en día la última reunión de la escalada se monta sobre él. (Foto: Mark Hurrel).

Aguja Poincenot, bautizada así en honor de Jacques Poincenot, integrante de la expedición que coronó por primera vez el Fitz Roy y que falleció al intentar vadear el río homónimo. (Foto: Andes Handbook).

El Thalay Sagar, erguiéndose, con el cielo como límite. (Foto: Joshua Lavigne).

El Chogolisa "el Pico de la Novia", en lo más alto de su cima principal hay una muñeca, dejada allí por la expedición japonesa que la conquistó por primera vez (Foto: Tarragona Radio).

K2, segunda montaña más alta del planeta, la más bella entre los ochomiles. Parafraseando a Iñaki Ochoa de Olza, como una montaña tan bella puede tener un nombre tan feo. (Foto: Madison Mountaineeering).

Shivling, el "Pene de Shiva". (Foto: Wikipedia).

Khan Tengri, segunda montaña más alta de la cordillera del Thien Shan. Una de las cinco montañas que tenían que ascender los alpinistas soviéticos para conseguir la distinción de "Leopardo de las Nieves". (Foto: Adventure Peaks).

Laila Peak, "la Hermosa", una aguja perfecta. (Foto: SummitPost).
Darío Barrio, Ramón Portilla y Carlos Suárez en la cima del Laia Peak (Foto: Desnivel).


2 comentarios:

  1. Hola Dani.

    Hace un par de días termine un libro, y me iba a poner con la trilogia de Baztan, pero si encuentro este libro en la red para el ebook, me pongo a leerlo ya!

    Por fortuna, en mi tierra, al tener cerca los pirineos, hemos tenido, y tenemos grandes montañeros, entre ellos los míticos Rabadá y Navarro, que se encargaron de abrir muchas vías hasta ese momento infranqueables, con unos materiales que no son precisamente los de ahora.

    El amor a una montaña, poco o nada tiene que ver con su altura o nombre, sino más con el corazón y los sentimientos, para mi sin duda, el Moncayo es mi montaña, y por más veces que suba a su cima, nunca me canso.

    Y ahora, me piro a currar, que con estos calores, es peor que subir al K2, jaja.

    Salud y Montaña!

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    1. Hola Eduardo.

      Veo que soy de los pocos que aún sigue leyendo libros de papel jajaja. Bueno, en serio, ya sea en papel o de forma digital mejor un buen libro, y si puede ser de temática montañera, que estar enganchados a la tóxica televisión.
      Yo ahora me empezado OM, la Montaña Roja, es un relato de ficción futurista, y trata de una expedición para escalar el Monte Olimpo en Marte, la montaña más alta de la galaxia. Ganó el premio Desnivel de literatura hace unos años. Ya os contaré que tal.

      A raíz de lo de Rabadá y Navarro, la primavera pasada al volver del Petretxema hicimos parada en Riglos, y entramos a visitar el Centro de Interpretación de Aves, allí estaba expuesto un equipo de escalada de la época y tela...mucho mérito, ya no solo Rabadá y Navarro, sino todos aquellos pioneros.
      Coincido plenamente contigo, a una montaña nunca hay que medirla por su altura, sino que hay otros baremos: belleza, dificultad, experiencias personales, entorno...conozco a mucha gente que para ellos en Pirineos solo existen los tresmiles, o las montañas más conocidas, y sin embargo hay otras de menor altura, o con menos nombre, que no las conoce ni el tato, que son mucho más atractivas.
      Lo que te pasa a ti con el Moncayo me pasa a mi con el Penyagolosa ;-)

      Saludos!!!

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