Viernes 24 y sábado 25 de enero de 2025
Llega el momento de contaros la ruta de ascensión al Petit Peric. El plan era haber subido también a la cima de su hermano mayor, el Puig Peric, pero una serie de circunstancias hicieron que solo figure en el título de este reportaje la más baja de estas dos montañas hermanas. El precioso escenario de esta doble sesión de montaña invernal fueron los nevados bosques de les Bouillouses y els Camporells, en la comarca francesa del Capcir, que escondían una trampa que me provocó una seria lesión de rodilla, la cual me tuvo siete meses en el dique seco.

Acudía de nuevo a la llamada de mi gran amigo David Bonilla, que fue el que me propuso hacer esta ascensión invernal en dos jornadas, con pernocta en el Refuge des Camporells, empezando la ruta desde el lago de les Bouillouses. El plan molaba un montón, así que acepté encantado y sin dudar. De nuevo estaba embarcado en una nueva aventura de Viajes Bonilla 🤪. Pero los problemas no tardaron en llegar, el primero el pésimo estado de forma en el que llegué a la cita, a lo que se sumó que, por razones que no vienen a cuento, salimos de Castellar del Vallès más tarde de lo deseado. Aun así, llegando a la una de la tarde, nos sobraba tiempo para hacer la ruta al refugio con relativa calma... ¿Nos sobraba tiempo?, je, ahí vino la siguiente, pues nos encontramos la pista cortada, por la nieve y el hielo, a cinco kilómetros del lago, con los que nos tocó apechugar, obligándonos a apretar el paso desde el principio. Para colmo, no se me había formado una ampolla en el talón en 15 años y me tuvo que salir una justo ese día, que requirió de primeros auxilios... Pasadas las dos llegábamos al lago, y allí ya empezamos a pensar que tal vez las cuatro horas que restaban de luz no fuesen suficientes para llegar al refu de día, así que hicimos un consenso rápido en el que le propuse a David replantear la ruta, tratando de anular la reserva en Camporells y quedándonos a dormir en el Refuge des Bouillouses, opción que se fue al garete de inmediato pues el guarda del refu nos dijo que justo iba a cerrar en ese momento, ya que ese fin de semana iban a estar de mantenimiento. No nos fuimos de vacío, ya que el hombre tuvo la gentileza de regalarnos dos latas de cerveza, una para cada uno... En conclusión, si queríamos llegar al refugio antes de que oscureciera, de poco nos iba a servir el slow mountain, así que se imponía ir ligeros, dentro de lo ligero que se puede ir por la nieve sin esquís, claro está. Aún así, y pese al buen ritmo que marcó la liebre de Arrancacepas, estuvimos una hora caminando de noche, sin más referencias visuales que lo que alumbraban nuestras linternas frontales. Por suerte, cuando el cansancio físico, y también psicológico, y el frío ya me estaban empezando a hacer mella, vimos aparecer, cual faro en la oscuridad, las tenues luces del refugio. No se me va a olvidar jamas ese momento... Por suerte en el refugio había una estufa de leña funcionando a todo trapo, la cual acaparamos nada más entrar y pudimos entrar en calor de inmediato, mientras nos tomábamos una cerveza y un aperitivo antes de la cena, cena, que dicho sea de paso, estuvo riquísima y nos sentó de maravilla. Compartimos mesa, agradable charla y pernocta con un grupo de montañeras y montañeros franceses, que además me dieron a probar un ron que llevaban en una petaca y que oye, mano de santo para mantener la temperatura antes de acostarme...
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| Asfaltado que sube a les Bouillouses, ese día una pista de nieve y hielo. |
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| Al llegar a les Bouillouses este emblemático lago presentaba esta fantástica estampa invernal. |
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| Recorriendo el dique que represa el lago pudimos ver los dos Perics, muy venteados y con menos nieve de la esperada. |
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| Pero aún así, nos íbamos a jartar de nieve. Bordeamos el lago por el oeste, por un terreno rompe piernas, y en el que además de nieve había tramos congelados, así que fue buena decisión continuar con crampones. |
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| De vez en cuando se colaba algún rayo de sol entre las nubes, iluminando y resaltando la belleza del lago congelado. |
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| Llano nevado al norte del lago, y típicos paisajes invernales de esta zona de la Alta Cerdanya y el Capcir. |
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| De camino al refugio cruzamos algunos puentes, que como este, además de aguantar el peso de la nieve, tuvieron que soportar el sobrepeso que arrastraba yo en aquellas fechas. |
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| Coma de la Grava, por la que discurre la Têt, principal aporte del lago de les Bouillouses. |
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| Mirad quien apareció, el mismísimo Carlit. |
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| Precioso paisaje invernal, del que sin embargo no nos pudimos recrear, ya que imperaba apretar el paso... |
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| ...pues el sol se empezaba a esconder tras los horizontes occidentales. |
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| Se despedía le solei, con el Carlit y sus montañas vecinas como testigos. |
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| Tampoco se quiso perder el atardecer el Canigou, allá al fondo justo en el centro de la foto. |
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| Empezaba nuestra particular contrarreloj para intentar llegar con luz al refugio, intentando hacer las mínimas paradas. Ni siquiera paramos a quitarnos los crampones en este largo tramo sin nieve. |
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| También se terminaban las paradas fotográficas. Esta, de les Bouillouses, fui la última con luz... |
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| ...pues en la oscuridad, de la cual no pudimos escapar, hice esta foto, y es que había que plasmar fotográficamente, aunque la calidad de la imagen fuese pésima, la aparición de las luces salvadoras del refugio. |
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| Ya en el refugio, de riguroso amarillo, cerveza en mano y con mi cara de villano cutre 😂, me apalanqué al lado de la estufa y de ahí no me movía nadie. Por todo lo que hizo por mi horas después, David tiene más que perdonado el haberme sacado de esta guisa tan patética en la foto... |
El día siguiente, ya con el cielo bien iluminado, nos pusimos en marcha. De inmediato me noté que no iba fino, el palizón de la tarde anterior me estaba pasando factura a las primeras de cambio. Empezamos con raquetas, cambiamos a crampones y volvimos a raquetas, y esos cambios a quitar y a poner tampoco ayudaron a que pudiese coger un ritmo. Remontar la larga pala cimera del Petit Peric fue para mi todo un suplicio, y no me vi con fuerzas para continuar hasta el Puig Peric, así que esta aventura iba a finalizar antes de tiempo... ¿Antes de tiempo?. En un punto del regreso entramos en una zona boscosa en la que el viento había acumulado mucha nieve y que hacia complicada la orientación. Esa nieve también cubría un puente de nieve que cedió bajo mis pies y que me engulló, pero literalmente, pues David, que iba detrás mía, me vio desaparecer por completo. Al llevar las raquetas puestas e impactar con el suelo, mi rodilla izquierda se torsionó de forma antinatural. Salí del hoyo como pude (le dije a David que no viniese, no fuera que cayese él también), y tras recuperarme del susto vi que podía seguir caminando, aunque con una ligera molestia, pero unos metros más adelante pegué un pequeño resbalón, y ahí si que noté un click en la articulación que no auguraba nada bueno. Quedaban aún un par de horas de ruta que hicimos a ritmo muy lento, convirtiendo esas dos horas en cuatro, y a cada cambió de sentido o intento de movimiento rápido el dolor era muy intenso. Viéndolo ahora en perspectiva creo que deberíamos haber llamado al 112, o su equivalente francés... La cuestión es que acabamos la ruta, pero David ya me tuvo que ayudar a cambiarme de calzado. Nos bajamos a Castellar, y al llegar allí fui incapaz de bajarme del coche de David, me era imposible flexionar la rodilla y cada movimiento me provocaba un dolor horrible. Como la vez anterior, mi viaje a les Bouillouses se iba a saldar con una visita a urgencias, aunque esta vez no pude entrar ni por mi propio pie... En Sabadell, las placas descartaron cualquier tipo de rotura, pero me recomendaron que me hiciese una resonancia magnética. La solicité unos días después a mi seguro de montaña y el diagnostico fue rotura parcial del ligamento colateral interno. En traumatología optaron por hacer un tratamiento conservador, es decir, que el ligamento regenerase de forma natural. Me avisaron, eso sí, que sería un proceso largo. En diez días os contaré un poco por encima como fueron esos horribles siete meses...
Ya se lo he he dicho a ellos un montón de veces, pero nunca me cansaré de agradecer a David, Txell y Quim por como se preocuparon y cuidaron de mi en su casa las horas siguientes y el día después al accidente, y como facilitaron que mi regreso a casa fuese menos complicado de lo que alguien se encargó de complicar. Us estimo moltíssim amics, el vostre cor és més gran que qualsevol muntanya ❤️.
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| Tras levantarnos y mientras terminaban de preparar el desayuno, salí al exterior del refugio, para ver las, esa mañana amoratadas, primeras luces del día. La llanura que se ve en frente del refugio es un lago, Estany del Mig, congelado y cubierto de nieve. |
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| Los dos Perics, vistos desde la puerta del refu. |
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| Grupo de franceses, muy majos, con los que compartimos nuestra estancia en el refugio. |
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| Tras el desayuno nos pusimos en marcha, ya con excelente visibilidad y paisaje. |
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| Nos despedíamos del Refuge des Camporells, donde estuvimos, y nos trataron, de maravilla. |
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| Empezamos con las raquetas. La cúspide del Petit Peric, anaranjada por los primeros rayos solares, marcaba ele rumbo a seguir. |
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| Fue una estampa preciosa, que no en vano es la que he elegido para encabezar este reportaje. |
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En esta zona de Camporells hay una gran concentración de lagos, este es el de la Basseta, junto al que pasamos a oscuras la tarde anterior. |
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| Y aquí estamos bordeando, aunque la nieve lo camufle, el Estany de l'Herber. |
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| Aquí me tenéis en dicho bordeo, y ya andando bastante rezagado. |
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| Esta pendiente tras el lago la hicimos con crampones. |
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| La mañana ya se había afianzado, regalándonos estampas fabulosas de la Cerdanya. |
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| Zoom hacia la Tosa d'Alp, cima que David, Laia y yo habíamos subido unos meses antes. |
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| David, guardando el material técnico en la mochila... |
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| ...pues la pala de subida al Petit Peric se encontraba completamente limpia de nieve. |
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| Remontando la pelada pala vimos aparecer la cumbre del Puig Peric, con más nieve. |
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| Preciosa vista de les Bouillouses, con los llanos de la Cerdanya cubiertos por un manto nuboso. |
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| El macizo del Canigou también nos deleitó con su presencia. |
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| Imponente Puig Peric, un poco antes de llegar a lo alto de su hermano pequeño. En esos momentos ya había decidido que no subiría a su cima. |
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| Otro bonito momento de la subida, la aparición de el Carlit y todo su séquito. |
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| ¿Quien me iba a decir en esos momentos que la ascensión al Carlit y este Petit Peric iban a compartir destino médico final?. |
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| Los Choriburger, en la cima del Petit Peric, Péric, con tilde, en algunos mapas, de 2690 metros de altitud. |
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| Esa altitud, junto a su situación, dotan a esta cima de unas magníficas vistas. Empezamos mirando hacia la Cerdanya... |
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| ...y les Bouillouses. Los que hayáis estado por allí sabréis de la extensión de la superficie de ese lago, y que se encontrase totalmente congelada es todo un pasote. |
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| Carlit y Puig Peric, reyes indiscutibles de la zona. |
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| Al norte de la cima se nos abrió un panorama hasta esos momentos inédito, y resultó ser embaucador. Puig de la Portella Gran y una gran y blanca llanura... |
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...que se extendía hasta la zona lacustre cercana al Refuge des Camporells.
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| Estos fueron algunos de los lagos que pudimos identificar, el doble Estany Gros, y a la derecha el Estany del Mig, junto al que pudimos distinguir... |
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| ...el coqueto y sencillo Refuge des Camporells. |
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| Y gracias al PeakVisor he podido identificar algunas de las montañas que destacaban al norte de la cima, como el Pic de Tarbéssou... |
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| ...el Pic de Baxouillade, le Roc Blanc o el Pic de la Tribuna. |
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| Disfrutada la cima, emprendimos el descenso hacia el collado que separa los dos Perics. |
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| David, empequeñecido ante el Puig Peric y el Puig de la Portella Gran. |
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| Qué paciencia que tuvo este señor conmigo durante aquellos tres días de enero. |
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| El descenso hacia el collado se ciñe a la arista occidental del Petit Peric. |
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| À bientôt Petit Peric. |
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| Desde el collado nos dejamos caer por esta amplia vaguada. |
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| Descendiendo, con todo el skyline de las cumbres de la Cerdanya frente a nosotros. |
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| Acabamos llegando a la zona boscosa, en la que había mucha nieve acumulada, lo que nos obligó a poner raquetas de nuevo. Más o menos por esta zona es por donde se produjo mi hundimiento. |
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| Con medio botín cimero y además renqueante, muy renqueante, nos dispusimos a negociar el tramo final de la ruta. |
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| Bonita zona cercana a la Cabane de la Balmeta. |
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| Coma de la Grava. Para colmo el cielo empezó a mostrarse amenazador. Por suerte solo descargó de forma ligera (nieve) durante el tramo entre les Bouillouses y el sitio en el que teníamos el coche. |
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| Aunque aún quedaba el terreno rompe-piernas de su flanqueo, el llegar de nuevo a les Bouillouses me animó algo. |
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| Detalles invernales de les Bouillouses. |
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| Y última foto que hice en ruta, y con la que despido este agridulce, más agrio que dulce, reportaje. |
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