29 de mayo de 2026

Anayet (2575 m.)

 Martes 17 de septiembre de 2024

A demanda de mi compinche Esther decidí incluir, en mi huida anual de las fiestas de Betxí, el Anayet, montaña a la que subía por cuarta vez y que a estas alturas de la película no necesita mucha presentación, ¿verdad?. Se ha escrito tanto, y rulan tantas fotos de ella y sus lagos en Internet, que no pasa nada por que exista un escrito más, con tintes personales eso sí, y circulen una cincuentena más de imágenes.



Conozco a gente a la que no le gusta repetir cimas. A mi, la verdad, es una cosa que no me importa en absoluto. Considero que por muchas veces que hayamos subido a una montaña, siempre existen factores que la hacen diferente a las ocasiones anteriores, tales como la ruta de ascenso, la compañía, la meteorología, la estación en que se suba o el momento personal y vital de cada uno... ¡¡Y es que puede llegar el caso que hasta la montaña no sea la misma!!

Y en el ámbito personal va a ir enfocado el texto, ya que el Anayet ha sido testigo de los cambios que han habido en mi vida en estos últimos 14 años, por ejemplo, el Dani que subió por primera vez al Anayet era incapaz de mirar a la cara de la gente en una conversación, pero sin embargo en aquella inolvidable escapada si que fue capaz de ventilarse un señor chuletón en dos días consecutivos. El año siguiente, y pese a no seguir mirando a los ojos de la gente, encontré pareja, y con ella subí por segunda vez al Anayet. Cuatro años después ya no es que no comiese chuletones, es que ya no comía nada de carne, y volvimos, no al pico pero si a los ibones, y vino con nosotros una de las mejores cosas que me han pasado en la vida, Laia. Ah, y subimos al Valle de Tena con la Jalapeña, aunque por aquel entonces no la habíamos bautizado aún. De la ascensión de 2019, en la que ya era totalmente vegetariano, y a pesar de que estuvieron presentes dos de las mejores personas que se han cruzado en mi vida, no guardo muy buen recuerdo, pues estaba inmerso en una de las peores situaciones laborales de mi vida, y mi relación sentimental ya hacia aguas por todos lados. Cinco años después, y en la ascensión que corresponde a este reportaje, mi situación dista bastante la de 2019. El Anayet me volvió a ver feliz. Soltero y sin compromiso, una fuerte crisis personal y una pandemia me enseñaron a mirar a la cara de la gente y a gestionar mejor los altibajos de la vida, sigo siendo vegetariano y mis valores, principios y filosofía de vida son muy diferentes, y mucho más firmes, a los que tenía aquel treintañero que subió por primera vez al Anayet.

¿Y el Anayet?, ¿ha cambiado?. Yo creo que sí. La Leyenda de Formigal representa a Anayet, y a Arafita, como dioses honrados, trabajadores y felices... Pues quizá Anayet no sea tan feliz en la actualidad, e incluso puede que se haya vuelto tan furibundo como Balaitús, al ver como sus ibones se han convertido en el escaparate de la estupidez humana... Que sí, que las fotos con la tienda de campaña plantada a orillas del lago, con el Anayet reflejado en él, y los atardeceres y todo eso nos hacen quedar muy guay en Instagram y TikTok, pero recoger y llevarnos la basura que generamos ya no es tan guay, ¿verdad?... En el verano de 2025 se retiraron 160 kilos de basura, ¡¡¡160 kilos!!! en enclaves como Anayet, Lanuza o Orós Bajo... Consecuencias: prohibición y multa por acampar o vivaquear en los Ibones de Anayet, y los que vivaqueamos o pernoctamos con furgoneta de manera responsable, cada vez más y más criminalizados...

El viento que zarandeó varias veces la furgoneta durante la noche aminoró bastante al amanecer. Aún así tuvimos un día ventoso y frío. Optamos por comenzar la ascensión desde el aparcamiento superior de las pistas de esquí de Formigal.

Esta opción te libra de pisar el asfalto del Corral de las Mulas, pero no evita cruzar lo que en invierno son pistas y remontes. El Midi nos dio los buenos días.

Al llegar a la parte alta del remonte Batallero entramos en terreno únicamente alterado por un sendero que transcurre por la escarpada vertiente oriental de Espelunciecha.

Al fondo aparecieron dos de las rojizas cimas del Barranco de Culibillas: El propio Pico de Culibillas y el Pico Arroyetas.

Este pequeño ibón anónimo nos dio la bienvenida a la Glera de Anayet.

La anterior vez que pasé por aquí me pareció un bonito rincón, y más si le ponemos de fondo una montaña como Le Lurien.

Justo al lado del lago vimos esta pequeña charca, que no recordaba. He revisado las fotos y en julio de 2017 estaba completamente seca, y sin embargo en septiembre de 2024... La naturaleza, siempre sorprendente.... Al fondo Le Lurien, macizo de Seques y Balaitús.

La Glera de Anayet, un magnífico balcón hacia el Valle de Tena.

El día anterior, por las mismas horas, estábamos negociando la Gran Diagonal del Balaitús.

El sendero de la Glera, en la que hay otro lago sin nombre, también traza una diagonal, mucho más amable...

...que nos hizo entroncar con la GR 11 y la ruta del Barranco de Culibillas, la más común para subir al Anayet.

El Anayet, discreto, asoma la cabeza...

...pero de repente pierde toda su timidez y nos enseña toda su grandeza...

...y hasta se vuelve presumido y se mira y remira en el espejo que son sus ibones.

Esta ya clásica estampa pirenaica, y pese a presentar las campas herbosas un aspecto muy agostado, no pierde un ápice de su belleza.

En lugares como este hay que dejar las prisas a un lado...

...y es obligado hacer una relajada parada a disfrutar como es debido del entorno.

Estos dos, Esther y el Anayet, no se conocían, y ahí estuvieron un rato, intercambiando miradas.

No me podía olvidar del lago que hay un poco más abajo de los Llanos de Anayet, que también combina muy bien con el Midi.

Hecha la cumplida parada en los Ibones nos pusimos con la segunda parte de la ruta, la del ascenso a la cima. Al pasar por esta zona le enseñé a Esther una roca que un señor que ella también conoce partió de un cabezazo 😂.

Cuello de Anayet, y campo de bloques por el que discurre el sendero que da acceso a él.

La parte final de la subida al collado está bastante tiesa. Mientras nosotros negociábamos el último tramo...

...había quien ya anticipaba la borrasca que entraba el día siguiente y que traería inestabilidad y lluvias el resto de la semana.

Eso ya vendría. De momento nosotros estábamos aprovechando un día de lo más soleado. Eso sí, frío, tanto que la parada en el collado no fue más larga que lo que nos costó recuperar el resuello.

Empezaba la sección del ascenso que más me gusta, la de los contrastes de colores.

Mirando al oeste apareció el siempre atractivo skyline de los Valles Occidentales, mucho más llamativo si tiene nubes flotando.

Cumbres que circundan los Llanos de Anayet.

Helado, digo Anayet, de tres colores 🤪.

Llegamos al paso de las cadenas. Estas son las vistas desde allí. Punta O Garmo, más popularmente conocida como Vértice de Anayet.

Au, bien agarradicos a la cadena y para arriba con cuidadico.

Tras las cadenas se transita por una terraza herbosa, a la que sigue la trepada...

...que da acceso a la canal que permite ganar la parte alta de la montaña.

El tramo final se hace andando.

Anayet. Cuarta vez que me hago una foto similar.

Y el Anayet, recordando sus viejos tiempos volcánicos, nos regaló una explosión, pero visual. Vistas hacia el Valle de Tena. Vayamos con algunos zooms en esa dirección.

Llanos e Ibón de Anayet.

Colosal Balaitús.

Palas y Arriel.

Picos del Infierno, Vignemale y Garmo Negro.

Cumbres de Ordesa/Gavarnie, con Monte Perdido a la cabeza.

Llanos de Anayet, con Partacua y cumbres del sector Ip/Collarada.

Pico Arroyetas en primer término, y Peña Telera al fondo.

Grupo de cimas del Aspe, y también el Bisaurín...

...y los Valles Occidentales, cada vez con más nubes.

Pala de Ip y Collarada.

Y como no, Midi d'Ossau.

Fotos ya del descenso. Paso de las cadenas desde abajo.

With all my favorite colors, yes sir
All my favorite colors, right on
My sisters and my brothers
See'em like no others
All my favorite colors
It`s a good day to be
A good day for me
A good day to see
All my favorite colors

Nos despedíamos de las vistas hacia los Valles Occidentales, haciendo un zoom hacia el Aspe.

Al llegar de nuevo a los Llanos empezaron a entrar nubes, que junto a algunos figurantes anónimos, dieron buen resultado fotográfico.

Mientras fotografiábamos, una vez más, los reflejos del Anayet, vimos nadar en el lago a un diminuto animal, que luego supimos que era un Desmán de los Pirineos, nunca habíamos visto ninguno antes. Se mueve a tal velocidad que fue imposible fotografiarlo.

Las montañas, y en especial las del Pirineo, también se mueven, pero muchísimo más despacio, y son más fáciles de fotografiar 🤪. Pico Culibillas.

En el ibón anónimo también tuvimos nubes y figurantes con los que hacer bonitas fotos.

Estos momentos suelen ser efímeros, así que le dije a mi compi que aprovechase y corriese para que la pudiese inmortalizar con este fugaz instante.

En este lago también vimos bichos, en este caso unos cuantos tritones, más sencillos de fotografiar.

Y despido con el Midi entre nubes. Iba a ser el objetivo del día siguiente, pero al final cambiamos de planes. Os lo cuento en la próxima entrada del blog.



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