1 de enero de 2026

2025

 2025... Los que me conocéis personalmente, y también los que seguís asiduamente este blog, sabréis que no ha sido un buen año para mi en el ámbito personal, y conoceréis las razones del porqué. En un principio no tenía pensado hacer el resumen, pero hay una razón que me ha empujado a escribirlo. Ya veréis que va a ser un resumen un tanto diferente, va a haber montaña, sí, pero no tanta como en años anteriores, y aún así va a ser bastante extenso, ya que va a haber en él contenido bastante personal, y también muy emocional.

Esa franja diagonal de color pardo, que para mi es el corazón de Penyagolosa, tiene, desde el día 13 de octubre, una nueva capa de tristeza.


...He llorado tanto, y he llorado tan adentro. He llorado tanto, tanto, que he apagado hasta el infierno...

El año empezó con la propuesta de Jaime, que me invitó a unirme a su habitual brindis del 1 de enero en la cima del Pic d'Espadà. No podía negarme, salir a la montaña con Jaime siempre era especial, y además, por unas cosas y por otras, en 2024 no habíamos hecho ninguna ruta juntos. El día salió frío y lluvioso, bastante desapacible, pero aún así subimos hasta la cima, y pasé una agradable mañana con Mar y Jaime, sus sobrinos y nuestros perretes... Ni por asomo podría imaginar que aquella ruta sería la última que haría con Jaime, pues semanas después le diagnosticaron cáncer, enfermedad que a la que ya había vencido en el pasado y que esta vez, en octubre, acabó arrebatándonos a Jaime. Este mazazo marcó ya todo el año, y desde su fallecimiento cada cima ha ido e irá dedicada a él, así como todos los reportajes que escriba en el blog de aquí en adelante, incluido este resumen. Por eso Jaime, estas líneas desordenadas van a ir en dirección de tu recuerdo.

Pic d'Espadà, 1099 metros. No fue día para hacer muchas fotos, pero la valiosa si que nos la hicieron, y la voy a guardar como un tesoro.


Antes del mazazo, y un par de días después de la ruta inaugural del año, hicimos la primera escapada de 2025. Acudía por tercera vez a los Picos de Urbión, esta vez en compañía de Eli, Esther y Josep. Hicimos la clásica subida desde la Laguna Negra, durante la cual pudimos contemplar el conjunto lacustre de Urbión totalmente congelado. Para complementar esta escapada hicimos una modesta ruta por los bosques de Covaleda, en la que visitamos una pequeña cascada.

Contentos, y bien abrigaditos, en la cima de Urbión, 2228 metros, a la que volví tras casi nueve años.

Un simpático momento de aquella fría mañana por montañas sorianas.

Tan fría que la Laguna Helada hizo honor a su topónimo.

Oculta en un rincón de los bosques de Covaleda encontramos la Cascada de la Chorrera.


Semanas después, y huyendo de unos actos taurinos en mi barrio, me fui con Laia a Lo Port, a la zona de umbría del Caro, en la que hizo mucho frío ese fin de semana. En la primera ruta subimos a la Mola del Boix y visitamos los Teixos del Marturi. En la segunda, antes de volver a Betxí, ascendimos a la cima de la Barcina.

Crestón, muy aéreo en su vertiente norte, a la cima occidental de la Mola del Boix.

Mola del Boix, cima occidental, 1333 metros.

Cuando visité por primera vez los Teixos del Marturi Laia ni siquiera había nacido. Los trece años y pico que pasaron entre una visita y otra han hecho mella en mi aspecto, sin embargo, estos ancianos siguen inalterables.

En la cima de la Barcina, de 1359 metros, con el Caro a nuestras espaldas.


A finales del mes de enero llegó la primera escapada pirenaica del año. David Bonilla y yo nos fuimos a la zona de les Bouillouses, para hacer una ruta invernal de dos días, en la que pernoctaríamos en el Refuge des Camporells y subiríamos a la cima de los dos Perics. Una serie de imprevistas circunstancias nos obligó a tener que apretar el paso y a hacer a contrarreloj, y por terreno nevado, la subida al refugio, con tal de conseguir llegar allí de día, la cual cosa, y pese al esfuerzo, no conseguimos. El día siguiente, tal paliza física me pasó factura, y tuvimos que renunciar al Puig Peric, conformándonos con la cima de su hermano pequeño.

Así de espectacular estaba el lago de les Bouillouses, con dos capas diferentes de hielo, una más fina y otra más gruesa, con los Perics detrás.

Les Bouillouses, con las tenues últimas luces tan típicas de los cortos días de enero, camino de Camporells.

Estuvimos casi una hora caminando de noche, por aquellos nevados y gélidos bosques. Cuando ya estábamos llegando al límite de la fatiga vimos aparecer, como un faro salvador, las luces del refugio. Fue un momento que no se me va a olvidar jamás. Estuvimos un buen rato apalancados junto a la estufa de leña del refugio.

Preciso amanecer, con tonos morados, en el Refuge des Camporells, donde nos trataron, y cenamos, de maravilla.

Con David, en el Petit Peric, 2690 metros, a cuya cima llegué al límite de mis fuerzas.

El impresionante Puig Peric tendría que esperar para otra ocasión.


En esta ruta aconteció el otro episodio que marcó negativamente el año, ya que bajando del Petit Peric sufrí un pequeño accidente, que me obligó a pasar por urgencias esa misma tarde, con un terrible dolor en mi rodilla izquierda, que me impedía hacer cualquier movimiento. Y aunque en las radiografías no salió ninguna rotura ósea, la resonancia de días después dictó una rotura parcial del ligamento colateral interno. En traumatología optaron por un tratamiento conservador, es decir, que el ligamento regenerara de forma natural, lo cual llevaría bastante tiempo... Y vaya si lo llevó, casi siete meses hasta que pude volver a la montaña, y hacer vida, con normalidad. Este periodo de inactividad se me hizo eterno y desesperante. Las primeras semanas, en las que aún tenía bastante dolor, y tuve que necesitar ayuda para casi todo, fueron las peores. Tampoco fueron mejores los meses siguientes, ya que la impotencia de no ver avances rápidos en la recuperación, sumada a la frustración por no encontrar la motivación para haber estudiado alguna cosa, y ni siquiera saber en que emplear, de manera provechosa, tanto tiempo libre, más la cantidad de kilos que gané, y evidentemente, el varapalo por la enfermedad de Jaime, provocaron muchos episodios de mal humor, moral muy baja e incluso ansiedad... Pero no fue todo malo, la parte positiva fue que familia y amigos estuvieron ahí cuando los necesité, incluso recibí dos visitas sorpresa, que me subieron bastante el ánimo. Y qué decir de David, Txell y Quim, que también vinieron a verme a Betxí y que se desvivieron por mi la noche del accidente y el día siguiente, acogiéndome en su casa, nunca tendré palabras suficientes para agradecer lo que hicieron por mi... Pero sin embargo hubo personas, en concreto una, de la que esperaba un poco más, no era mucho pedir, pero me demostró, ya lleva un tiempo haciéndolo, que su orgullo, egoísmo y prioridades son más importantes que su familia, pero bueno, estoy entrando en un terreno excesivamente personal y no quiero profundizar más...

Empecé a ver la luz al final del túnel a principios de mayo, con el inicio de la rehabilitación, y aunque las primeras sesiones fueron dolorosas, esta fue dando sus frutos, y a primeros de julio ya caminaba casi con total normalidad y lo más importante, sin dolor. El 27 de julio recibí el alta y recuperé mi vida normal, me reincorporé al trabajo, y lo esencial, volví a las montañas.

...vuelves a casa como un boy-scout, quieres ser un héroe... Reencuentro con Laia, ya de vuelta a Betxí, tras el accidente y un rocambolesco viaje de regreso que a todas luces se podría haber evitado. 

Una de las principales distracciones durante los primeros meses de parón fue fotografiar a los visitantes del ficus de delante mi casa, como les cardaneres (jilgueros)...

...o els verderols (verderones).

También fotografié desde mi ventana, tras sendas tormentas primaverales, arco-iris tan chulos como este...

...o este. E incluso grabé un time-lapse nocturno con la luna llena pasando entre las nubes:






Otra distracción fue la lectura. Todos estos me los devoré durante la recuperación. Denominador común, novela escrita en catalán y ambientada en las montañas. Muy recomendados (ambos los podéis encontrar en castellano) La Passadora y sobre todo El Salvatge dels Pirineus. También edité un par de vídeos de sendas rutas hechas en 2023, las ascensiones a Gra de Fajol/Bastiments y a la Peña Montañesa por la Faja Toro, vídeo este en el que aparece Jaime.




Durante la convalecencia una cosa tuve clara, que a la primera montaña que subiría tras la recuperación sería Penyagolosa. Así fue. Ese día, en mi montaña favorita, y con mi compañera de aventuras favorita, que también sufrió los daños colaterales de mi lesión, volví a sentirme montañero, y aunque físicamente aún estaba hecho una piltrafa, las sensaciones con la rodilla fueron muy buenas. Lo primero que hice nada más llegar a la cima fue enviarle una foto a Jaime, que se alegró un montón de verme, con Laia, allí arriba.

De nuevo con Laia en las montañas, casi siete meses después del accidente. Ese 23 de agosto estar en la cima de Penyagolosa requirió de chaquetilla. En la cima grabé el siguiente time-lapse, con la danza de las nubes con el Gegant de Pedra:



Ya con mejor tono físico y habiendo perdido algo de lastre, el reencuentro con los Pirineos llegó unas semanas después. Mi fiel compañera y yo pusimos rumbo al Pirineo de Girona, y subimos a la montaña más alta de esta provincia, el Puigpedrós. La ruta nos pareció mucho más bonita de lo que habíamos visto en fotos, y las sensaciones fueron inmejorables. El complemento a esta escapada fueron les Fonts del Llobregat, en Castellar de n'Hug, ruta en la que también subimos al Tossal d'Orriols. En esa escapada la que volvió lesionada fue la Jalapeña, mi furgoneta, aunque su avería se solucionó mucho más rápido que la que tuve yo unos meses antes.

En la cima del Puigpedrós, 2914 metros, donde tuve que echar mano de toda la ropa de abrigo.

Durante la bajada del Puigpedrós visitamos el precioso Estany de Malniu.

Esta foto no es de la ruta. La hice desde el punto donde nos quedamos a dormir en la furgoneta tras bajar del Puigpedrós. Las luces del atardecer perfilan la silueta bicéfala del Pedraforca.

En la cima del Tossal d'Orriols, 1916 metros. En la foto se pude apreciar el barrigón que eché durante el parón.

Fonts del Llobregat, un bonito y estruendoso rincón acuático.


Llegaron las fiestas mayores de Betxí, y como de costumbre escapé del pueblo. Como las sensaciones en el Puigpedrós fueron buenas me fui en solitario a pasar la semana al Pirineo, entre Andorra y la parte francesa cercana al Princitat. Allí sometí a la rodilla al test de seis días seguidos de actividad Pirenaica, alternando rutas con desnivel asequible con otras que ya subían a más de 1000 metros acumulado. 

Para calentar motores empecé con una panorámica y no planeada ascensión a la Torre de Cabús, ruta en la que también se vieron incluidos el Pic de Setúria y el Pic dels Llacs. 

El día siguiente quise cruzar el Port de Siguer para ver el Étang Blaou, pero me recibió una meteo muy desagradable, con algún momento de ventisca, así que no tuve más remedio que abortar misión. Antes de dar el día por perdido me acerqué a la zona de Ordino-Arcalís, donde por sorpresa había una meteorología más amable, así que me saqué una rápida y resultona ascensión al Pic de Creussans.

La tercera ruta fue muy especial, pues vino a pasar el día conmigo David, y además fue el primer desnivel serio al que sometí a la rodilla desde la recuperación. El escenario de todo esto, el Pic de l'Estanyó, uno de los gigantes andorranos, lo encontramos engalanado con las primeras nieves del otoño.

La terna de rutas francesas empezó con una solitaria ascensión al Puig de la Coma d'Or, con una zona bastante expuesta en su parte final, y en la que me metí en el primer fregao post-recuperación. Os lo cuento un poco por encima en la foto correspondiente.

Un inoportuno pinchazo en la furgoneta me obligó a cambiar de planes el segundo día en el Pirineo francés. Me enfrenté a mis fantasmas y volví a la zona de les Bouillouses, cuyas dos anteriores visitas se habían saldado con sendos viajes a urgencias. Hice una sencilla y preciosa excursión por el conjunto lacustre de els Esquits, y lo más importante de todo, acabé la ruta de una pieza.

La ascensión a la Cambre d'Aze, en la que participé de forma involuntaria en un kilómetro vertical, puso la guinda a esta semana de vacaciones en solitario en el Pirineo, que más allá de constatar que la recuperación de la rodilla había sido exitosa, sirvieron también para reparar otras cosas, ya relacionadas con el ámbito emocional.

Baile de nubes en la zona del Comapedrosa, en la parte inicial de la subida a la Torre de Cabús.

Torre de Cabús, 2779 metros.

Durante la bajada viví un momento electrizante, ya que un quebrantahuesos voló a diez metros escasos de mi. Le pude hacer un par de fotos bastante buenas.

Este es el panorama que me encontré en la Vall de Rialb, de camino al Port de Siguer y el Étagn Blaou. Hice bien en darme la vuelta.

Sin embargo, unos kilómetros más al oeste, se daban mejores condiciones. La subida al Pic de Creussans (con paso por el lago homónimo) me salvó el día. La borrasca dejó una enfarinada en las montañas andorranas.

De camino a la cima vi el Pic de Cabanyó y sopesé el subirlo también...

...pero se encapotó y me di por satisfecho con el Pic de Creussans, de 2679 metros.

David capturó justo el momento en el que el sol emergía tras el Pic de l'Estanyó, un poco antes de que empezáramos a negociar su pala final.

David aprovechó el día festivo en Barcelona para venir a hacer esta ascensión conmigo. Fue nuestro reencuentro, en la montaña, tras el día del accidente. Pic de l'Estanyó, de 2915 metros.

El panorama visual desde este gigante andorrano resultó excelente.

El Puig de la Coma d'Or también tenía una espolvoreada de nieve. Cuando llegué arriba ya apenas quedaba nada... Por suerte.

Y es que para acceder a la cima hay una pequeña cresta, que tiene dos pasos clave, no difíciles pero si expuestos. Al volver me equivoqué en uno de esos dos pasos y me metí en un pequeño berenjenal, que sin embargo solvente con serenidad. Puig de la Coma d'Or, 2826 metros.

Desde esta cima francesa tuve las más espectaculares vistas de todas estas vacaciones, destacando el colosal Carlit.

El conjunto lacustre de els Esquits queda al sur de les Bouillouses, y no es tan conocido como los 12 lagos del Carlit. De los cuatro lagos, los que más me gustaron fueron este, el de la Pradella, con el Carlit al fondo...

...y sobre todo el Estany Llarg.

Como curiosidad, esa mañana vi por allí, cerca de les Bouillouses, un rebaño de vacas Salers, raza autóctona del Pirineo francés.

Los participantes del kilómetro vertical de la Cambre d'Aze pusieron un poco de color a una primera parte de la ascensión que no tuvo mucha historia. Aquí capturé a un joven trail-runner en pleno esfuerzo, con la Serra del Cadí al fondo.

Pero todo cambió al verme asomado al fabuloso circo que cae al norte de esta montaña, famoso por sus corredores invernales, como el Vermicelle o el Gigoló.

En la cima de la Cambre d'Aze, a 2750 metros, con la Cerdanya a mis espaldas. Aprovecho este bloque de fotos pirenaicas para arrancar el homenaje a Jaime, ya que una de las muchas cosas que teníamos en común era nuestra pasión por los Pirineos. Allí, en la cordillera divisoria, compartimos muchos, muy buenos, felices e inolvidables momentos. Aquí van unas cuantos.

Septiembre de 2011. Tuca de Salvaguardia. Ya habíamos hablado alguna vez en Betxí, pero ese día Jaime y yo nos hicimos amigos. Esta foto, en la que también aparece Jose María, el culpable de mi pasión por la montaña, fue la primera de muchas que nos hicimos juntos.

La montaña y el Betis, dos de las grandes pasiones de Jaime. Simpático momento en la ruta de las Cascadas de Ardonés, en Cerler. En aquella época, 2013, además de amigos, éramos primos políticos. 

...Déjame que pose para ti, eres tu mi artista preferido... Camino del Pic de Peguera, finales de primavera de 2015.

Este Pic de Peguera, una preciosa pirámide de casi 3000 metros del Pirineo catalán tiene un tramo muy aéreo en su parte final, y fue todo un desafío para Daniel, el hijo de Jaime, que por aquel entonces tenía 11 años. Cada vez que rememorábamos aquella ascensión Jaime siempre decía aquello de madre mía donde metimos a Daniel.

Ese mismo año, en septiembre, fuimos a subir al Garmo Negro en familia. Cuando ya faltaba poco para la cima Mar dio un brusco resbalón que la bloqueó mentalmente, por lo que no se vio capacitada para seguir. Mi decisión inmediata fue la de irnos los cinco para abajo, pero a Daniel se le notaban unas ganas tremendas de continuar. Jaime sacrificó la cima para bajar con su mujer a Baños de Panticosa, mientras Eva y yo subíamos con Daniel a la cima. Una muestra de la calidad humana de Jaime.

Y esta foto... Uff, difícil encontrar las palabras. Cuanta gratitud concentrada en dos seres tan bellos.

La hice en un fantástico día de agosto de 2018, cuando de nuevo en familia, subimos a la Robiñera, el primer 3000 de Mar y Laia.

Un año después nos subíamos, mano a mano, al Montardo. Ese fin de semana, en esa zona del Pirineo, se oyeron más nuestros canturreos que los silbidos de las marmotas.

Ese mismo fin de semana, y en un bar de la Val d'Aran, tuvimos el inesperado privilegio de conocer en persona a Sara de Bailando con Sarrios, todo un ejemplo de superación y un referente en mundo de los blogs de montaña. 


Menuda cuadrilla, la que nos juntamos para subir a la Peña Montañesa, en marzo de 2023. La huella que dejaba Jaime en todo aquel que lo conocía era muy grande. Un ejemplo fue ese fin de semana. Él y Arnau, el chico que está a su lado, hicieron, se nota en la foto, muy buenas migas ese día. Se conocieron ese finde y únicamente coincidieron esas 48 horas, nada más. Pues Arnau, el día siguiente al fallecimiento de Jaime me envió por whatsapp unas sentidas y emotivas palabras dedicadas a Jaime, y que me hicieron estallar en lagrimas.

Aneto. El rey de los Pirineos era un sueño compartido por los dos. En todos estos años Jaime y yo únicamente hicimos un juramento de amistad, y ese era que ninguno de los dos tenía que subir al Aneto sin el otro. Le dimos cumplimiento un 10 de junio de 2023. Fue uno de los días más felices de mi vida.

Jaime, en estado puro.


Ya de vuelta a casa, y para inaugurar el triste octubre que se avecinaba, Laia y yo subimos de nuevo a la Mola d'Ares, recorriendo algunos lugares de Ares del Maestrat que no conocíamos, como por ejemplo el Assagador de la Mola, por el cual acometimos la parte final de la subida.

Toques otoñales del Maestrat, con la belleza de Ares y el reinado de Penyagolosa.

Mola d'Ares, 1321 metros. La parte final de la subida por el Assagador de la Mola tuvo un toque de aventura que no esperábamos.

Y ya que estamos en Ares... Jaime sentía una simpatía, natural y espontanea, por las cosas extraordinarias, como por ejemplo estos pueblos del interior castellonense.

Ese ventoso día en Ares fue muy especial, pues se conocieron Mar y Jaime con Toni y Maru, cosa que me hizo muchísima ilusión.


Unas par de semanas después, y junto a Toni, Inma y Esther, estaba en el Matarraña turolense, donde hicimos una aventurera subida por la Canal de l'Ase, y recorrimos un tramo del Parrizal de Beceite. El lucrativo negocio que tienen montado allí con este paraje, junto con sus normas, nos privaron de darle forma a la ruta que teníamos pensada, que incluía más aventura. Fue la primera ruta tras el fallecimiento de Jaime, y me vino genial pasar este fin de semana con tan buenos amigos, aunque las intensas emociones vividas esa semana me afectaron psicológicamente en la ferrata de la Torreta dels Moros, actividad complementaria de aquel fin de semana, y que tuve que abandonar a las primeras de cambio.

Magnífico, y de pago, paisaje del Parrizal de Beceite.

Un momento de la espectacular y estrecha subida por la Canal de l'Ase, que cuenta con unos cuantos tramos equipados con grapas.

Y aquí tenéis a este señor, al que quiero un montón, y al que le queda todo muy bien, ya sea cualquier outfit montañero, un stick de hockey o los paisajes del Matarraña.

Mis compinches de ese agridulce fin de semana, en la Torreta dels Moros, donde concluye la ferrata de mismo nombre.


La Mola d'Ares tiene una hermana de idéntica altura justo en frente, la Mola del Vilà, que siempre ha quedado como en un segundo plano. La tenía pendiente y fue la excusa perfecta para volver, 21 días después, y en compañía de Agustí, a Ares. No esperábamos gran cosa y nos acabamos llevando una gratísima sorpresa con la ruta. Me arrepentí de no haberme llevado la cámara de fotos para hacer las fotos decentes que merecen el lugar. Habrá que volver.

Faja superior de la Mola del Vilà. Arriba, en la extensísima meseta cimera, nos aguardaba una fascinante muestra del trabajo de pedra en sec.


Laia se va haciendo mayor, y tenía pendiente subir al Moncayo con ella, así que aprovechando que tenía de vacaciones la última semana de octubre nos fuimos a subir al gigante de la Ibérica en un lunes. El otro pretexto para ir fue el ver los hayedos del Moncayo con colores otoñales. Misión doblemente cumplida, Laia se subió los 1200 metros de desnivel como una campeona y pillamos los bosques en plena explosión otoñal. Esa palestra de colores los vimos mejor el día siguiente, desde la cima del Cabezo de la Mata, rutilla con la que complementamos este viaje a Zaragoza.

Mi sexto Moncayo, el primero sin nieve y quizás el más especial, pues me hacía mucha ilusión subir con Laia.

Nunca había tenido excesiva suerte a la hora de atinar con los hayedos en otoño. O bien íbamos antes de la explosión de colores o bien llegábamos tarde. En 2025, en el Moncayo, dimos en el clavo.

Allí en el Moncayo, en uno de sus hayedos, hice esta foto, junto la que encabeza este resumen, mis favoritas de 2025.

El día siguiente, de camino al Cabezo de la Mata, el espectáculo otoñal tampoco estuvo nada mal.

Lo vimos mejor desde los 1438 metros de esta atalaya moncaina. Menuda palestra nos mostró el gigante de la Ibérica.

Esta foto también está entre mis favoritas del año.

Si mi sexto Moncayo fue muy especial también lo fue el cuarto, ya que lo subí, por los Gendarmes, con tres de mis mejores amigos: Miguel Ángel, David y por supuesto Jaime.

...Hoy ha nevado y he venido a verte, y solo quiero que me abraces...


El tener esa semana de vacaciones me permitió celebrar mi cumpleaños en la montaña. Así fue como Penyagolosa se convirtió, por segunda vez en este año, en el escenario de un día muy especial. Fue bonito celebrar allí arriba mis 48, con mi más fiel compañera de montaña, y también muy emotivo, pues me acordé muchísimo de Jaime y fue imposible que no afloraran las emociones.

48 añazos ya. Y 49 penyagolosas, 33 mías y 16 de Laia. Casi lo cuadramos.

Ese mañana de cumpleaños también subimos al vecino Tossal de Fraga, el mejor mirador oriental de Penyagolosa.

En la cima de Penyagolosa, como estuve charlando con los pocos que subieron a la cima ese viernes, pues no, pero en el Tossal de Fraga, al no haber, como de costumbre, nadie, fue cuando empezaron a aflorar las emociones...

...y es que fue imposible no rememorar las veces que subí con Jaime a nuestra montaña de cabecera. Esta foto es del día que subimos por la canal.

El hacer fotos de sus zapatillas asomadas al vacío era un clásico de Jaime.

Más alto que nosotros, solo el cielo.

Vivac en Penyagolosa ...Noches al pie del cañón, fuerza de voluntad!!...

Nuestra sombra proyectada en las laderas de Penyagolosa, no la habríamos visto si nos hubiésemos puesto cara al sol... Jaime y yo detestábamos el cara al sol...


Ya metidos en noviembre nos acercamos a la vecina Vall d'Uixó, para subir al Puntal de l'Ereta y Penyalba, por sendas que recorrí muchísimo cuando empecé a hacer montaña y que hacia mil que no pisaba.

En un punto de este reencuentro con las sendas que me enamoraron de la Serra d'Espadà pude capturar a la luna, escondiéndose tras unas peñas.

...Those that the beast is looking for, listen in awe and you'll hear him, bark at the moon. Hey yeah, bark at the moon...


El Beriain/San Donato y su Grieta de Ihurbain tendrían que haber sido el escenario de una nueva quedada furgonetera con Toni, Maru, Esther e Inma, pero la mala meteo que daban por el norte peninsular nos obligó a cambiar los planes y tirar para el sur, a la Sierra del Segura. Allí hicimos la espectacular ruta de la descomunal Raja de Góntar, en la Molata de los Almendros. Un paseo por los alrededores de Arguellite puso el complemento a un fantástico fin de semana.

Un momento durante la subida por la Raja de Góntar, después de haber superado los pasos equipados.

Calibren, calibren con mis amigos, para dimensionar el lugar.

En la parte alta de la Molata encontramos vertiginosos miradores de esos que quitan el hipo.

Bonito puente y bonita gente sobre él, en el paraje de la Fuente de la Berra, cerca de Arguellite.


Les Agulles de Santa Àgueda no son el terreno más propicio para ir con perros, pero pensé que tal vez pudiese subir con Laia a la cima de l'Agulló. La tuve que ayudar en algunos tramos, pero consiguió llegar hasta arriba, y pasamos una entretenida mañana en el Desert de les Palmes.

En les Agulles de Santa Àgueda, por enésima vez, pero esta vez no subimos al trampolín...

...hubiese sido una temeridad ir allí con Laia, que unos años atrás hubiese subido a l'Agulló sin problemas, pero que esta vez tuvo dificultades en algún tramo.

Tres veces fui a les Agulles con Jaime, y allí pensábamos como hombres de acción.

Como disfrutaba Jaime subirse y asomarse al limite a sitios vertiginosos...

...¿temerario?, quizás sí, pero a él le encantaba y es lo que importaba. ...Y pienso: Maldición, eres un corazón salvaje...


Como debido a la lesión no las pude hacer en verano, apuré mis vacaciones en el último tramo del año. La Sierra Mágina fue el magnífico escenario de una nueva escapada al sur. Esther y yo hicimos una ruta de dos días, pernoctando en el Refugio Miramundos, antes de ello coronamos la Peña Jaén y el Cerro Mágina, techo jienense. La mañana siguiente, la bajada por el Gargantón, nos mostró el más sublime paisaje del que, al menos yo, hemos disfrutado en este 2025.

El primer día de ruta por Sierra Mágina tuvo un desnivel pirenaico, y una riqueza paisajística tremenda...

... y además pudimos tachar de la lista el techo de Jaén, el Cerro Mágina, de 2164 metros, aunque poco rato pudimos estar allí arriba, pues soplaba un viento muy fuerte y muy frío.

El Refugio Miramundos, a 2077 metros de altitud, fue nuestra particular parada y fonda ese día, y nos dio cobijo frente al intenso frío que hizo esa noche en los cielos jienenses. Salir a ver el atardecer, y también el amanecer, requirió el abrigarse bien...

...pero bien que valió la pena, sobre todo el amanecer, que fue espectacular, y con visita caprina.

Las Chimeneas de las Hadas solo es una pequeña muestra del soberbio paisaje del Gargantón, que fue la vía que elegimos para cerrar la circular.

Que Bélmez de la Moraleda sea más conocido por el asunto de las caras que por esta maravilla de paraje, en fin...


Ya hace años que no me interesa el mundo de las carreras de montaña, y nunca me han atraído las marchas populares, pero este año tenía una buena razón para participar en la marcha no competitiva del Trail Pics de Betxí, ya que antes de empezar la carrera se rindió un pequeño pero emotivo homenaje a Jaime, que arrancó aplausos, y también lágrimas, entre todos los presentes.

Juanen, gran montañero y organizador del trail, y Manolo, mejor amigo de Jaime, dedicaron unas bonitas y emotivas palabras a mi amigo...

...tras las cuales se desplegó esta imagen de Jaime, que terminó de emocionar a todos los que estábamos esa fría mañana en la Plaça Major de Betxí.

Ese día yo me encontraba fatal, arrastraba un fuerte resfriado y encima tenía un dolor terrible en una muela, pero no podía perderme la cita. Ni yo, ni Laia, que hizo la marcha conmigo. Aquí nos tenéis, llegando a meta.


Nuestro afán por seguir descubriendo sierras tarraconenses nos llevó, ya en diciembre, a la Serra de Cardó-El Boix, y no pudimos volver más encantados... Multitud de ermitas roqueras, un par de foradades, cuevas, formaciones rocosas, un bosque de tejos centenarios y la cima de la Creu de Santos. Un sorpresón en toda regla.

No hay sierra tarraconense sin su Foradada, y la de la Serra de Cardó es espectacular.

Como también lo es este magnífico tejo, que puso el colofón a nuestro paso por la Teixeda del Cosp, un bosque de tejos con decenas de ejemplares centenarios.

La cima de la jornada fue Xàquera, de 942 metros, más conocida como la Creu de Santos, desde la que se tiene una sublime visión del Delta de l'Ebre y de las sugerentes montañas de lo Port.


Ya en la recta final de 2025, y con las fiestas más hipócritas del año ya al acecho, Laia y yo, acompañados por Agustí, hicimos una ruta por la Serra d'Espadà, que incluyó el doblete de cimas Puntal de l'Aljub/Pico Bellota. No frecuentamos Espadà como hacíamos antaño, por eso, ahora, cada vez que vamos, es como re-descubrir esas fantásticas montañas en las que me empecé a formar, y me sigo formando, como montañero y también como persona.

Una parada en la exigente subida por la vertiente oriental del Puntal de l'Aljub, con el Pic Benialí/Batalla en primer término y el Pic d'Espadá al fondo.

Entre el Puntal de l'Aljub y el Bellota se encuentra una de las muchas curiosidades arbóreas de la sierra, el Pi Cansat, el cual hacía muchísimo tiempo que no visitaba.

Mirador de rodeno del Bellota, el pico más agreste de toda la Sierra de Espadán y uno de mis favoritos.

Y en Espadán cerramos este 2025 tan cruel, yendo al mismo sitio donde empezó. El 31 de diciembre por la tarde subí con Laia y Senda (no iríais a pensar que en este resumen me iba a a olvidar de mi rebelde ratonera, que unos días antes cumplió 14 años) al Pic d'Espadà, cerrando así el círculo. Las emociones volvieron a estar a flor de piel...

El equipo Per Dalt i Per Baix os desea un feliz 2026, recordando un sabio consejo de Jorge Garcia-Dihinx (D.E.P): ...Recuerda que los años que tienes son realmente los que ya no tienes. Los únicos años que tienes son realmente los que te quedan por vivir, así que aprovéchalos...

Y hasta aquí el resumen, que lo he escrito exclusivamente para rendirte homenaje Jaime, y para escribir, ahora, unas palabras que ya no te podré decir, y es que son tantas cosas las que compartíamos y que voy a echar tanto de menos... Echaré de menos esas cervezas dominicales que echábamos de tanto en tanto, un ratito antes de comer en el que además de ponernos al día siempre hablábamos de montaña, música, política y de lo humano y lo divino, y que siempre me hacía regresar a casa con una sonrisa... Echaré de menos, ese grito tan característico tuyo, que dabas al verte frente a un gran paisaje... Echaré de menos cuando decías aquello, tan cierto, de que las casualidades no existen... Echaré de menos esas rutas en las que destrozábamos, a pleno pulmón, las obras de Rosendo o Bunbury... Echaré de menos incluso cuando te asomabas temerosamente a los precipicios... Pero sobre todo echaré de menos esa vitalidad que derrochabas, esa intensidad con la que vivías cada segundo y que me hizo congeniar al instante contigo, y también admirarte, en aquel inolvidable fin de semana en el que subimos al Salvaguardia, que fue donde dio comienzo nuestra amistad. Y es que tenías muchas virtudes, Jaime, pero la más grande de todas era esa, ese don para contagiar esa vitalidad y optimismo tuyos a toda persona que se cruzaba en tu camino, ya fuese en la montaña o en la vida, esa vida que fue tan corta para ti, pero que viviste tan intensamente. En eso, y en otras muchas cosas más, eras un ejemplo a seguir. Y escribo esto como si estuvieses aquí, pues pienso que de alguna u otra manera nos sigues acompañando, y también protegiendo y guiando, ya no solo en las montañas, sino también en ese sinuoso camino llamado vida. Nunca he sabido explicar por que subo montañas, pero ahora ya sé por que las subo, y es que me gusta pensar, Jaime, que cuando más alto subo, más cerca estoy de ti, y debe ser así, por que ahora, cada vez que alcanzo una cima, es cuando más presente te tengo.

Te quiero mucho amigo mío y siempre te querré, y no te voy a olvidar jamás. Y ya sé que tu favorita era Flojos de Pantalón, pero prometo estarte, eternamente, agradecido.

❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️

...Juntos una criatura perfecta delimitada, si te lo digo todo, es no haber dicho casi nada. Invulnerables...







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