19 de mayo de 2026

Balaitús (3145 m.)

 Domingo 15 y lunes 16 de septiembre de 2024

Un año más llegaban las fiestas mayores de Betxí, y mientras una gran mayoría de Betxinencs empalmaban una fartera detrás de otra, ingerían alcohol (y otras sustancias) como si no hubiese un mañana y disfrutaban viendo como se maltrata a un animal, yo huía de nuevo al Pirineo. Esta vez no me fui en solitario, pues Esther, como buena amiga que es, no me dejó solo en esta huida de la mediocridad. En la planilla llevábamos cuatro nombres ilustres: Balaitús, Anayet, Midi d'Ossau y Mesa de los Tres Reyes. Hicimos dos de cuatro, y dentro de ese 50% estuvo el Balaitús. Lo ascendimos desde la Sarra, por la Gran Diagonal y con la tienda de campaña a cuestas, haciendo noche intermedia. A continuación un extenso reportaje de nuestra ascensión a este coloso, con mayúsculas, pirenaico.





En la Leyenda de Formigal se representa a Balaitús como un dios fuerte, poderoso, violento y que era temido por todos. No le va mal ese rol, pues es cierto que es una montaña muy bestia y que puede llegar a intimidar al más pintado, sobre todo cuando se está inmerso en la Gran Diagonal, pero no adelantemos acontecimientos...

Partimos de la Sarra en la fría mañana de una jornada oficialmente estival, pero que, al igual que en totalidad de la semana, tuvo tintes otoñales. Ese sol de mitad de septiembre si que iluminó, y resaltó, un paisaje fabuloso, un escenario digno de aparecer en el más romántico de los relatos pirenaicos, pero calentar, lo que se dice calentar, calentó lo justo. Aunque mejor, pues una vez se abandona la GR 11 hay que currarse el avance, y más cuando llevas en la espalda todo lo necesario para pasar casi dos días, noche incluida, en la montaña, así que agradecimos el que no hiciese calor. La noche anterior, en la furgo, y antes de meternos en los sacos, nos vimos en la tablet la peli, protagonizada por Ewan McGregor, Doctor Sueño, la secuela de El Resplandor, y puede que el recordar a Jack Torrance nos hiciese colarnos un poco en una sección de la ruta, y nuestra entrada a la cuenca lacustre de Arriel no fue la más ortodoxa, pero bueno, equivocarse de camino forma parte de este juego, y considero que llevar el chivato sonoro del GPS o el Wikiloc, además de ser molesto, es aniquilar la aventura... Además, esa equivocación no afectó para nada en los tiempos de la ruta, y no alteró para nada el plan de que el Ibón Chelau fuese nuestra parada y fonda ese domingo. Es más, llegamos allí todavía con mucha luz solar, tanta que podríamos haber continuado y haber plantado la tienda un poco más arriba, e incluso haber subido a vivaquear al Abrigo Michaud, pero con haber llegado hasta el ibón nos dábamos por satisfechos, ya que además se acoplaba perfectamente a nuestras necesidades, tanto estéticas como logísticas. Por ponerle una pega al lugar es que enseguida se ocultó el sol y empezó a correr un airecillo bastante frío, que nos obligó a recluirnos en la tienda antes de lo previsto. 12 horas nada más y nada menos, en mi caso, y como de costumbre en los vivacs, casi todas en vela...

Plácido inicio por la GR 11, junto al Aguas Limpias.

Siempre me ha gustado el nombre de este río, y también la clásica estampa que el Pico de Arriel muestra aquí, ya bien resaltada por la luminosa mañana..

Tras los llanos iniciales enfilamos el tramo de bosque...

...en el que corría y sonaba mucha agua.

Peña Foratata y Punta de la Lana, vistos, durante una mirada atrás, en un claro del bosque.

Tras pasar por el Paso del Onso, dejamos la GR 11 y el camino a Respomuso y tomamos el ramal que sube a los Ibones de Arriel. Mirando atrás vimos el Pico de Montcalbós y la Dent y Pic de Soques.

También se dejó ver ese alfiler pétreo llamado Punta Escarra.

El recorrido salió definitivamente de toda zona boscosa. Entrábamos, sin pedir permiso, donde mandan las piedras. Hasta última hora del día siguiente nos podíamos olvidar de las comodidades en el avance.

Eso sí, el festín visual iba a ir en aumento, así que no nos podíamos quejar. Peña Foratata de nuevo, y al fondo la Pala de Alcañiz y la Punta del Águila se sumaban a Punta Escarra como representantes del sector Bucuesa/Ip.

Llego el primer momento top de la ruta, en el que vimos por primera vez nuestro imponente objetivo, asomando tras el estrecho por el que desaguan los Ibones de Arriel, y que es a donde deberíamos habernos dirigido...

...pero en lugar de eso continuamos pedrera arriba. La recompensa del error, este fotón que le hice a mi compi.

Pues eso, que sin ser conscientes aún de la equivocación continuamos batallando con la pedrera...

...contienda que terminó, sin daños colaterales, al llegar a este pequeño llano de altura. Al fondo la línea de cumbres que cierran Respomuso por el sur: Garmo Carnicero, Musales, Sanchacollons...

...y collons con el Balaitús, cada vez más omnipresente, que con la escolta de los Picos de la Frondella...

...es normal que se sienta tan poderoso.

Aquí, al ver allá abajo el más inferior de los Ibones de Arriel, nos dimos cuenta de nuestro error.

Nada, habría que inventarse un camino para recuperar el trazado correcto. Descubrimos esta pequeña charca.

Ibón de Arriel Bajo a la vista...

...y la vaguada que nos permitiría recuperar el trazado correcto...

...todo ello rodeados de un escenario soberbio...

...dominado por la intimidante montaña que anhelábamos subir.

Nos plantamos en la orilla del Ibón de Arriel Bajo.

Durante el intento fallido de recuperar el camino correcto por esta vertiente del lago...

...se nos presentó el gigantón Palas.

Nada, si no se puede por una vertiente probaremos por la otra.

Dimos en la diana, así que aprovechamos para hacer una parada a orillas del lago, para comer y sobre todo para que nuestras espaldas descansasen unos minutos de las pesadas mochilas.

Menudo privilegio, mover el bigote con esta panorámica.

Tras la necesaria pausa reanudamos la marcha...

...dirigiéndonos a la pedregosa cubeta del Ibón de Arriel Alto, donde el Palas es el amo del cotarro.

No nos adentramos mucho en la cuenca, ya que de inmediato nos pusimos a remontar otra pedrera, esta de bolos más gordos.

Durante esta ardua subida fuimos viendo diferentes perspectivas del lago...

...que lucía un precioso color azul.

Fue el tramo más engorroso de la jornada, pero que sin embargo fue el más espectacular a nivel visual.

Los lagos y sus tonalidades, el impoluto cielo, la aparición de las pirámides de Arriel, el bello skyline del horizonte, nuestros colorines... Todo se alienó para formar un precioso y puro lienzo pirenaico.

Y cuantos más metros le comíamos a esta pendiente más espectacular nos parecía todo.

Pura vida. Una de esas imágenes que quedan impregnadas durante mucho tiempo en las retinas.

Finiquitamos la trabajosa subida. Lo más duro había terminado...

...pues el corto tramo hasta el Ibón Chelau era prácticamente llano.

Y aquí el bicho de nuevo, mostrándonos, además de su poderosa estampa, sus dos vías de subida más populares: La Gran Diagonal, bien definida ya, y la Brecha Latour, a la derecha de la foto.

Ibón Chelau. Hasta aquí la ruta de hoy. Un final por todo lo alto, ¿no creéis?.

Buscamos la parcelita que habíamos reservado previamente en Airbnb 🤪 y montamos la tienda en ella . 

Tras el montaje de la tienda, y hasta la hora de meternos en ella, nos dedicamos plena y exclusivamente a la contemplación.

Anda que no iba a recaudar likes Esther, con fotos como esta 🤪.

Ibón Chelau con los tres Arrieles.

La felicidad debería medirse en momentos como este, y no en cifras, posesiones u otras banalidades.

En esos momentos mi contador de felicidad estaba al máximo. Ni siquiera, y uno que yo me sé se va a llevar las manos a la cabeza, eché en falta poder tomarme una cervecilla, pues hubiese sido violar la pureza del momento.

Todo el resort para nosotros, ni un solo vecino 🤪.

Nos hubiese gustado apurar fuera hasta el atardecer, pero bajó bastante la temperatura, así que tras una frugal cena, nos metimos en la tienda a dormir...

...y a soñar, yo la mayor parte del tiempo despierto, con el Balaitús.


El lunes amaneció frío, así que intentamos ponernos en marcha lo más rápido posible. El haber dejado escondido lastre nos hizo subir con bastante ligereza por un rudo terreno, y antes de lo pensado llegamos al Abrigo Michaud y por ende a la Gran Diagonal, que como he dicho antes impresiona bastante, sobre todo en su segunda mitad, aunque luego no es tan fiero el león como lo pintan, y en condiciones estivales y secas apenas reviste dificultad. Sin embargo si que hay que prestar atención en el paso de salida de la Gran Diagonal y en el posterior tramo hasta la cumbre, pues si que hay que realizar algunas sencillas trepadas en terreno expuesto y descompuesto, y sobre todo no errar en el itinerario. A modo personal tenía muchas ganas de alcanzar esta cima. Podría decir que fue un sueño hecho realidad, así que agradecí al malhumorado dios Balaitús que ese día tuviese la benevolencia de dejarnos estar unos felices minutos sentados en el trono de su particular olimpo pirenaico. Los casi 1900 metros de desnivel del descenso a la Sarra se diferenciaron entre una liviana bajada hasta el Ibón Chelau y un avance más lento después, una vez que volví a cargar todo el peso en mi vieja Altus Balaitús 48 😉. Y no me suele pasar muy a menudo, pero a veces me dan súbitos ataques de estupidez, y mi compañera ese día sufrió, sin tener ninguna culpa, uno de ellos, por lo que la comunicación de la cordada apenas existió en la parte final del descenso. Se solucionó todo con una disculpa por mi parte y con unas cervezas y unas tapas en Sallent de Gállego, en el bar de un hotel de nombre Balaitús... El día siguiente nos esperaba otro de los dioses de la Leyenda de Formigal, Anayet...

Un nuevo día. Salimos dispuestos a comernos el amanecer, la montaña o lo que hiciera falta... Lo que quieran las manos.

La subida fue laboriosa desde el primer momento, pero el haber dejado la mayor parte del peso en el lago nos hizo ganar en ligereza y nos plantamos muy arriba enseguida...

...viendo el Ibón Chelau como una manchita azul. Arriel, una pirámide perfecta. Saludamos también al Midi d'Ossau, que nos dijo bon jour.

También nos saludaron el día el Palas, que es bilingüe, y Le Lurien, gabacha toda ella. Ambas las tengo pendientes.

Mismos protagonistas, vistos desde el interior del Abrigo Michaud, más amplio de lo que imaginaba, y que es otra opción para pernoctar si se quiere dividir este ascenso en dos jornadas.

De lleno en el primer tramo de la Gran Diagonal, donde nos enfundamos el casco de Calimero...

...ya que el principal peligro de este tramo inicial son las piedras que se puedan, o podamos, desprender. Tampoco hay que menospreciar las trepadas que encontramos. 

Nosotros aquí aún andábamos a la sombra, pero los horizontes ya estaban iluminados por el sol. Me encanta venir al Pirineo en septiembre!!

Arriel y Midi d'Ossau. Para el cuarto día de estas vacaciones teníamos previsto subir al segundo, pero por exigencias del guión terminamos subiendo al primero. Para nada fue un mal cambio. Ya lo veréis.

Vaya, mirad quien apareció. El peculiar y bello Castillo de Acher, con el Achar de Forca y la Punta del Rincón de Alano. Como molan esos valles occidentales del Pirineo.

Volvemos a nuestro trajín con la Gran Diagonal, que seguía muy tiesa y pedregosa.

Una canción de Rosendo, titulada Horizontes, en la que colaboran La Excepción, empieza así: Cada lugar disfruta de sus propios horizontes... Estos son los de la Gran Diagonal. El Ibón Chelau y el Ibón de Arriel Alto quedaban diminutos diminutos.

La Gran Diagonal tiene un tramo central que se puede hacer con las manos en los bolsillos, después viene el escabroso e intimidante tramo superior.

La cosa empieza con un senderete colgado...

...y con un ambiente espectacular.

Quizás sea este el paso de toda la Gran Diagonal en el que hay que prestar más atención. No es complicado, pero existe exposición.

Y ojo, que la Gran Diagonal permanece buena parte del día a la sombra, así que no es de extrañar que en noches muy gélidas se forme hielo en ella.

Un tonto muy tonto.

Trepadas de este tramo superior...

...que tampoco entrañan excesiva dificultad.

A tenor de lo abajo que se veían los picos cercanos en estos momentos ya habríamos alcanzado la cota 3000.

Finiquitando la Gran Diagonal, andando y por terreno muy descompuesto.

Y ojo de nuevo, es aconsejable no remontar íntegra la Gran Diagonal, y abandonarla al llegar a esta franja de color más oscuro. Quizás esta trepada es el paso más complicado de todo el ascenso.

Aunque tampoco es nada del otro mundo, pero puede impresionar el ambiente. Tras la trepada hicimos una travesía horizontal, que combinó trepadas con tramos de andar.

En esta travesía es importante no perder la sucesión de hitos. Estos nos llevaran a la canal que da acceso a la cima.

Nada más llegar arriba nos encontramos con el amigo Georges. El recuerdo de estos míticos pioneros siempre está presente estas grandes cumbres.

Los dominios visuales del Balaitús son muy amplios. Así que se viene un generoso repaso visual. Empezamos mirando hacia los Picos de la Frondella, Valle de Tena...

...y la siempre atractiva silueta de la Partacua, con su continuación hacia las cumbres de Ip, donde destaca la altiva Collarada.

Miramos ahora, con los restos del trípode que coronaba el Balaitús en el suelo, hacia la zona de Respomuso y cumbres de Panticosa...

...que poca presentación necesitan, pero... Picos del Infierno, Aguja de Pondiellos, Garmo Negro, Algas y Argualas.

Movámonos a Le France. Al fondo Néouvielle, Pic Long, Perdiguero...

...Midi de Bigorre...

...y la debilidad de Henry Russell y de mi amigo Miguel Ángel.

Mirada hacia poniente. Palas en primer término, detrás Le Lurien y Midi d'Ossau...

...y al fondo montañas de los valles occidentales, como Aspe y compañía, y Bisaurín.

Y finalizamos el repaso con un vistazo hacia la zona del Glacier de las Néous y un incontable número de montañas francesas.



Aquí un tipo feliz, en la cima del Balaitús/Balaïtous/Pico Os Moros.

Fotos, no muchas, lo prometo, del descenso. Conjunto de lagos de Micoulaou y Batcabrère, que nos había mostrado durante la subida.

Agujas y horizontes de la Gran Diagonal...

...Gran Diagonal, que es la protagonista, y nos empequeñece, en esta y las dos siguientes fotografías.



Hablando de protagonistas, el Anayet sería el del día siguiente, y el de la próxima entrega del blog.

Selfie con el gigante...

...antes de pasar de nuevo por el Ibón Chelau y volver a cargarnos el peso en las espaldas.

Este, también se vino, metafóricamente hablando, metido en la mochila.

Balaitús, una montaña que siempre hemos mirado, y que seguiremos mirando, con admiración, pero que a partir de aquel día lo hacemos diciendo, con orgullo, que hemos estado en su cima.

Para bajar al Ibón de Arriel Alto empleamos una vía de bajada diferente a la subida, lo que nos brindó otras perspectivas de este bonito lago...

...y no solo eso, sino que también lo bordeamos.

Este entorno, con el lago, las pedreras, el Palas y el Port du Lavedan también es brutal.

Preciosa estampa del Ibón de Arriel Alto, el Pitón Von Martin, el Palas y el Port du Lavedan.

Espero que la próxima vez que pasemos por aquí en bajada sea después de haber ascendido al Palas.

Ibón de Arriel Bajo...

...esta vez no erramos el recorrido.

De esta manera tan chula nos despedíamos visualmente del Balaitús, aunque solo por ese día.

Cascadas que se descuelgan de los Ibones de Arriel y que se suman al caudal del Aguas Limpias.

La bajada se hizo más larga de lo previsto y llegamos a la Sarra casi de noche. Antes de esconderse, el sol iluminó con sus últimos y débiles rayos a la Peña Foratata, importante protagonista de la Leyenda de Formigal, y que es la imagen perfecta para despedir este reportaje. A los que hayáis empezado a leerlo y hayáis llegado hasta aquí, gracias.


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