Cambio radical en la misma escapada pirenaica. En menos de 24 horas pasé del mundo granítico, la nieve y los afilados picos de la zona de la Forqueta al terreno más amable y las palas herbosas y proas calizas de los Sestrals. Y si en la ruta del día anterior el protagonista visual fue el macizo de Posets, en esta lo fue, y de que manera, el de Monte Perdido, y también el Cañón de Añisclo. No, a esta ruta no se le puede llamar, de ningún modo, complementaria. Enseguida comprobaréis el por qué.
Subir a Plana Canal con un turismo, o con una furgoneta del estilo de la mía, requiere de paciencia, paciencia que suelo perder a veces y que me hizo soltar unos cuantos exabruptos dirigidos al puñetero camino, que no tuvo culpa ninguna, pues al fin y al cabo la decisión de subir, sabiendo de antemano su estado, fue mía. Pero bueno, disfrutar del atardecer, con las vistas que se tienen desde allí, mientras me tomaba una cerveza, no tuvo precio. Todo muy idílico, hasta unas horas después...
El solsticio de verano era bien patente cuando llegué a Plana Cantal, pues eran casi las 21:00 y mirad la luz que había todavía.
Luz que resaltaba más aún las calizas del Castillo Mayor.
Así que hasta que se hizo hora de entrar en la furgoneta a cenar no tuve otra preocupación que sentarme bien repantigado en la mullida hierba, bebiéndome una cervecilla mientras disfrutaba del atardecer y de las vistas. Como estas hacia la Peña Montañesa.
Allá al fondo asoma el Sestral Alto, y en primer término el herboso Tozal de la Fueva. Puede que, entre los cuadrúpedos que pastaban en su base, se encontrasen las protagonistas de la historia que os voy a contar.
...Y es que allá a las dos de la madrugada, cuando dormía a pierna suelta, un fuerte golpe en la parte trasera de la furgoneta, me sobresaltó. Aparté un poco el aislante y vi la enorme cabeza de una vaca pegada al cristal. Había cometido un error de principiante, que fue olvidarme la bolsa de la basura colgada en el limpiaparabrisas trasero. Me armé, además de valor, con un bastón y bajé de la furgoneta para espantar a las tres vacas que merodeaban por allí y meter la basura dentro de la furgoneta, cosa que no funcionó, pues las vacas seguían erre que erre venga el lametón y el golpe contra la furgoneta. Así que me tocó volver a bajar de la furgoneta, de nuevo a espantar a las reses, esta vez para poder mover la furgoneta dos kilómetros más abajo, donde un paso canadiense me garantizó dormir tranquilo, y también escarmentado. Si ya fue un suplicio conducir de día por esa pista imaginaros de noche, y además en tales circunstancias. Ay Manolete...
Pero bueno, eso al final quedó como una mera anécdota, una batallita que seguramente iré exagerando con el paso de los años, cuando rememore esta ruta de tan exquisito nivel paisajísitico, y que ahora, llegados a este punto del tercer párrafo, no sé exactamente de que manera describírosla en poco texto, la cual cosa me está llevando a una procrastinación extrema. Y es que si me limito únicamente a decir que la ruta tuvo en todo momento unas excelentes vistas hacia Añisclo y Monte Perdido, lo cual no deja de ser verdad, quizás quede un poco descafeinado. Pero si por el contrario empiezo a utilizar una, por otra parte merecida, sucesión de grandilocuentes adjetivos, quizás la cosa quedaría un tanto pomposa. Se me hace complicado encontrar un término medio, así que creo que lo más oportuno es dar paso a la galería fotográfica, y que durante el avance de la misma, mientras os voy describiendo el recorrido, vayáis viendo las exquisiteces visuales que tiene esta ruta de ascenso a los dos Sestrals, de la que me traje uno de los mejores álbumes fotográficos de 2024, y que puso la guinda, que no el complemento, a esta primera escapada pirenaica del productivo verano de aquel año.
Mirad que mañana tan chula se presentó ese primer lunes del verano de 2024. Preciosa vista desde Plana Canal, con Castillo Mayor, la Peña Montañesa, el macizo de Cotiella y las neblinas del valle.
Desde la misma Plana Canal seguí inicialmente la pista que se adentra en el parque nacional...
...aunque la abandoné de inmediato, para empezar a seguir los senderillos de las vacas y bajar a esa vaguada. En frente el Mondoto y la punta de la Estiva.
Parafraseando a uno que yo me sé 😉, qué verde que estaba todo, copón!!
Empezaba el espectáculo, en el que los artistas estelares salieron enseguida a escena...
...y además con sus mejores galas pre-veraniegas.
No me acerqué a ese grupo de vacas, no fuesen a estar ahí las de la noche y me reconociesen 😅.
Se empezaba a dibujar la fractura de Añisclo...
...y a perfilarse una de las imágenes más clásicas de las Tres Serols.
Al verme asomado a las profundidades de Añisclo comprendí el por qué del monte a través del track que llevaba de apoyo.
Barranco Sartán o Mallo Sasé, espectacular ramificación de Añisclo, rompiendo la verde uniformidad.
Las aguas de este barranco caen al Río Bellós y al fondo de Añisclo mediante una espectacular cascada, el Churro Sartán.
Además de las Treserols aparecieron las Tres Marías, separadas por el Collado de Añisclo.
Y por si fuera poco, los animales también se sumaron a la función, como estos cuatro sarrios...
...o este solitario carroñero.
Añisclo, una de las más bellas cicatrices del Planeta Tierra.
Y de una cicatriz a una brecha, la de Rolando, que también asomó, bien custodiada por el Casco.
Estas tres son Ripera, Tendeñera y Otal.
Tras remontar una potente pala herbosa, y con más presencia vacuna, contacté visualmente con el espolón del Sestral Alto.
Forqueta el Reguero, donde engancharía el sendero de subida normal a los Sestrals.
Horizontes...
...y recuerdos, muy emotivos en el momento que escribo esto, los del fantástico día en que ascendimos a la Peña Montañesa por la Faja Toro. Este vídeo, que edité y publiqué en YouTube este pasado verano, no apareció en su día en el reportaje de aquella ascensión. Aprovecho ahora para compartirlo con vosotros.
Me asomé a la Forqueta el Reguero, para ver los brutales precipicios del Sestral Alto que caen hacia Añisclo.
Otro momentazo, ver, desde una perspectiva diferente, los pliegues anticlinales del Mondoto.
Pasé por otro colladete, el que separa el Sestral Alto y el Puntón Royo. Con los roquedos del segundo hice esta foto de la Brecha de Rolando y el Casco, que es la que he elegido para encabezar el reportaje.
Més que pagat, en la meseta cimera del Sestral Alto, 2101 metros.
Inevitablemente la primera mirada desde la cima fue hacia Añisclo y Ordesa.
Maravilla pura.
Al que le resulte redundante esta estampa quizás debería a empezar a cuestionarse si su pasión por la naturaleza es real.
En primer término Mondoto, y al fondo, y de izquierda a derecha, los sectores de Partacua/Collarada y Tendeñera/Otal.
Esta montaña, que sacaba la cabeza tras el Collado de Añisclo, en aquellos precisos instantes pensaba que se trataba de la Munia, pero en realidad es el Pic Blanc/Pico la Capilla, cumbre divisoria entre el Puerto de la Lera y Puerto Viejo (Pineta).
Desde el Sestral Alto ya pude ver el Sestral Baxo...
...con sus fajas y precipicios y con su característica aguja, llamada el Fraile.
Y hacia el Sestral Baxo que puse rumbo. Que no os engañe la verdor del terreno...
...esto es territorio kárstico, y esta foto es una prueba de ello. Ni fet a posta.
En ese tramo sorprendí a un sarrio solitario, que salió disparado, en despavorida huida, al verme. Antes que desapareciera de mi vista le pude hacer esta foto, una de mis favoritas de 2024.
Llegando al collado que separa los dos Sestrals...
...presidido por este mogote.
Aquí tampoco desperdicié la ocasión de asomarme a los precipicios que caen hacia Añisclo, y preguntarme que, si por alguna de esas fajas...
...se podrá llegar a la base del Fraile.
Una última subida y ya tuve el Sestral Baxo a la vista.
Lapiaz e hito cimero. 2075 metros.
Las mejores vistas, o en las que mejor se aprecian sus plegamientos, del Mondoto, las tuve aquí.
Este fue el alimento de mis ojos mientras yo me zampaba un bocata. Os hago un pequeño repaso visual con la panorámica cimera.
Sestral Alto y los gigantes de Ordesa.
Cilindro y Monte Perdido. Morrón de Arrablo en primer término.
Pico de Añisclo y Punta de las Olas.
Pero olvidémonos un momento de las cumbres de Ordesa y de Añisclo, pues las vistas desde el Sestral Baxo fueron mucho más allá. Vemos aquí dos representantes del sector de Panticosa: Argualas y Garmo Negro, ascendidos en la misma ruta un par de meses después.
Punta Suelza, gigante entre valles.
Ballibierna, donde recientemente se han realizado nuevas y más precisas mediciones, con tal de confirmar si la Tuca de Culebras cumple o no con los requisitos para estar en la lista de los 3000's.
Dos que no son tresmiles, y ni falta que les hace, la Peña Montañesa...
...y el Cotiella.
Finalizo el repaso visual desde el Sestral Baxo apuntando el privilegio que tiene esta cima, ya que desde allí se divisan las tres montañas más altas del Pirineo. Monte Perdido ya lo sabemos de sobra 😉, pero también pude distinguir Posets...
...y el mismísimo Aneto.
De vuelta a Plana Canal, que me esperaban unas bravas y una hamburguesa, vegetariana por supuesto, en Aínsa.
Hasta la Forqueta el Reguero invertí camino, la cual cosa no me importó en absoluto. Me despedí del Sestral Baxo y el Fraile.
Una sorpresa inesperada. Como me apasiona la aviación siempre miro al cielo cuando pasa una aeronave. Cuando vi esta, que iba altísima, ya noté que tenía algo de especial. Exprimí el zoom de mi Canon para cerciorarme que se trataba de un espectacular Airbus Beluga. Solo hay cinco en todo el mundo.
Ese mastodonte cetáceo mecánico de 155 toneladas mola mucho, pero mola mucho más, y contamina muchísimo menos, nuestro querido Gyps Fulvus.
Al volver a pasar por la Forqueta el Reguero volví a Plana Canal por un camino diferente. Palas herbosas, con sus vacas, que caen hacia el valle del Río Airés.
Hasta la próxima Sestral Alto.
L'Ombre del Castillo Mayor, espectacular.
Llegado a este punto estuve tentado de subir también al Tozal de la Fueva, pero finalmente decidí flanquearlo por la derecha.
Últimos coletazos y miradas de esta preciosa ruta. Los Sestrals se ocultaban tras las verdes palas.
Mondoto. Me apunto su ascensión para un futuro. Seguro que también es un excelente mirador hacia las profundidades de Añisclo.
Último vistazo al valle del Airés.
Y era de recibo despedir este reportaje con la realeza ordesiana.
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