Relieves accidentados, montes tapizados de arriba a abajo de bosques y frondosa vegetación, barrancos junglescos que ocultan preciosas fervenzas (cascadas), pequeñas y aisladas poblaciones y aldeas, comunicadas unas con otras por sinuosas carreterillas... Son algunos de los ingredientes que definen a la Serra do Courel, que a su vez representa la Galiza más auténtica y profunda. Dos jornadas de nuestras vacaciones de julio de 2024 estuvieron destinadas a descubrir una pequeña porción de esta sierra luguesa. Lo hicimos en dos modalidades distintas, andando un día, y descolgándonos por cuerdas, en neopreno, el otro.
La excursión pedestre tuvo comienzo y final en Seoane do Courel. El bonito nombre de esta población ya anticipaba la belleza que iba a tener concentrada esta ruta, que hicimos el día después de una lluviosa, y muy galega, jornada, y la humedad reinante marcó la ruta, para lo bueno y para lo malo. La parte negativa es que hubo un tramo, en la segunda mitad de la ruta, en el que el sendero estaba devorado por unos helechos que nos superaban en altura. Al principio nos hizo gracia, pero cuando el tema se alargó durante más de una hora ya no nos hizo tanta, enfrentándonos a un factor psicológico, que fue el intentar no perder los nervios mientras nos abríamos paso, completamente empapados, entre esos gigantescos helechos. Pero sería injusto recordar aquella ruta por esto, pues la humedad nos hizo respirar de manera más intensa la pureza de esos bosques, y sentir más aún el frescor del musgo que agarraba en todos los elementos, ya fuesen piedras, construcciones humanas o los troncos de las hayas y los gigantescos castaños. La chispa acuática, sobre todo en la primera mitad de la ruta, la pusieron alegres arroyos (regos los llaman por allí) tributarios del Río Pequeño, que es pequeño, sí, pero ha sido capaz de crear la preciosa Fervenza da Poza da Grada. A nivel humano nos chocó el contraste entre los asentamientos humanos que vimos durante la ruta. Por ejemplo vimos, diseminados por los bosques de castaños, pequeños grupos de casas, que antaño tuvieron relación con el aprovechamiento de los castaños, la gran mayoría de estas casas, hoy abandonadas, no corrieron la misma suerte que O Mazo y Mercurín, pequeñas aldeas rehabilitadas y que vimos que estaban habitadas. Después, Paderne es un pueblecito que no tiene servicios (cuando llegamos nosotros allí llegó también la furgoneta del reparto del pan), y sin embargo Seoane si que cuenta, por ejemplo con supermercado, banco y bar, en el que al finalizar esta bonita ruta nos tomamos unas frescas cervezas, Estrella Galicia, por supuesto...
Primeros compases de la ruta, en los que la humedad se hacía patente hasta en el objetivo de la cámara.
No hubo transición alguna, salimos de Seoane y de inmediato nos vimos inmersos en el tupido bosque.
Con secciones de sendero tan chulas como esta nos fuimos alejando del pueblo, en dirección norte. Este primer tramo transcurrió más o menos en paralelo al Río Pequeño.
En ligera subida, camino de O Mazo.
Primero de los muchos torrentes que cruzamos en esta primera parte de la ruta.
O Mazo. Aldea reformada para turismo rural.
Fue después de pasar O Mazo cuando nos empezamos a encontrar grandes castaños, muchos de ellos con el tronco hueco.
Abrazando a otro gigante de estos bosques de Courel.
Aquí me tenéis, dimensionando.
Otro bonito tramo de sendero, con gigante incluido.
Entrando en otro fantástico tramo, en el que habían agrupadas varias cabañas.
Si tuviera que decir que rincón de la ruta me gustó más diría que este.
En una de las puertas de esas cabañas vimos tallada esta inscripción.
¿Estratos rocosos?...
...no, fisonomía de un castaño.
Otro alegre riachuelo.
Tras habernos alejado un poco del Río Pequeño, el sendero nos volvió a encaminar a él.
Encontramos otro grupo de cabañas.
Un rincón de exuberante verdor...
...en el que llegamos a contabilizar más de diez cabañas.
Un poco más adelante abandonamos momentáneamente el sendero principal para acercarnos a la Fervenza da Poza da Grada.
Estruendosa a la vez que bonita.
Mi compi, con esta fervenza, tarjeta de visita del Río Pequeño...
...Río Pequeño, que un poco más arriba, y tras recuperar el sendero principal, nos dejó más bonitas pinceladas.
Tramo en el que el agua rezumaba de la pared.
Túnel vegetal, ya cerca de Paderne.
Un poco antes de la aldea encontramos otro enorme castaño con el tronco hueco.
Paderne, y las laderas por donde iba a transcurrir la segunda parte de la ruta.
Tras pegar un bocado en Paderne nos pusimos con la subida, llevadera al principio...
...pero que se puso más seria un poco más arriba, coincidiendo además con el mar de helechos.
Al principio nos lo tomamos a risa...
...pero a medida que íbamos acumulando metros de avance entre los helechos nuestro semblante cambió por completo.
Por suerte cuando la ruta alcanzó su parte más alta empezó a abrirse el sendero entre los helechos.
Finalizado este tramo, del que salimos empapados, pudimos volver a recrearnos con la fotografía. Aquí pude captar el cortejo de estas dos mariposas.
En la parte alta teníamos la opción de habernos desviado a visitar los restos del Castro de Brío, pero no nos apeteció seguir por allí arriba, así que continuamos bajando hacia Mercurín.
Mercurín, donde habían casas habitadas y estaban reformando otras.
Desde Mercurín continuamos bajando, entre castaños, hacia Seoane...
...donde cerrábamos el círculo y dábamos por finalizado este primer y bonito capítulo por la Serra do Courel.
Esa misma tarde nos fuimos a Seceda, que de todos los pueblos y aldeas que vimos en Courel fue el que más nos gustó. Allí dio comienzo, el día siguiente, nuestra particular aventurilla por tierras galegas, que respondió al nombre de Forcas do Fial, estrechos labrados por el Regueiro do Fial, en los que tan apenas logra penetrar la luz del solar, que unido a su extravagante vegetación, nos trasladó por unas horas a remotas junglas de otros continentes. Sin ser un descenso técnicamente complicado si que hay que tener dos cosas en cuenta, la primera, es la baja temperatura del agua y del ambiente, debido a esa escasez de luz solar. La otra es que algunas de las cascadas se rapelan desde anclajes naturales (árboles), estando algunos cordinos un tanto precarios, por lo que entra el juego el factor confianza. A nivel datos no sabría deciros ahora mismo cuantos rápeles hicimos y la longitud de los mismos, para eso hay otros sitios en Internet mucho más especializados que este blog y que valen la pena visitar. A nivel personal solo puedo añadir que nosotros entramos al barranco equivocadamente por el primer escape y nos saltamos un par de rápeles, y que con dos cuerdas, una de 15 metros y otra de 40, nos apañamos perfectamente. También debo pedir disculpas por la escasez de fotos y por la mala calidad de las mismas, y es que entre la poca luz, las limitaciones de la cámara acuática que me compré unas semanas antes, que para colmo empezó a dar problemas con la lectura de la tarjeta SD, este espectacular barranco no tiene el reportaje fotográfico que se merece...
Acorde con el desastre fotográfico del barranco no he sido capaz de encontrar ninguna foto de las que le hice a la preciosa aldea de Seceda, para encabezar el reportaje del barranco, así que tendrá que ser con una ya metidos en harina.
Tras andar un tramo entre resbaladizas rocas y ramaje encontramos el primer rápel.
Y este fue el segundo, muy estético.
Ay la Kodak...
Tras estos dos primeros rápeles continuamos avanzando, con ambiente cada vez más junglesco.
Pequeños resaltes.
Fijaos en el contraste de colores, el verde de la vegetación, el marrón del agua (que no era tal), y el rojizo de las paredes.
Qué rabia no haber logrado un álbum de fotos decente de este lugar tan espectacular.
En este tramo pasamos bajo algunos puentes, en estado ya muy precario, que cruzaban estos estrechos.
Welcome to the jungle, are you gonna dance with me?...
...Welcome to the jungle, you got to close your eyes to see...
Mirad que cosa tan curiosa, este árbol ha crecido, y sigue viviendo en mitad del curso del barranco.
Un pequeño tobogán.
Si no me equivoco, tras este rápel empezó a fallar la cámara...
...pero por suerte la pude hacer funcionar por momentos y quedó constancia de este tramo estrecho...
...de este rápel...
...y de este otro tramo aún más estrecho, tal vez el más angosto del barranco.
De este rápel también hubo testimonio fotográfico.
Última foto decente de este espectacular descenso, que puso el broche a nuestra estancia en la Serra do Courel, de la que nos fuimos encantados.
Dani, tío, vaya dosis de líquido elemento que os zampásteis en esos días de 2024. Me veo identificado de pleno con tu descripción tan fiel de ese sentimiento que nos atrapa cuando vas durante mucho rato metido hasta las cejas buscando una salida. Coincido de pleno... al principio mola, pero poco a poco te invade una sensación de asfixia que te pide a gritos salir de allí. Unos buenos ejemplares de castaño que te has marcado... preciosas las mariposas... el camino... el ambiente... me ha parecido asombroso. La verdad es que es bastante enriquecedor el barranquismo, también; yo hace muchos años que no le meto caña a un barranco... y es muy divertido. Desde el lado humano, es una pena esa pérdida de servicios de las pequeñas poblaciones... poco a poco van desapareciendo, y aunque algunas se llegan, digamos, a repoblar... si es que se puede emplear ese vocablo, pierden toda identidad cuando esa llegada de capital y de gentes, es con fines única y exclusivamente turísticos o de ocio. Es como una falsa puesta en valor de lo perdido. Pero vivimos, parafraseando a Ilegales, Tiempos Salvajes. Un saludo, compi, y espero que esa cámara sumergible se pueda recuperar. Ah, y espero que estas borrascas no te hayan causado problemas. Salud.
Aquí las borrascas han dejado viento, mucho y muy fuerte viento, un día tras otro, hasta acumular prácticamente tres semanas seguidas de viento, semanas que se ha hecho insoportables, hasta tal punto que me estaba cambiando el humor... Detesto el viento tío. Mola barranquear de vez en cuando, aunque antaño, entre 2010 y 2015, la frecuencia entre barranco y barranco era menor. Todo depende de las épocas y de la gente con que sales a la montaña en cada una de esas épocas. Por aquel entonces me juntaba mucho con la cuadrilla de mi amigo Jesús, que controlan un montón, e hice algunos barrancos bien guapos, pero ninguno tan exuberante como este de Courel. Pues no sé si te lo creerás, pero a esa cámara no le he vuelto a dar uso desde aquel día. Seguramente sea problema de la tarjeta y no de la cámara. Será cuestión de ponerla a cargar y comprobarlo.
Ooooohhhh Dani, la misteriosa y exuberante Galicia interior. Nosotros hace ya muchos años de nuestra última escapada por allá, más en concreto, por la Serra do Xurés y Baixa Limia. Ese helechar deja en mantillas hasta los Helechos de Haya de Mata, madre mía, que exasperante que puede llegar a ser.
Que estoy seguro que darías lo que fuera para poder teletransportarte dentro de ese oscuro barranco con tu cámara buena y con tiempo de sobra e intentar coger esa luz en las diferentes secciones del bco. Menudas fotazas sacarías, amigo ;-)
Hablando de las aldeas norteñas abandonadas...me paso mi hermano una poesía de un poeta asturiano que me voy a permitir transcribiros en el siguiente mensaje. Va un poco del tema y es que me ha gustado.
de la casa de san andrés de los tacones solo sigue en pie una pared de piedra. detrás de esa pared nació mi madre, y la madre de mi madre, y la madre de la madre de mi madre. y yo. y mi abuelo, luis, murió detrás de esa pared. en los alrededores de la casa había una pomarada, un hórreo y un río al que iban mi madre y sus hermanas a lavar la ropa y a lavarse ellas. luego, construyeron el embalse, y las aguas anegaron el río, derribaron el hórreo y empodrecieron las manzanas. y ayer fui a renovar el carnet de identidad. ¿lugar de nacimiento?, me preguntaron. san andrés de los tacones, respondí. pero no pudieron encontrar mi aldea en su ordenador. busca san andrés, dijo un policía. tampoco. mira a ver por andrés. no.
prueba con tacones, dijo otro policía. ni rastro. así que cuando salí de la comisaría había vuelto a nacer, solo que esta vez en la ciudad de gijón. con todo, la pared de piedra de la casa de san andrés de los tacones aún sigue en pie. como un poema. o mejor: como una semilla.
Qué preciosa y a la vez estremecedora poesía, muchísimas gracias por compartirla aquí amigo mío. Estos helechos no es que te hubiesen amortiguado la caída, sino que no te hubiesen permitido caer jajaja. Por supuesto que me hubiese gustado obtener un mejor resultado fotográfico del barranco, pero una de las pegas del barranquismo acuático es que, aunque lleves una cámara buena, no puedes entretenerte mucho haciendo fotos, pues lo normal, y pese a llevar neopreno, es que las aguas estén muy frías, y no es cuestión de ir parándose mucho. No sé si lo habremos comentado en alguna de las quedadas posteriores a estas vacaciones galegas, pero el himno oficial del viaje fue el Miña Terra Galega de los Siniestro...
Dani, tío, vaya dosis de líquido elemento que os zampásteis en esos días de 2024. Me veo identificado de pleno con tu descripción tan fiel de ese sentimiento que nos atrapa cuando vas durante mucho rato metido hasta las cejas buscando una salida. Coincido de pleno... al principio mola, pero poco a poco te invade una sensación de asfixia que te pide a gritos salir de allí.
ResponderEliminarUnos buenos ejemplares de castaño que te has marcado... preciosas las mariposas... el camino... el ambiente... me ha parecido asombroso. La verdad es que es bastante enriquecedor el barranquismo, también; yo hace muchos años que no le meto caña a un barranco... y es muy divertido.
Desde el lado humano, es una pena esa pérdida de servicios de las pequeñas poblaciones... poco a poco van desapareciendo, y aunque algunas se llegan, digamos, a repoblar... si es que se puede emplear ese vocablo, pierden toda identidad cuando esa llegada de capital y de gentes, es con fines única y exclusivamente turísticos o de ocio. Es como una falsa puesta en valor de lo perdido. Pero vivimos, parafraseando a Ilegales, Tiempos Salvajes.
Un saludo, compi, y espero que esa cámara sumergible se pueda recuperar.
Ah, y espero que estas borrascas no te hayan causado problemas. Salud.
Aquí las borrascas han dejado viento, mucho y muy fuerte viento, un día tras otro, hasta acumular prácticamente tres semanas seguidas de viento, semanas que se ha hecho insoportables, hasta tal punto que me estaba cambiando el humor... Detesto el viento tío.
EliminarMola barranquear de vez en cuando, aunque antaño, entre 2010 y 2015, la frecuencia entre barranco y barranco era menor. Todo depende de las épocas y de la gente con que sales a la montaña en cada una de esas épocas. Por aquel entonces me juntaba mucho con la cuadrilla de mi amigo Jesús, que controlan un montón, e hice algunos barrancos bien guapos, pero ninguno tan exuberante como este de Courel.
Pues no sé si te lo creerás, pero a esa cámara no le he vuelto a dar uso desde aquel día. Seguramente sea problema de la tarjeta y no de la cámara. Será cuestión de ponerla a cargar y comprobarlo.
Saludos!!
Ooooohhhh Dani, la misteriosa y exuberante Galicia interior. Nosotros hace ya muchos años de nuestra última escapada por allá, más en concreto, por la Serra do Xurés y Baixa Limia.
ResponderEliminarEse helechar deja en mantillas hasta los Helechos de Haya de Mata, madre mía, que exasperante que puede llegar a ser.
Que estoy seguro que darías lo que fuera para poder teletransportarte dentro de ese oscuro barranco con tu cámara buena y con tiempo de sobra e intentar coger esa luz en las diferentes secciones del bco. Menudas fotazas sacarías, amigo ;-)
Hablando de las aldeas norteñas abandonadas...me paso mi hermano una poesía de un poeta asturiano que me voy a permitir transcribiros en el siguiente mensaje. Va un poco del tema y es que me ha gustado.
Un abrazo.
de la casa de san andrés de los tacones
ResponderEliminarsolo sigue en pie una pared de piedra.
detrás de esa pared nació mi madre,
y la madre de mi madre,
y la madre de la madre de mi madre.
y yo.
y mi abuelo, luis,
murió detrás de esa pared.
en los alrededores de la casa
había una pomarada, un hórreo y un río
al que iban mi madre y sus hermanas
a lavar la ropa y a lavarse ellas.
luego, construyeron el embalse,
y las aguas
anegaron el río,
derribaron el hórreo
y empodrecieron las manzanas.
y ayer
fui a renovar el carnet de identidad.
¿lugar de nacimiento?, me preguntaron.
san andrés de los tacones, respondí.
pero no pudieron encontrar
mi aldea en su ordenador.
busca san andrés, dijo un policía.
tampoco.
mira a ver por andrés.
no.
prueba con tacones, dijo otro policía.
ni rastro.
así que cuando salí de la comisaría
había vuelto a nacer,
solo que esta vez en la ciudad de gijón.
con todo, la pared de piedra
de la casa de san andrés de los tacones
aún sigue en pie.
como un poema.
o mejor:
como una semilla.
DAVID GONZÁLEZ
Qué preciosa y a la vez estremecedora poesía, muchísimas gracias por compartirla aquí amigo mío.
EliminarEstos helechos no es que te hubiesen amortiguado la caída, sino que no te hubiesen permitido caer jajaja.
Por supuesto que me hubiese gustado obtener un mejor resultado fotográfico del barranco, pero una de las pegas del barranquismo acuático es que, aunque lleves una cámara buena, no puedes entretenerte mucho haciendo fotos, pues lo normal, y pese a llevar neopreno, es que las aguas estén muy frías, y no es cuestión de ir parándose mucho.
No sé si lo habremos comentado en alguna de las quedadas posteriores a estas vacaciones galegas, pero el himno oficial del viaje fue el Miña Terra Galega de los Siniestro...
Un abrazo.