15 de marzo de 2020

Especial 10º Aniversario del Blog. Capítulo Tercero: Montañas de Leyenda

Hola amig@s. Es tercer domingo de mes y le llega el turno a la tercera entrada especial relacionada con el próximo décimo aniversario del blog. En esta ocasión vamos a ver recopilados una serie de lugares y montañas en los que hemos estado estos últimos diez años, distintos y lejanos entre si, pero unidos por un bonito, a mi parecer, denominador común, a todos ellos se les asocia una leyenda. Y es que en el transcurso de esta década hemos descubierto muchos enclaves naturales, y nos hemos interesado por su historia, y al interesarnos por esa historia hemos descubierto que muchos de estos lugares escondían leyendas, y lo bonito ha sido que al documentarme más sobre ellas he descubierto otras que no conocía, por lo que al final esta entrada tendrá más leyendas de las que tenía pensado poner en un principio.

Todas esas historias serán el hilo conductor de esta entrada, en la que he recopilado un total de 27 leyendas. Apuntar que a muchos de estos lugares se les asocian más de una leyenda, o diversas versiones de la misma, yo aquí he elegido, la que en mi opinión es más bonita o romántica. Las leyendas vendrán contadas tal y como están escritas en la fuente consultada, que por supuesto mencionaré. Mi aportación personal a esta crónica será poner un pequeño texto introductorio acerca del lugar o montaña en cuestión, que vendrá acompañado por sus respectivas fotografías. Empezaremos contando las leyendas del territorio valenciano y poco a poco iremos viajando a otros puntos legendarios de la geografía peninsular. ¿Preparados para este viaje de fantasía a través de las montañas?.


Dibujo de mi adolescencia, encontrado hace unos años mientras me llevaba unas cosas de mi habitación de casa de mis padres. Como veis en aquellos años ya tenía fijación por las montañas... y por la fantasía. Creo que viene ni que pintado para encabezar esta entrada.




LA CONQUISTA DEL CASTELL DE CASTRO.

Empezamos, no podría ser de otra manera, hablando de la Serra d'Espadà y de uno de sus enclaves más emblemáticos; el Castell de Castro de Alfondeguilla. Este castillo roquero, situado en lo alto de una imponente atalaya de rodeno, es el que a mayor altura se encuentra de todos los que hay en la sierra y por lo tanto un excelente otero del sector más oriental de la misma. Además se trata de  todo un referente a nivel excursionista en la provincia. Me atrevería a afirmar que la subida a Castro ha sido de las primeras excursiones de muchos senderistas y montañeros castellonenses.


La atalaya de rodeno sobre la que se levanta el Castell de Castro, vista desde la vecina cumbre de la Nevera.


Para conocer su leyenda nos tenemos que remontar a la época de la reconquista, escenario de muchas de las leyendas que aparecerán en esta entrada, y a las guerras entre cristianos y musulmanes y la expulsión de estos últimos. La historia que leeréis a continuación cuenta la curiosa estrategia utilizada por los cristianos para hacerse con el bastión de castro. La leyenda, que es una narración de Vicent Tomàs i Martí, está incluida en un artículo de Òscar Perez Silvestre en el magnífico blog Espadàniques.



¿Quien de vosotros no ha visto Castro desde la Plana, la silueta que acecha entre las cimas de la sierra, o desde una punta vecina la cual mira como retándola? Lo que hoy son ruinas, era el más inaccesible escondite de moros en los días en que los cristianos iban conquistando estas tierras. Aquel castillo no era solo un sitio difícil para los cristianos, sino también para los árabes vecinos que pretendían entrar en un refugio tan inexpugnable.

Los cristianos, que como una impetuosa ola hacía retroceder las huestes musulmanas, al llegar a Castro se vieron sorprendidos por una inaudita resistencia. Asediaron el castillo, intentaron asaltarlo, pero desde la fortaleza los moros tenían suficiente defensa con la simple maniobra de lanzar piedras. Y viendo que por las armas nunca conquistarían aquel punto, decidieron apelar a la astucia. Después de mucho cavilar de que estratagema se valdrían, alguien expuso una que unánimemente fue aceptada y enseguida fue puesta en práctica.

Era una noche de lluvia y oscura como las fauces de un lobo. Los cristianos reunieron un rebaño de ovejas roqueras, que no huyen de las piedras; les ataron una antorcha en cada cuerno y les dirigieron hacia Castro. La visión de las luces que se movían libremente en la oscuridad de la noche no podía ser más fantástica ni llamativa. Con el rebaño marchaba el ejército cristiano haciendo sonar los tambores con tal de producir un efecto más sorprendente.
Pronto se percataron los moros de aquella extraña comitiva que se aproximaba al castillo. Al principio se sorprendieron, pero después, llenos del mayor de los pánicos, no sabían que hacer. El miedo y la sorpresa no les dejó adivinar que aquello eran inofensivas ovejas. Cuando aquellas luces llegaron cerca de ellos, movidos por el instinto de conservación, empezaron a hacer rodar piedras. Las ovejas, pero, lejos de retroceder, iban subiendo rápidamente, mientras en la montaña vecina las tropas cristianas tocaban los tambores con más fuerza.

Los moros, todo y viendo que nada detenía a aquellos guerreros misteriosos, y poseídos por el terror, se descolgaban con cuerdas por el precipicio, y algunos, despavoridos, se lanzaban al vacío. Los que se salvaron emprendieron camino hacia la mar, donde llegaron antes del alba y se embarcaron hacia África.
Por la mañana, los rayos dorados del sol naciente besarían la cruz, la cual camparía victoriosa en una almena de la torre más alta. Y mientras tanto, allá en la mar, los moros verían como, poco a poco, la niebla dejaba a la vista la silueta de la casa perdida.



LA JARRA Y EL OLIVO DEL PUNTAL DE L'ALJUB.

No muy lejos del Castell de Castro se encuentra el Puntal de l'Aljub, esta montaña, a la que también se la conoce como la Mesquita, tiene el honor de ser la primera de la sierra que se eleva sobre los 900 metros viniendo desde el mar. Unas antenas afean un tanto su cima, pero la visión piramidal de su silueta, con el núcleo urbano de Eslida deslizándose por sus laderas es de las más encantadoras de la sierra.


Eslida, a buen cobijo bajo el Puntal de l'Aljub.


La leyenda acerca de esta montaña no la conocía, y me ha parecido muy bonita y emotiva, la descubrí también en el blog Espadàniques, en otro artículo de Òscar Pérez Silvestre. La historia nos vuelve a situar en la época de la reconquista, y habla del amor de los musulmanes a la tierra que tenían que abandonar, a la que le hicieron un peculiar obsequio.

Dice la historia que corría 1609 cuando los habitantes del término que pisamos fueron obligados a dejar sus casas y tierras. La tierra no era para quien la trabajaba, sino para quien la podía dominar. Y alguien tenía que perder todo.

Los bosques del Espadán, aquella noche víspera de la salida hacia Dios sabe dónde, eran abatidos por un gélido viento que, pasando entre ramas de alcornoque y pino hacían presagiar malos augurios. Los arroyos que corrían junto a las minúsculas alquerías salpicadas por todas partes emitían un murmullo triste que llegaba al alma de aquellos desgraciados. Por las acequias, medio deshechas medio atascadas, corrían corrientes rojizas de aguas de los mil y un rayos que la sierra les ofrecía. Y en lo alto, el Puntal, imponente, el ojo mudo a espaldas del que tanto habían rezado todo mirando la Costera, la eterna preñada. Hacia allá miraban también sus muertos.


La tarde se había cerrado de nubes negras, y sólo una antorcha rompía la oscuridad en cada poblado. A su alrededor, hicieron noche: velaban la tierra que les había visto nacer; los más viejos recordaban la llegada muchos siglos atrás según habían oído por boca de sus progenitores; las mujeres ya empezaban a hacer los fardos; los más pequeños, si no dormían en el brazo de la madre, jugaban. Tardarían poco en caer rendidos, acompañados en su sueño por la gritería de aquel viento seco que componía extrañas y amargas melodías entre el verdor de la montaña.
Llegada la medianoche, decidieron elevar el último ruego al Puntal, que tanto les había protegido:

-Padre Puntal, tú ya conoces la suerte que nos espera. Cientos de años ha estado nuestra raza a la sombra de tu cima. De esta tierra que brota frutos y agua limpia hemos amamantado nuestros hijos, y con la cabeza muy cerca de ti hemos enterrado a nuestros muertos. A tu pie vivieron nuestros hermanos de Lauret, y de tu fisonomía mamaron desde niños los del Alcudieta, Benissanda, Cilim, Benalbuig, Alfetx, Albir y Almaxracà. Sabíamos que la benevolencia del Conquistador no sería eterna, y por eso nuestros abuelos se negaron a bautizarse. Antes la muerte que besar la cruz!

Quien gritaba al viento estas palabras, bajó la cabeza y lloró, y con él los que aún estaban serenos y los que el sueño había abandonado. Continuó con los ojos llenos de lágrimas, mientras la lumbre de la antorcha se amortecía:

-Querido Puntal, que tanto nos has contemplado desde arriba. No podemos irnos y dejarte solo estas paredes y aquellos bancales de tierra. Justamente delante de ti, antes de llegar al sendero de Almaxracà, tendrás para siempre constancia de los que tantas veces te han mirado.

Al amanecer, niños y grandes conformaron el cortejo que se dirigía al pie de la loma. Los más fuertes cavaron un hoyo bien profundo y metieron la jarrita más bonita que habían encontrado en la alquería. Después, como quien se despide de un ser querido, cada uno de ellos depositó el objeto que más quería. Cuando hubieron pasado todos, se postraron con los labios besando la tierra, y taparon casi por completo el agujero. Antes, sin embargo, hicieron la última ofrenda de este modo:

-Puntal sagrado, ya vienen a por nosotros. No nos podemos ir de tu mirada sin plantar uno de los pocos pero el más bello de los árboles que nacen en tu sierra. Acepta este olivo como muestra de nuestro afecto, que crezca de la sazón que mantiene la tierra, y porque siempre que lo mires sepas que no te olvidamos.

A los más viejos de los pobladores cristianos, les era raro ver un olivo tan magnífico en medio de tanto algarrobo y entre zarzas y matorrales. Ellos venían de fuera, de no demasiado lejos, y habían oído la leyenda de la ofrenda morisca. Nunca lo acababan de creer, pero el olivo -casi centenario- convertía la selvática montañita en jardín de verdes hojas y frutos dorados. Mucho tiempo más tarde, ya cerca de nuestros días, nuestros abuelos lo cortaron, y nadie supo nunca jamás donde estaba escondido tal presente en el Puntal. El tiempo se tragó para siempre el secreto de la jarra enterrada.


ALMANZOR, LA ESCLAVA Y LA CASTAÑERA.

Nuestra siguiente leyenda nos sitúa en pleno corazón de la sierra, en la Solana del Pic d'Espadà, que es donde nace el Barranco de Almanzor, que aguas abajo se convierte en la Rambla de Almedíjar. Este curso fluvial esta envuelto de una exuberante masa forestal en la que predomina el alcornoque, que unido al constante murmullo del agua(es de los pocos barrancos de la sierra que suele llevar agua todo el año)hace que caminar por este barranco sea toda una delicia.


Mi madre, en la "Castañera" del Barranco de Almanzor.


Pero allí, entre tanto alcornoque, encontramos un castaño, que en la zona llaman "la castañera", y que tiene mucho que ver con nuestra leyenda, que he sacado del blog Tierra de Leyendas, y que nos vuelve a trasladar a tiempos de reconquista, y a una historia del rey moro Almanzor y su esclava cristiana.


La Fuente de Almanzor dista de Almedíjar unos 4 kilómetros aproximadamente, y desde el año 1959, en el que se canalizó hasta el pueblo, se ha convertido en la fuente que lleva sus aguas a toda la población.

Según la leyenda, la fuente debe su nombre al rey Almanzor, sobrenombre de un morisco de Algar de Palancia llamado Garbau, que se había puesto al mando de la Rebelión que los Moriscos de la Sierra Espadán llevaron a cabo en 1526.

Se cuenta que dicho rey, se hallaba sumamente preocupado por la escasez de agua que acuciaba a la población musulmana que se había aglutinado en Almedíjar, última plaza en ser reconquistada de las ubicadas dentro del estado de sitio al que estaba sometida la zona en el verano de 1526, puesto por las tropas cristianas, que trataban de abortar el amotinamiento.

Hasta ella se habían trasladado los labradores y pastores que huían de las batallas acompañados de sus esposas, esclavas e hijos, junto a carboneros, artesanos y cazadores que formaban el grueso de la soldadesca morisca, que no superaba los 4000 hombres.

Ante tanta responsabilidad, un día fue el propio Almanzor quien decidió tomar parte en una batalla para tratar de romper el cerco cristiano, y tratar de ganar terreno rico en agua. Pero en la lucha, una flecha hizo blanco en su pecho, dejando al caudillo morisco gravemente herido.

Prontamente sus correligionarios le llevaron de retorno a Almedíjar para recibir atención especializada. Era mucha la sangre que desprendía Almanzor, y al poco los curanderos se quedaron sin agua con la que poder limpiar sus heridas, debido a la sequía.

Una esclava cristiana, que contemplaba la exasperante situación en las que se hallaba su opresor, al que admiraba en secreto, decidió hacerse notar; así que se acercó a los curanderos y les dijo:

- Señores, yo puedo satisfacer vuestros anhelos y conduciros al agua, aunque a cambio, vos me tendréis que conceder el deseo que yo os pida.

Tanto los curanderos como sus consejeros miraban al monarca para que fuera él quien tomase la decisión, pues desconfiaban de la cristiana, pero era tanta la necesidad del líquido, que comentaron que no estaría de más el intentarlo. Finalmente, sonriendo sentenció el monarca:

- Es valiente la chiquilla, y si la escucho, me arriesgo a que los hombres se rían y me tachen de ingenuo, y a que mi salud empeore. Pero vamos a seguirla, y sabremos si es cierto.


Nada más lejos de la realidad. La cautiva deseaba tanto o más que los propios médicos la recuperación de Almanzor, pues en ello le iba el único medio de encontrar la libertad. Así que, con una escolta de 15 soldados, y el propio rey tras de sí, salieron de Almedíjar siguiendo hacia arriba el cauce del barranco que besaba sus murallas.

Al poco, divisan junto al camino un enorme castaño, al cual le echa el ojo Almanzor, que ordenó que pronto lo talasen para hacer leña. Mas la cristiana que lo oye, se gira en redondo y replica:

- Cristiana soy, mi señor, pero bisnieta de hebreos, que por defender su vida, hasta su arado perdieron. Ese castaño que alza junto al camino sus siete brazos al cielo para adorar a su Dios, lo plantó mi bisabuelo. Respétalo pues, Almanzor, que por Alá te lo ruego, y que lo admiren los hombres hasta el final de los tiempos.

- Hablas con voz de profeta, esclava. - respondió el asombrado Almanzor- Pero por tu valentía lo dejaremos con vida para que dé sombra a mis nietos. Pero se habrá de llamar Castañera y no Castaño, pues pervive por tu genio.

En estas conversaciones estaban, cuando llegaron a un paso estrecho, que pronto viene a mostrar el nacimiento de una fuente, para gran júbilo de sus descubridores. Aquellas frescas aguas restablecieron en poco tiempo la salud de Almanzor, y la de toda la población, que ya empezaba a enfermar por falta de medidas higiénicas.

El gran Almanzor, fiel a la promesa, y agradecido por los servicios de aquella joven cautiva cristiana, se dispuso a concederle cualquier petición que ella formulara. Pero no fue ni oro ni joyas lo que quería aquella joven. Una vez más, la joven volvió lo volvió a sorprender:

- Señor Almanzor, bien sabes que a lo largo de los siglos cristianos, hebreos y árabes han convivido pacíficamente a la sombra de estos montes. Espadán abrazó a todos, pero ahora es un señor de lejos quien ha dictado que los de mi religión y los de la vuestra no puedan seguir viviendo juntos. Esa ley ha causado en vosotros un gran dolor, pues os aparta de vuestras tierras y familias, pero también a nosotros, que igualmente hemos sufrido esas pérdidas.
Mis padres y hermanos, a causa de este enfrentamiento, tuvieron que irse al otro lado de la sierra, donde supongo rezarán para que esto termine pronto, y yo regrese pronto, aliviando así sus penas de corazón. Así pues, mi señor, simplemente te pido ser libre, que me devuelvas con los de mi mismo credo, y lo más prontamente posible, al lado de mis añorados y amados padres.

Aquella petición llena de verdad y sentimiento, consiguió enternecer al rey, y aunque sintió pena por la pérdida de tan fiel y valiente esclava, no faltó a su palabra, y accedió a su petición.
    -Cristiana, grandes verdades dices, y aunque llevo puesta una coraza de guerrero, guardo corazón de hombre. Coge tus cosas, ve con los tuyos, y que Alá te guíe y acompañe.



EL HALLAZGO DE LA CUEVA DEL ESTUCO.

Finalizamos con las leyendas referentes a la Serra d'Espadà yéndonos no muy lejos del Barranco de Almanzor, permaneciendo en la Solana del Pico de Espadán pero un poco más al oeste. Allí encontramos la Cueva del Estuco de Algimia de Almonacid, uno de los muchos tesoros subterráneos que también esconde la sierra. Esta gigantesca sala subterránea esconde un sinfín de espeleotemas, entre los que destaca una espectacular y rojiza estalactita gigante.


Cueva del Estuco, con un halo de luz entrando por su boca de entrada superior.


La leyenda que viene a continuación nos cuenta el modo en el un pastor descubrió la cueva. La leyenda es un extracto de un relato (1912) de Elisa Pérez, en el que cuenta como en una de sus excursiones por Espadán un leñador se les ofreció a guiarles hasta la cueva, y contarles la historia de su descubrimiento. Esta información la he encontrado, una vez más, en otro gran artículo de Òscar Pérez Sivestre en el blog Espadàniques, a quienes agradezco desde aquí su colaboración.


«El primero que se asomó á ese abismo, al que no podrán bajar sino por escalas, fue un pobre pastor de estos contornos. Era forastero y casó con una hermosa mujer de Aragón. Pero su luna de miel le duró poco; su esposa murió dejándole una niña. Cuando le consolaban en su desesperación, lo único que le hacía volver en sí era el recuerdo de su hijita. Y con ella se consoló; la criaba con una de las cabras más mansas del rebaño, gustaba de tenerla en brazos las horas muertas buscándole la risa, y reía mientras la imagen de la madre se le venía á las mentes renovando sus tristezas. Una mañana, la pequeña amaneció tristona; y antes de salir su padre, á duras penas logró de ella una sonrisita; la niña no vivió muchos días más; «los ángeles la quisieron para ellos» –como decía el pastor llorando– y «le habían dejado solo en el mundo». Desde entonces, rara vez se le veía por el pueblo; se volvió hosco y retraído y no faltó quien temiese por su vida; pero yo, hablando con él un día en el bosque, comprendí que el pastor inconsolable nunca cometería tal atentado; era creyente, y buscaba la soledad para rumiar sus penas y vivir de recuerdos.
«Aún había para él algo de interés en el mundo; algo que le traía á la memoria la dicha pasada: la cabrilla que había amamantado á su hija. Pasó un invierno crudo, y empezó el verano con los calores, sin que mejorase el carácter del pastor. Una tarde, mientras tejía enea sentado en este mismo sitio, mirando, por el ganado oyó un balido lejano, extraño y desgarrador, como si una de las reses se hubiese precipitado al barranco. Nunca le había ocurrido tal desgracia con ninguna de las suyas, pero ¡hacía tanto tiempo que la fortuna le era contraria! Y no cabía duda: el quejido era de su Estrella, la cabra que había criado á su hija. En vano voló con ansiedad al lugar del cual parecían proceder los gemidos cada vez más agudos y lastimeros; cuando creía estar más próximo, se alejaba sin darse cuenta. Las quejas de dolor íbanse apagando para resonar de nuevo en tonos desesperantes, y el pastor, conmovido, no sabía ya qué hacer, hasta que situado en el punto desde el que parecían más cercanas, percibió en medio de la loma una hendidura de roca que él había creído interior. Aplicó allí su oído y ya no le cupo duda: aquél era el sitio. Registrando el lugar descubrió un oscuro y bajo pasadizo, entrada á algún pozo que debió ser tumba de su animalito. Pero ¿la iba á dejar morir sin salvarla si podía, ó sin verla por última vez? Sin temor al peligro, el joven penetró arrastrándose por aquel corredor, hasta que la parte superior de su cuerpo sin base, se asomó á un abismo iluminado débilmente por un rayo de luz. Lo primero que vió fue el animal á tres metros más abajo, bañado en sangre. Luego que hubo dominado aquella primera tristísima emoción, otra le sobrevino al descubrir sus ojos hechos á la oscuridad: un templo maravilloso labrado en mármol negro, reluciente, con el pavimento de cristal en el que se reflejaban las bóvedas y columnas con sus imágenes extrañas...»


SANT JAUME Y EL SALT DEL CAVALL.

Nos adentramos ahora en el interior de la provincia para irnos a la comarca de l'Alcalatén. Entre los términos de Llucena y l'Alcora serpentea el Barranc del Salt del Cavall, que en su parte central labra un espectacular desfiladero, cuyo punto estelar son dos altísimas y verticales paredes que se miran frente a frente, con apenas 70 metros de separación entre ellas.


Punto más estrecho y vertical del desfiladero del Salt del Cavall.


Estas dos paredes son el escenario de la leyenda asociada a este barranco. Viajamos de nuevo a la época de luchas entre moros y cristianos, y lo hacemos montados a lomos del caballo blanco de Santiago Apóstol. La leyenda la he extraído de la página Castellón en Ruta.

Cuenta la leyenda que en las proximidades de este paraje tuvo lugar una de las muchas y cruentas batallas que hubieron en siglos pasados en nuestras tierras entre cristianos y sarracenos.
En esta, los musulmanes eran tan numerosos que estaban acorralando a los cristianos y obligándoles a retroceder ocasionando numerosas bajas entre sus huestes.
Ante tal empuje, los cristianos invocaron la ayuda del apóstol Santiago, como era habitual en estas lides y de ahí su apelativo de “matamoros”, quien acudió a socorrerles montado en su blanco caballo. Sin embargo, esta vez era tan feroz el ejército musulmán que ni él pudo hacerles frente.
Ante la pérdida irremediable de la batalla, Sant Jaume y un grupo de caballeros intentaban defender a las tropas en retirada haciéndose perseguir por el enemigo.
Viendo que estaba todo perdido, el apóstol espoleo su blanco caballo para que los sarracenos lo persiguieran a él. Cuando casi los tenía encima, golpeó la tierra que se abrió en un inmenso precipicio que parecía llegar hasta el mismo infierno. Con un milagroso salto de su caballo, Sant Jaume venció los 70 m que separaban los bordes de la garganta, pero todos los sarracenos se despeñaron al fondo de ella, pereciendo.
Y dicen que, en lo alto de este barranco, aún pueden verse grabadas sobre la roca las huellas de los cascos del caballo blanco en el mismo lugar en el que, cual Pegaso, saltó el precipicio.



LOS ENCANTOS DEL MARINET.

Seguimos en l'Alcalatén y nos vamos hasta el Massís de Penyagolosa, en el que una imponente muela rompe de forma brusca los perfiles más alomados de este sector oriental del macizo. Se trata del Marinet, en cuya meseta somital se han hallado vestigios de pobladores que van desde el Eneolítico, pasando por el Bronce tardío y inicios de la Primera Edad del Hierro hasta el Medievo-Musulmán.


El Marinet, visto durante la subida a Penyagolosa por la ruta de l'Ombria.


A esta montaña se le asocian unos encantos, que solo pueden ser vistos en la noche de San Juan y siguiendo ciertas condiciones. En el siguiente texto, extraído del libro "GR-33, el Sender de la Lluna Plena" del Centre Excursionista de Castelló, conoceremos cuales son esos encantos y esas condiciones.


Del Marinet se cuentan unas cuantas historias que tienen como elemento común a todas ellas las condiciones para acceder a la Mola la noche de San Juan en el solsticio de verano. Se tiene que hacer sin armas ni nada que pueda hacer daño y sin ningún objeto religioso como medallas, relicarios, escapularios... Ya en la Mola hay que quedarse quieto, si nada encima. Según los informadores éstas son historias que los viejos contaban y en todas las versiones se entiende que hablan de hombres, excepto en una en la que se dice que ha de subir una chica soltera sin camisa. Si todo se cumple, el encanto se manifiesta a las 12 de la noche en la Mola “al gardell de la roca”.

Las diferentes versiones del “encanto” son:

1ª. Una poco corriente dice que el “encanto” es una chica, y que si la tocamos con el dedo revienta de dinero.

2ª. Es necesario adivinar una piedra concreta de la Mola para que salga el “encanto” y aparezca un tesoro que dejaron los moros.

3ª. Un grupo de gente subió y tuvo suerte, a medianoche les salió una masa negra e informe y detrás un paso iluminado. No se atrevieron a pasar y huyeron despavoridos.


4ª. A un masovero que subió y siguió todas las instrucciones, cuando sonaron las 12 en el campanario de Vistabella se le apareció un toro de largos cuernos arrastrando una cadena. Asustado al ver que el enorme toro le embestía salió corriendo por las cuestas, enganchándose en la maleza sin esperar el tesoro y después repetía aquello de: “que no em parlen del Marinet, que és un encant de mala llet” (que no me hablen del Marinet, que es un encanto de mala leche).


LA LEYENDA DEL SALTO DE LA NOVIA DE CIRAT.

Nos vamos ahora hasta Cirat, en la comarca del Alto Mijares, allí, en el Barranco de las Salinas encontramos dos pequeñas y bonitas cascadas, que caen en dos preciosas pozas. Al paraje se le conoce como el Salto de la Novia, y es sin duda el paraje natural más emblemático de esta población y su principal reclamo excursionista.



Salto de la Novia de Cirat, rincón de encantadora belleza.


La leyenda nos traslada a las Guerras Carlistas, y nos cuenta la bella, y a la vez triste, historia de amor entre José y Mariana, y a como este paraje recibió a partir de entonces el nombre del Salto de la Novia. El texto de la leyenda es obra de Ángel Sorní Montolío y la he extraído del mejor blog posible sobre Cirat y sus parajes e historias: Senderisme, Natura i Molt Més de José Tomás Izquierdo.


Una noche juntos les bastó a los amantes para jurarse amor eterno.
Corría el año de gracia 1846. Hacía unas semanas que se había desencadenado la segunda Guerra Carlista, llamada la "Guerra dels Matiners", y la Sierra de Espadán se había convertido en un trasiego de partidas de guerrillas que, bajo el mando del General Ramón Cabrera y Grinyó, trataban de apoderarse infructuosamente de los territorios que ya dominaron unos años antes durante la primera guerra.

Aquel anochecer cuando se encontró con Mariana, José andaba perdido por las inmediaciones del Cerro.(Alto del Cerro 921msnm), Era José, un joven Morellano que pertenecía a una de las partidas del citado General Cabrera y su grupo había sido sorprendido por otro de Isabelinos en el camino de la Solana, muy cerca del Corral del Sastre. Les había dicho un lugareño que había una fuente cerca y allí se dirigían. Escapó solo y como pudo, monte arriba, hasta que dejó de escuchar las detonaciones de los fusileros. Y hubiese desfallecido de cansancio, hambre y sed, de no haberse topado con Mariana, una hermosa muchacha de Pavías, que volvía a casa de recogida.
Eran jóvenes los dos y les bastó este encuentro, una mirada, para que la pasión anidase en sus corazones. Aquella noche mágica, Mariana, sin que sus padres lo supiesen, lo alojó en el pajar, le alimentó con su propia cena y conversaron horas y horas como no lo habían hecho nunca. Les sorprendió el amanecer con un beso y una promesa: cuando acabase aquella maldita guerra, José volvería, vaya si volvería.
Pasaron los años y Mariana se había convertido en una hermosa mujer.

Pero aquella maldita guerra no concluía nunca. Las partidas de combatientes acechaban por los caminos y los encuentros armados se sucedían a menudo dejando heridos y muertos por ambos bandos. Era una guerra fratricida y cruel, y no tenía trazas de acabarse. A Pavías, una pequeña y recóndita población que por aquellos años disponía de alrededor de 30 fuegos, llegaban de vez en cuando noticias por lo general confusas y contradictorias y aunque ella no se perdía palabra alguna, jamás ningún caminante pronunció el nombre de José, ni le dio noticias suyas.

Después sucedió todo muy rápidamente, Sus padres apalabraron su boda con un apuesto y acaudalado joven de Cirat y aunque ella al principio se negó, era tal la tradición de este tipo de casamientos, que hasta esa primera negativa parecía pertenecer al ritual: todas lo hacían. Era como si las novias se hicieran de rogar, lo que resaltaba mas su bondad, pureza y recato. Por eso nadie le dio importancia a su negativa.
Así que se iniciaron los preparativos para la boda que se dispuso se realizaría el 15 de Julio de 1849. Una boda era un gran acontecimiento y la de Mariana no podía ser menos. Fueron unas semana ajetreadas y trepidantes. Ultimaron el ajuar entre todas las mujeres de la casa y todo concluyó un día antes cuando recibió desde Valencia su traje de novia. Un precioso traje blanco y bordado con un velo de pedrería. Aquella noche del 14 de Julio apenas durmió. El recuerdo de José a la vera del camino sonriéndole, la sensación de sus labios humedecidos en aquel largo y pasional beso o los ecos de su voz la persiguieron durante horas y no podía, no quería desprenderse de él.
Hasta que amaneció y resignada se preparó para el largo viaje que se avecinaba. La boda tenía que celebrarse en la Iglesia de Cirat y le esperaba un largo camino lleno de incomodidades y peligros. El novio le había enviado la noche anterior una partida de fusileros para que la protegiesen durante el trayecto, y un brioso macho que, provisto de una cómoda y lujosa albarda, la había de trasladar sin riesgo alguno.

Pero algo había en el ambiente que le presagiaba no sabía si buenos o malos augurios: tal vez aquella luz tan fuerte y turbadora, o aquel recuerdo tan intenso; el caso es que cuando salió de Pavías sabía a ciencia cierta que algo imprevisto había de suceder.
Y sucedió, pero fue todo tan rápido que las versiones de los testigos resultaron contradictorias e imprecisas. Todos están de acuerdo que cerca ya de las Salinas, cuando casi divisaban la fuente Torres, la comitiva nupcial se topó súbitamente con una partida de Carlistas que venían en dirección contraria.
Las discrepancias surgen a partir de ese instante. Hay quien asegura que segundos antes del tiroteo uno de los carlistas balbuceó claramente el nombre de Mariana, y que al tiempo ésta gritó el nombre de José. Aunque otros testificaron que primero se oyó un tiro, que batió a un Carlista llamado José y que en ese momento Mariana gritó desgarradamente su nombre. El caso es que el brioso macho que trasladaba a la novia, ante el estrépito de las detonaciones, se encabritó y sin control alguno, desbocado por completo, se cayó por un precipicio que daba sobre el Barranco, en un salto de agua que los lugareños denominaban la Cola de Caballo o Chorrador. Y que a partir de entonces y según cuentan nuestros mayores pasó a llamarse el Salto de la Novia.
....y aun añaden que, al caer, el velo de la novia se enganchó en una rama de baladre y aunque no evitó su muerte, si desvió el cuerpo de Mariana hacia el Salto de agua. Fue al chocar con ella cuando un nuevo chorro más vigoroso comenzó a manar de esa barranca.
....Todavía hay quien afirma, y eso lo podéis comprobar personalmente si os acercáis por allí, que algunos veranos, alrededor del medio día, si uno se asoma a las cristalinas aguas de la charca y observa sus reflejos, se pueden distinguir las imágenes de Mariana y José fundidos en en abrazo eterno...


LA LEYENDA DEL SALTO DE LA NOVIA DE NAVAJAS.

Viajamos ahora hasta la comarca del Alto Palancia y a la localidad de Navajas, en donde encontramos la Cascada del Brazal, a la que todo el mundo conoce como el Salto de la Novia. Este salto de agua de 30 metros, de origen artificial (según algunas fuentes de la época musulmana), desprende de forma espectacular las aguas de una canalización al Río Palancia, y está rodeada de un fantástico paisaje de erosión tobácea, y es uno de los destinos de excursionismo familiar favoritos a nivel provincial.


La Cascada del Brazal de Navajas, vertical y precioso aporte al Palancia.


La leyenda asociada a este paraje nos habla de una ancestral tradición local que debía llevarse en ese lugar entre las parejas que iban a contraer matrimonio y que en esta ocasión acabó con un final trágico. La leyenda la he extraído de la página Castellón en Ruta.

Cuentan que hace muchos años, había una costumbre local por la que los novios que iban a contraer matrimonio, tenían que someterse a una curiosa ceremonia para demostrar ante todos que se querían de verdad, y asegurarse la felicidad y fertilidad del matrimonio, si superaban la prueba.
Poco antes de la boda, acompañados de familiares y amigos, iban al paraje ubicado bajo la Cascada del Brazal, y en ese lugar, en donde más se estrechaba el río, por allí por donde la piedra ofrece su color plomizo bajo las estrellas, la novia tendría que cruzar de un salto a la orilla opuesta, ante la atenta mirada de los allí presentes.
Si lo conseguía sin percance, se le auguraba a la pareja una gran dicha en el futuro matrimonio, y se demostraría que la joven quería fielmente a su novio; más si no lograba el salto, el matrimonio se consideraba irrealizable o desgraciado, de forma que convencidos de ello, los novios rompían su compromiso y su relación.


Cierto día, dos jóvenes novios bajaron radiantes de alegría a demostrar ante todos, que se amaban. Sabían la presión a la que estaban sometidos al ser observados por tanta gente, pero estaban dispuestos a demostrar que aquella absurda tradición, no era más que una tontería que poco iba a mermarles el amor que sentían el uno por el otro.
Pero tampoco estaban dispuestos a que sus vecinos, con los cuales tenían una gran relación, se les echaran encima por negarse a realizar una, en principio, inofensiva prueba que desde tiempos remotos se venía realizando entre las parejas de navajeros.
Como cada vez, la gente esperaba el salto con impaciencia. Pero aquel día, el comentario general se centraba en lo revuelto que bajaba el Palancia y en el ruido ensordecedor del agua al entrechocar con las rocas, aunque confiaban en el destino, pues daban por seguro que la fuerza del amor de aquella joven sería más fuerte que la del embravecido río.
También los dos enamorados pensaban y murmuraban lo mismo, pero aquella mujer con cara de niña, cabellos dorados y ojos de color miel, no estaba dispuesta a que el río le arrebatara su más preciado tesoro, aquel joven de tez morena y ojos verdes, por el cual sentía una pura pasión.
Así que, aunque nerviosa, se separó de su amado y se dispuso a saltar. Cogió carrerilla y controlaba el momento de tomar impulso, pero cuando llegó el salto, perdió pié y… la fatalidad quiso que cayera al agua y fuera rápidamente arrastrada hacia un remolino que la escondía y la mostraba a su capricho.

El joven, desesperado y en un prueba suprema de amor, se arrojó inmediatamente al río para tratar de rescatarla de la potente corriente que la llevaba a una muerte segura, pero por más esfuerzos que hizo en su desesperado intento, el agua los sumergió a ambos. Sus jóvenes cuerpos, inertes y entrelazados, aparecieron río abajo, donde el agua culmina su remanso, enviando lágrimas entre las piedras.
Aquella terrorífica tragedia, hizo reflexionar sobre la validez de la, ahora fatídica, tradición, y coincidiendo los vecinos en que aquello podría traer más desgracias que alegrías, se dinamitó el paso estrecho para que en el futuro, a nadie se le ocurriese saltar de nuevo.
Se cuenta que aun hoy, en las noches de luna llena, cuando los luceros danzan en el firmamento, se escuchan por el valle los lamentos y las promesas de los enamorados que murieron por demostrar a los demás lo que ellos bien sabían. Desde entonces la Cascada del Brazal llora su perdida, y el río se convierte en el manto blanco y puro de la novia, que acoge tiernamente a su amante, convertido en piedra. 


AMOR PROHIBIDO EN LA CUEVA DE CERDAÑA.

Finalizamos con las leyendas castellonenses permaneciendo en la comarca del Alto Palancia. Nos vamos ahora hasta Pina de Montalgrao, en cuyo término municipal se encuentra la fantástica Cueva de Cerdaña, que además del interés espeleológico y excursionista que tiene (entre todas sus formaciones destaca una espectacular columna) también tiene mucho interés histórico ya que la cavidad fue un santuario ibérico, en el que se realizaron diversos rituales, tanto que fue visitada por personajes tan ilustres como Santiago Ramón y Cajal.


La gigantesca sala subterránea de la Cueva de Cerdaña y su espectacular columna.


La leyenda nos cuenta el origen del nombre de la cueva y nos cuenta la historia de una pareja de enamorados que se refugiaron allí ante el repudio de la familia del novio ante la novia. La historia es un relato de Matilde Pepín y lo he encontrado en la página web del Ayuntamiento de Pina de Montalgrao.

En el siglo XVII un soldado de Pina de Montalgrao se hallaba en la isla de Cerdeña, cuando conoció una bellísima muchacha de la que quedó prendado. Se casaron y vinieron al pueblo para quedarse. La familia del muchacho tenía otros planes para el héroe y repudió a la extranjera, acusándola de hechicera y seductora. La pareja se refugió en la hermosa cueva y allí vivieron su historia de amor. Habitaban una bellísima cámara oculta en el interior, donde había un altar con símbolos del Santo Grial, como si el vaso sagrado, el mítico recipiente céltico hubiera estado allí escondido algún tiempo. Dicen que ella ejercía de sibila. Un día el hombre salió a cazar y se entretuvo cogiendo granadas para ofrecerle a su amada; ella se quedó sola en la cueva y quiso explorar las simas ocultas, desapareciendo misteriosamente. Cuando volvió su amado, la buscó desolado durante días y semanas hasta que se dejó morir de tristeza.


La fábula asegura que algunas noches primaverales, los espíritus de los enamorados vuelven a la gruta de sus amores y que protegen a las parejas.



LA LEYENDA DE L'ENCANTÀ.


Damos un salto al sur y nos vamos hasta sierras alicantinas, fuente innumerables leyendas. La primera de las que vamos a contar aquí nos sitúa en la localidad de Planes, en la comarca del Comtat. Allí encontramos el Barranc de l'Encantada o de l'Encantà, un curso fluvial que antes de abrirse en abrupto e imponente desfiladero, nos regala un encantador, nunca mejor dicho, sector de estrechos, pozas y pequeñas cascadas, siendo la del Gorg del Salt la más fotografiada, conocida y visitada.


Gorg del Salt, una bella pincelada del Barranc de l'Encantada.




A cerca de este lugar he encontrado varias leyendas, decantándome al final por esta que está contada en forma de bella poesía. Por eso pondré primero la original en valenciano, para que no pierda la rima, y luego la traducción al castellano. La poesía es obra de Miquel d'Helena y la podéis encontrar en la página web del Ajuntament de Planes.


Segons el conte relata,
i la veritat pot ser
una senyora molt guapa
li va eixir a un llenyater.
Li ensenyà un collar de plata
amb un diamant i un robí,
"Què és el que vols, la joia?
O m'estimes més a mí?"
Va contestar que la joia.
"Sempre seràs desgraciat!
En aquella penya alta
tinc un palau encantat.
Ja no podràs ser ditxòs;
si m'hagueres volgut a mí,
la fortuna que hi ha allí
haguera sigut p'als dos".
Per mig d'una boreal,
a l'amanèixer l'aurora,
desapareix la senyora
i es queda el pobre... igual.
Si es que la dita els agrada,
no se la prenguen per falòria
que és l'origen de la Història

del Barranc de l'Encantada.


                                              























Según el cuento relata, y la verdad puede ser, una señora muy guapa le salió a un leñador. Le enseñó un collar de plata con un diamante y un rubí, "¿Qué es lo que quieres, la joya?, o me amas más a mí?" Contestó que la joya. "Siempre serás desgraciado! En aquella peña alta tengo un palacio encantado. Ya no podrás ser dichoso, si me hubieras querido a mí, la fortuna que hay allí hubiera sido para los dos". Por medio de una boreal, al amanecer la aurora, desaparece la señora y se queda el pobre... igual. Si es que el dicho les gusta, no se lo tomen por patraña que es el origen de la Historia del Barranco de la Encantada.


MARIOLA Y LA PANTERA.

En la misma comarca del Comtat se encuentra nuestra siguiente protagonista, la fantástica Serra de Mariola, coronada por el imponente Montcabrer, la tercera montaña más alta de Alacant, esta emblemática montaña, junto con los pozos de nieve, cavas los llaman allí, que hay repartidos por la sierra, convierten a este parque natural en uno de los más visitados a nivel excursionista de toda la provincia.


La Cava Gran o Arquejada y el Montcabrer, los símbolos más reconocibles de la Serra de Mariola.


La leyenda, encontrada en el blog Mitos, Leyendas y Otras Criaturas, que gira en torno a esta sierra nos sitúa en la época del Imperio Romano y nos cuenta la historia de Mariola y su pantera, y las terribles consecuencias que tuvo el rechazar los interesados intentos de conquista amorosa por parte de Tiberio Claudio Nerón. Como leeréis al final de la historia, esta leyenda podría ser no tan leyenda.


La leyenda dice, que en esa época había un pequeño poblado gobernado por el noble Sexto Mario. Era un hombre muy rico, que había obtenido su riqueza con la explotación de una mina de oro que se encontraba en el interior de una montaña.

A Tiberio Claudio Nerón, que no le sobraba el dinero y tenía al pueblo un tanto revuelto, le pareció bien que dichas minas pasaran a su patrimonio. Nerón tramó el plan de conquistar a la hija de Sexto, Mariola, una bellísima joven. La joven solía ser vista dando largos paseos por la montaña, en compañía de una pantera, que el propio Sexto le había traído desde África. A pesar de los intentos de conquista de Nerón hacia Mariola, esta le dejó bien claro que nunca se casaría con él, pero claro está que dicho emperador tenía muy mal perder planeó una terrible venganza.

Nerón acusó a Sexto y a Mariola de incesto, y fueron condenados a ser despeñados. Desde entonces, cuenta la leyenda que la Sierra más hermosa de nuestra provincia tiene el nombre de aquella muchacha que se negó a los caprichos de un tirano emperador. Y de las minas de oro, nunca más se supo.

En 1965, los espeleologos del Centro Excursionista de Alcoy encontraron en el interior de la Cueva de la Sarsa, en Bocairent, huesos que fueron identificados como pertenecientes a una pantera africana.


Aún, se oyen rumores e historias en las poblaciones cercanas de haber visto por la sierra, en las horas del crepúsculo, la figura evanescente de una mujer envuelta en blancas y flotantes vestiduras, como si se tratase de un jirón de niebla.


UN CABALLO VERDE AL PARAÍSO.

Nos movemos ahora hacia la Vall de Laguar, en la Marina Alta, en donde podemos encontrar una de las mejores floraciones de cerezos de todo el País Valencià. Pero esos barrancos también esconden una historia, la historia de unos moriscos que se negaron a abandonar las tierras en las que vivieron tantos años y que se refugiaron en esas montañas, construyendo un entramado circuito de más de 6500 escalones para poderse mover entre esos barrancos en los que construyeron su hogar y abancalaron sus cultivos. Hoy en día a ese recorrido se le conoce como la Catedral del Senderisme y es una de las rutas más famosas de la zona.


La doble cima del Penyal Roig, el Cavall Verd, dominando la Vall de Laguar.


Al sur, y dominando el valle, se yergue una imponente montaña caliza de dos cimas cuyo nombre es la Penya Roja o el Penyal Roig, pero que todo el mundo conoce como el Cavall Verd, la siguiente leyenda, extraída del blog Coses Properes, explica el porqué.


Después de que Felipe II ordenara la expulsión total de los moriscos, y cuando ya estaban las naves en al Puerto de Dènia para embarcarlos, todos los pobladores de los Valles, capitaneados por el molinero Mellini(unos dicen que tenía el molino en Guadalest, otros que en Laguar) y la bruja Ezme(sería una conocedora de ritos y propiedades de les hierbas, a la cual todos respetaban mucho), se amotinaron en la Vall de Laguar.
Al hecho de querer esas tierras como suyas (que de hecho lo eran), se unió la leyenda que contaba Ezme, que decía que si luchaban por sus tierras vendría un gran caballo verde para a llevarlos al paraíso. Y así lucharon y así encontraron la muerte miles de ellos cuando el Tercio de Nápoles los redujo en el Pla de Petracos.
Y es por eso que la montaña que encontramos subiendo al Valle a mano izquierda se llama El Cavall Verd. 



EL PUIG CAMPANA Y L'ILLA DE BENIDORM.

Seguimos viajando al sur y hacemos parada en la Marina Baixa para hablar del colosal Puig Campana, junto con Penyagolosa, la montaña por excelencia del País Valencià, y la más prominente del mismo, ya que se alza 1400 metros sobre un mar que está a escasos 9 kilómetros. Su subida más famosa, la del Barranc de les Marietes es posiblemente la ascensión más dura de todo el territorio valenciano, y si no la más dura, la que más desnivel salva de una tacada, 1100 metros verticales en no llega a cuatro kilómetros horizontales. Me pondría a cantar las alabanzas del Puig Campana y no terminaría nunca.


La mole del Puig Campana, vista desde Aitana, se observa perfectamente el Tajo de Roldán...

...y l'Illa de Benidorm, que según cuenta la leyenda corresponde al trozo de montaña que falta en el Puig Campana.


En la cima occidental del Puig Campana, el Pic Prim, y según desde que perspectivas, se vislumbra una perfecta hendidura, conocida como el Tajo de Roldán, tan perfecta que parece que esté echa a cincel. Siempre se ha dicho, en la cultura popular, que ese cacho de montaña es la isla que flota delante de las horteras playas de Benidorm, ¿qué como llegó allí?. Os lo cuenta la siguiente leyenda, para mi la más bella de las que relatan este hecho, y que la he extraído de la página Asociación Cultural Alicante Vivo.


En tiempos remotos vivía en la sierra un gigante llamado Roldán. Era el dueño y señor de aquellos solitarios parajes que él recorría libremente. Se había construido una tosca cabaña para guarecerse cuando las inclemencias del tiempo así lo exigían. El poderoso Roldán era indiscutiblemente el rey del Puig Campana. Cuando los animales feroces le acosaban le bastaba dar un par de zancadas para ponerse a salvo. Y con la misma facilidad llegaba hasta las tranquilas aguas del mar en los calurosos días del estío. Nuestro héroe vivía satisfecho y despreocupado en este privilegiado rincón.

Pero, a pesar de todo, no era Roldán un ser alegre sino más bien parecía taciturno, casi triste. Vagaba errante y solitario en busca de algo que le faltaba a su vida, en busca de algo que le explicara su razón de ser. Un día, mientras caminaba hacia el mar para bañarse, se encontró con una jovencita tan bella como lo son todas las heroínas de leyendas. Estaba jugueteando con el agua y al percibir la presencia del intruso se volvió rápidamente. Sus ojos, de un azul profundo, le miraron con curiosidad pero sin temor. Y con ese gesto eterno de inconsciente coquetería, le ofreció agua en el cuenco de sus blancas manos. Rió la joven suavemente y rió el gigante con una carcajada, tan poderosa, que hizo estremecer a la montaña. Y volvió a reír gozoso y feliz como nunca. En su risa había algo hermoso, algo así como un acento de triunfo y de poderío.
¡El coloso se había convertido en un verdadero ser humano!
Desde este instante ya no se separaron. Roldán la condujo a su cabaña que, su gran amor, sabría transformar en un refugio grato para ella. Los dos gozaban de una felicidad perfecta. Dormían bajo las estrellas y Roldán sabía encontrar las hierbas más finas y más perfumadas para que sirvieran de lecho a la joven. La dicha duró muy poco tiempo.
Un día en que Roldán volvía a su cabaña contento y confiado, le salió al encuentro un extraño ser, una sombra más bien, de la que se desprendía algo siniestro y maléfico.
-¿Quién eres?–le preguntó.
La sombra aparentó no haberle oído y con voz helada, en la que no obstante se adivinaba un fondo de piedad, dijo:
-Corre si quieres encontrar viva a tu compañera pues cuando muera el día acabará también su vida. Cuando el último rayo de sol abandone tu cabaña, morirá.
Roldán partió veloz hacia su cabaña. La joven estaba muriéndose efectivamente, tal como le acababa de profetizar aquel ser malvado. Su pena y su desesperación no tuvieron límites. Se quedó paralizado en la entrada no atreviéndose ni a respirar por temor a que el más pequeño movimiento pudiera romper el frágil hilo que aún la unía a la vida. El coloso se irguió en toda su extraordinaria estatura y con fiero ademán amenazó al sol que, indiferente a su desesperación, caminaba hacia el ocaso con el mismo esplendor de siempre.
Roldán se repetía, una y otra vez, la profecía:“Cuando se oculte el sol, cuando su último rayo desaparezca de la faz de la tierra, morirá … morirá … ¡Morirá!
¡Y el sol se iba hundiendo cada vez más detrás de la montaña!
Enloquecido, ciego de dolor, salió volando más que corriendo hacia la cumbre del “Puig Campana” tras cuya ladera iba ocultándose el astro del día. De un furioso puntapié arrancó un enorme pedazo que salió por los aires y fue a caer en el mar. Por aquel hueco tan fantásticamente abierto siguió penetrando la luz del sol durante unos minutos más.
¡Unos minutos más de vida para su amada!
El sol, entonces, como un fugitivo despiadado se ocultó por completo…
¡Y la muerte cerró para siempre aquellos ojos tan bellos!

Con ella en brazos continuó andando errante bajo las estrellas, menos bellas y menos pálidas que el rostro que descansaba sobre su corazón ….
La salida de la luna, marcando una estela luminosa en el mar, atrajo su atención. Hacia allí se dirigió entonces como un sonámbulo, quien sabe si con la loca esperanza de que aquella luz que la diosa de la noche derramaba sobre el agua pudiera devolverle la vida a la niña rubia que parecía dormida. Con los ojos fijos en el disco de plata llegó hasta la playa. Penetró en las aguas, siguiendo siempre aquel camino fosforescente, cuya claridad le permitía contemplar otra vez el rostro amado. Nuestro héroe caminó hacia el fondo del mar llevando siempre en alto el cadáver hasta que su marcha se vio detenida por la isla recién nacida. Por un momento, amparado por una concavidad del islote, pudo aún defenderla. Después, vencido por completo, la depositó con infinito cuidado en ese mismo hueco..
No quiso regresar.
¿Cómo iba a dejarla tan sola y tan indefensa?
Se abrazó a ella para con su cuerpo seguirla amparando y protegiendo por toda la eternidad….
El “Puig Campana”, con su cumbre rota, es el más fiel pregonero de este hermoso y conmovedor romance.

Y lo mismo la sierra que la isla nos demuestran que ni aun las piedras son insensibles a la fuerza avallasadora de un gran Amor.



EL TIO ROC Y EL TESORO DEL CABEÇÓ D'OR

La última parada en este rumbo sur la realizamos en la comarca de l'Alacantí, que es donde está situada la Serra del Cabeçó d'Or. Esta espectacular sierra sigue el mismo patrón que las grandes sierras alicantinas, es decir, aislamiento, buenos desniveles, impresionantes crestas y caliza a cascoporro, por lo que es una sierra que hace las delicias de todo aquel excursionista ávido de un poco de aventura. Otro punto a destacar de esta sierra es el poder visitar la bella Cova de Canelobre.


La espectacular vertiente occidental de la Serra del Cabeçó d'Or.


Y es precisamente esa cueva uno de los escenarios que aparecen en la leyenda del Cabeçó d'Or, ya que dicen que allí había escondido un tesoro. La búsqueda de dicho tesoro involucró al Tio Roc, protagonista de la siguiente historia, extraída, al igual que la del Puig Campana, de la página Asociación Cultural Alicante Vivo.


El “tío Roc” tenía como ambición comprar más tierras para tener una vida mejor, pero como no tenía suficiente dinero, pidió un préstamo a uno de esos usureros de la época, que trabajaba para un marqués de Alicante.
Las condiciones que imponía aquel usurero eran tan duras que el “tío Roc” tuvo que hipotecar su propia finca.
-Quien no arriesga, no gana –le decía el prestamista.
El campesino aceptó las duras cláusulas de la hipoteca y regresó a su huerto.
Aquel invierno, no llovió nada, por lo que los viñedos se secaron. Para colmo, una terrible helada en febrero hizo perder la floración de sus almendros.
Luego llegó marzo, abril, mayo y junio, con el cielo cruel e impasible, que siempre amanecía azul y brillante.
Después de un verano abrasador, no hubo rogativas posibles: el huerto estaba destruido.
Aquel año, el hambre visitó las casas de muchos campesinos. Cuando llegó el usurero a recoger su dinero, el “tío Roc” no le pudo pagar. El marqués le quitó sus tierras y lo dejó en la calle.
Pero el campesino sacó fuerzas de donde no las tenía. Decidió irse a Barcelona a probar suerte. Con los cuatro reales que le quedaban, compró un pasaje en barco y se fue.
-Volveré rico.
Aquel día, durante la puesta de sol, un barco cargado de comerciantes partió del puerto de Alicante. En él iba nuestro campesino.
-¿Ha visto que bonita es la Sierra del Hombre? –le dijo un marinero.
-¡Querrá decir el Cabeçó! –replicó el “tio Roc”
-Nosotros lo llamamos Sierra del Hombre porque parece un hombre acostado; aunque también lo llamamos D´Or porque dentro tiene el tesoro escondido de los moriscos.
-Yo no me creo esas leyendas.
-Pues le puedo asegurar que es cierta. En el Cabeçó hay una cueva llamada “Canelobre”, y dentro de ella un tesoro morisco que nadie se ha atrevido a buscar.
Aquellas palabras despertaron la curiosidad del campesino, que le pidió que le contara la historia.

Allí, al pie de la montaña, hay un pueblo llamado Busot, que siglos atrás estaba habitado por moros y cristianos. Todos vivían en paz, aunque los cristianos mandaban y los moros obedecían. Entre los segundos, había un hombre rico muy importante, llamado Alí, que tenía una bella hija llamada Gessamina.
Un día llegaron noticias que los cristianos se habían sublevado en armas y que los moriscos corrían un serio peligro. Lo más sensato era abandonar aquellas tierras.
-Hija mía, esta tarde subiré a las Cuevas de Canelobre y esconderé un cofre lleno de oro y joyas. Si algún día me pasa algo, podrás cogerlo y vivir bien -le dijo Alí a su hija-. Lo enterraré a la entrada de la cueva, a los pies de una piedra que se ilumina con los últimos rayos de Sol.
Aquella tarde, tras esconder el tesoro, Alí fue asesinado por unos cristianos del pueblo a mitad de camino entre Busot y el Cabeçó. La princesa Gessamina, al ver que su padre no regresaba, decidió subir a las Cuevas a buscarle. Al llegar a la última curva antes de la subida, descubrió el cuerpo de Alí tendido en el suelo, sin vida.
Mientras estaba sentada junto al cadáver de su padre, llorando, escuchó a sus espaldas unas terribles voces. Eran los asesinos de Alí, que iban también en busca de Gessamina. Rápidamente, entró en la caverna: ella conocía un pasadizo que desde la Cueva de Canelobre, bajo la montaña, salía al mar por la Cueva del Llop Marí en El Campello.
Por esta galería huyó la princesa, mientras los cristianos gritaban:
-Mora… Di dónde está el tesoro o te mataremos.
Gessamina, desde el interior del Cabeçó D´Or grito:
-Nunca. Y pobre de aquel que robe mi tesoro. Morirá como mi padre.
Estas palabras, pronunciadas con tanta amargura, hicieron que los asesinos huyeran por donde habían venido”.


El marinero concluyó el relato al mismo tiempo que el barco se alejaba de la costa. La imagen de la montaña desaparecía en lontananza, entre la penumbra de la noche.
El “tío Roc” fue a Barcelona.
Pero las cosas no fueron tan fáciles como él pensaba. Allí, por las noches, el campesino recordaba la historia del tesoro del Cabeçó. Pronto se convirtió en una obsesión para él.
Un día, el “tío Roc” pensó:“Roc, en Barcelona no saldrás de pobre”. Y decidió regresar a Alicante.
Embarcó en el mismo mercante que había utilizado para su marcha. Cuando la embarcación estaba cerca de la costa alicantina, el campesino vio la figura de la montaña, majestuosa, rodeada de una fina capa de niebla blanquecina.
Con la intención de buscar el tesoro de Alí, el labrador compró en Busot un capazo de esparto y una pala, y se dirigió hacia las Cuevas de Canelobre.
No sabemos si encontró o no el tesoro.
Pero la verdad es que un buen día el “tío Roc” apareció por Alicante con camisa nueva, traje y elegante sombrero. Había recuperado sus tierras y ahora dedicaba su tiempo libre a cazar con gente de la alta sociedad.
Ya era el rico “tio Roc”.
Pero un día, mientras cazaba patos con un amigo, entre altos cañizos, alguien disparó accidentalmente su rifle y mató al campesino.
Su cuerpo cayó al suelo, inerte.
La maldición de la princesa mora se había cumplido.



LAS PISADAS DEL DIABLO.

Ponemos rumbo norte y hacemos escala en el Sistema Ibérico, del cual descubriremos algunas leyendas. Nos situamos en la turolense Sierra de Albarracín, entre las localidades de Calomarde y Frías de Albarracín discurre el Barranco de la Hoz, también conocido como el Río Blanco. Desde hace un tiempo se ha equipado ese recorrido junto al río con puentes, pasarelas y escaleras que permiten disfrutar al caminante de la peculiar geología de este curso fluvial, convirtiéndose esta ruta, en poco tiempo, en uno de los principales reclamos turísticos de la zona.


El Molino de las Pisadas de Frías de Albarracín, con un árbol incrustado en su balcón.


Más o menos a mitad camino de ese recorrido se halla el Molino de las Pisadas, y en él transcurre la leyenda que viene a continuación que tiene como protagonistas a la familia del molinero y al mismísimo diablo. Leyenda extraída del blog Miscelánea Turolense.


Hace ya muchos, muchísimos años, que vivía en este lugar un molinero con su mujer y sus tres hijos, todos ellos varones. El trabajo se lo repartían entre el molino, la tejería, el ganado, el cultivo de las parcelas del campo y un cerrao para la verdura. La mujer del molinero hacía las faenas de la casa, aviaba a los animales del corral y echaba una mano en aquellos quehaceres en los que disponía su marido. La vida les sonreía y la prosperidad de la casa iba en aumento. Tenían en abundancia leche, lana, carne y pan, amén de los frutos del campo y de la huerta.
Sin embargo, un buen día comenzaron a notar que los animales no daban leche y que los cultivos del campo y, también del huerto, se secaban, morían sin dar fruto por culpa de un polvo amarillento que los cubría. Al tiempo, sentían un fuerte olor semejante al azufre que impregnaba todo el ambiente en torno al molino, la tejería y las tierras circundantes. Preocupado por estos sucesos extraños, el molinero se preguntaba cuál sería la causa de los males que de repente les venían.
Por esta razón, el padre reunió a toda la familia en torno al hogar y les dijo -Algo malo está sucediendo en nuestro entorno y no sabemos que puede ser. Será preciso que vaya al pueblo a consultar con el señor cura para ver si él, con su buen saber y entender, puede darme alguna solución para nuestros males, pues los males que nos aquejan, bien pudieran proceder del Maligno-. Todos comprendieron que lo que decía el padre era una cosa razonable y todos asintieron. De esta manera el padre marchó al día siguiente, de buena mañana, hasta la próxima localidad de Frías de Albarracín a tratar el asunto con el cura del lugar.
De vuelta a casa, de nuevo, el padre reunió a toda la familia y les expuso lo que le había indicado el señor cura del lugar. Efectivamente, se trataba de un diablo que toma esta ruta camino de las minas de azufre de Libros. A su paso, deja tan pestilente olor, por ser ésta consustancial a su naturaleza y devasta, los ganados y las despensas que quedan sin protección de los muros de la casa y del Santo Crucifijo. Por tanto, el buen párroco me ha recomendado, que todo aquello que tenga algún valor deberá ser protegido colocando sobre el objeto o, delante del objeto, un crucifijo bendecido. Para capturar al diablo deberemos, primero, saber cuál es su camino. A tal efecto, realizaremos una gran molinada con la mitad del grano que tenemos almacenado, luego, deberemos extender la harina en una franja longitudinal en la misma dirección en la que baja el río. Por la mañana deberemos levantarnos al alba, antes de que ningún animal haya hollado con sus patas la harina y así descubrir la trayectoria del diablo conforme deje sus pisadas marcadas en el polvo blanco.
Cuando por las pisadas sepamos su trayectoria, dice el señor cura, deberemos prepararle una celada. Tal trampa consistirá en un agujero redondo y profundo escavado en el suelo y cubierto con musgo y, sobre él musgo, harina. Al caer el diablo en el agujero, un zeprén que me ha confeccionado el herrero de Frías, que a su vez va unido a una gran piedra de molinar cerrará, sellando, la boca del pozo. Para que el diablo no pueda escapar, deberemos estar al acecho y una vez que veamos moverse la piedra y enclavijarse en el brocal, colocar sobre ella un Crucifijo. De esta forma, el diablo ya no podrá escapar jamás.
Todo se preparó conforme el molinero había relatado a su mujer e hijos. No tardó el diablo en pasar de nuevo por el molino pero, esta vez, cayó en la trampa. Desde entonces el diablo permanece prisionero bajo el crucifijo y bajo la gran piedra de moler que lo aprisiona y le impide salir. Las gentes del lugar creyeron lo que les contaba el molinero porque esa noche el diablo dejó sus pisadas marcadas sobre la harina. No cabía ninguna duda, era un diablo de cinco garras y, cada garra, tenía tres dedos. Sus huellas han permanecido hasta hoy día confundidas por los expertos con ignitas, en el entorno del molino, a pesar de que éste se encuentra desde hace mucho tiempo en ruinas.

Los diablos dejaron de pasar por Frías de Albarracín a mediados del siglo XX, cuando las minas de azufre de Libros cerraron definitivamente. Sin embargo ahora, el temor vuelve a sacudir la comarca pues, un caminante, que desconocía la razón del Crucifijo lo retiró dejando al diablo en libertad. Algunos lugareños dicen haberlo visto rondar por el Cañón de los Arcos, en actitud desesperada.


EL VUELO DEL TÍO CHAMANA.

Volamos, y nunca mejor dicho, a la Serranía de Cuenca. En esta sierra nacen, y es atravesada, por muchos ríos, por lo que es muy común encontrar desfiladeros, hoces las llaman allí, quebrantando su increíble orografía. Una de las más espectaculares es la Hoz de Tragavivos, labrada por el Guadiela. Esta hoz resulta una de las mejores de la Serranía para deleitarse de cerca con el vuelo de los buitres, ya que los hay en abundancia allí.


La Hoz de Tragavivos, vista desde uno de los múltiples covachos que horadan sus paredes.
Los buitres, amos y señores de la Hoz de Tragavivos. Foto de Toni Virtudes.


Pero en el pasado no solo habitaban los buitres en esta hoz, se dice que en una de sus cuevas vivía el Tío Chamana, un solitario pastor del que decían que tenía una conexión muy especial con estas aves. Esta leyenda llegó a mis oídos, no podía ser de otra manera, por boca de mi buen amigo Toni Virtudes Segarra, del blog Magia Serrana, y además cuando caminábamos por el interior de la misma Hoz de Tragavivos. Como no encontré ninguna referencia sobre ella en Internet le pedí a Toni que me escribiese, en su estilo, y expresamente para esta entrada un relato sobre el Tío Chamana y sus amigos alados. Así que en esta entrada tenemos el lujo de contar con la colaboración especial de Toni, el mejor embajador de la Serranía en la red, y su prosa. Mil gracias amigo!!.


El relacionarse con otros congéneres suyos nunca lo había llevado bien el Tío Chamana. Los silencios compartidos con otras gentes le incomodaban. Se puede decir que su don social era nulo, todo lo contrario que sus ganas de vivir apartado, a sus cosas, su soledad  y sus animales. Se pueden contar con los dedos de una mano los amigos que tenía, a saber: el tío Blas, arriero de Arrancacepas, Zacarías, alias Siglo, de Buenache de la Sierra, pastor como él, y dos o tres más.
Aunque disponía de casa en su pueblo, Cañizares, llevaba ya unos años que apenas la pisaba. La poca familia directa que le quedaba le había dejado de importar, aparte que no eran de su agrado. Llevaban ya años rumiando habladurías y chismorreos sobre él que no le importaban lo más mínimo. Que si era amigo y volaba agarrado a los buitres, que sí iba con una ardilla al hombro, que si pitos, que si flautas. En fin, eran tantas sus ganas de vivir solo y desapercibido que, aunque el rebaño lo guardaba arriba en la muela, se había buscado habitar en un enorme roca toba llena de covachos dentro de la Hoz del río Guadiela, lo que en Cañizares llaman la Hoz de Tragavivos. Un lugar puto que, por lo hosco y duro que era llegar hasta allí dentro, era muy poco frecuentado por las gentes varias.
Lo que Chamana no entendía, no solía darle muchas vueltas a la cabeza pero sí era cierto que había una cuestión que le intrigaba un poco. Llevaba mucho tiempo soñando algo recurrente, que dicho verdad no le incomodaba, sino todo lo contrario, le agradaba y hasta le jodía despertarse, pues se encontraba muy cómodo, como sí flotara. En el sueño se encontraba arriba en la muela, donde entra el Arroyo de las Loberas en la Hoz, y dos buitres a un lado suyo comenzaban a volar y él se cogía a las patas remontando el vuelo con ellos. Llevándole en ligero descenso, dirección hacia el Estrecho de Madereros, aunque antes de llegar giraban a izquierdas para enfilar y sobrevolar todo a lo largo la Faja de Rocines y de ahí, dejando a espaldas la Hoz Somera, descender en pequeños círculos concéntricos sobre la toba superior de su covacho.
-¡Al final van a tener razón mis paisanos del pueblo con lo de los guitres, copón!  Se dijo una de las veces que despertó bruscamente del sueño, cuando estaba amaneciendo. Como siempre, encendió fuego, se preparó café y un cigarro de liar, saco la botella de Licor Benedictine que le regaló Siglo la última vez que se vieron, y lanzó la mirada hacia el otro lado de la Hoz, donde el Canalón, viendo como la luz de la mañana iba inundando la hoz y comprobando que el ruido del café al hacerse al fuego agitaba a los 8 o 9 buitres que dormitaban en los bordes de la entrada del covacho.  Hacía ya años que estas aves carroñeras entraban en los covachos como si fueran buitreras y vivían con él en perfecta armonía. De hecho, Chamana los consideraba parte de sus animales, como las cabras y ovejas del rebaño.
-¡Ea! A lo mejor de ahí viene to la historia de volar agarrao a ellos, de lo arrejuntao que estoy a los guitres.  Se dijo de repente mientras le pegaba un buen tiento al Licor Benedictine, recreándose con gozo otra vez en ese vuelo tan real sobre la Hoz de Tragavivos asido a las duras patas de estos bichos amigos.


ZACARÍAS Y EL LOBO.

Seguimos en la Serranía conquense y aterrizamos en el Monumento Natural de las Torcas de Palancares y Tierra Muerta. Allí podremos visitar las famosas Torcas o Dolinas que hacen tan peculiar a este paraje. Es un deleite pasear por allí y contemplar estos hundimientos erosivos del terreno, que alcanzan hasta los 90 metros de profundidad, estando algunos inundados de agua, como las Torcas de Cañada del Hoyo, formando bonitas lagunas.


La impresionante Torca del Lobo. Una de las muchas que podemos encontrar en este monumento natural de las Torcas de Palancares.



En el Monumento Natural encontramos más de 30 Torcas, cada una con su nombre. A una de ellas se la conoce como la Torca del Lobo, y encierra una leyenda, y sus protagonistas son el magnífico Canis Lupus, evidentemente, y el pastor Zacarías ¿será el mismo Zacarías amigo del Tío Chamana?. Texto extraído de la página Ecoexperience-Experimenta Cuenca.


Cuentan, que muy cerca de la zona de las torcas Zacarías, un pastor conocido por su mal humor, tenia un pequeño corral donde guardaba sus ovejas, noche tras noche, Zacarías veía que alguna de sus ovejas era atacada por los lobos de la zona, así que junto con un grupo de pastores de los aledaños se decidieron a acabar con todos estos lobos.
Cuando se pensaban que no quedaba ni un sólo individuo, una noche de invierno, Zacarías encontró otra de sus ovejas muerta, por lo que cogió su rifle y se decidió a adentrarse en el bosque a acabar con este lobo, cerca de la zona de la Torca que hablamos, vio algunas huellas de lobo en la nieve, así que se decidió a seguirlas, y estas le llevaban a una pequeña cueva que había en las paredes de la torca y esperó a que el lobo apareciera de nuevo.
Al cabo de un buen rato y con Zacarías casi congelado del frío apareció el gigantesco lobo, así que el pastor disparó rápidamente y solo logro herirle en la pata, de manera que fue bajando hasta la cueva para acabar con el, con tan mala suerte que Zacarías resbaló y cayó.
El lobo que vio como el pastor caía se acercó a él, Zacarías gritaba asustado pensando que el lobo le comería, pero todo lo contrario, le agarró de la camisa y lo pasó al interior de la cueva, donde le dio calor y alimento para que no muriese de hambre y frío.

Tras varios días en la cueva Zacarías volvió al pueblo y contó a todos los vecinos lo que le había pasado, los cuales le tomaron por loco, pero no le importaba, el había descubierto un gran amigo en el lobo y desde este día, pasaba todas las tardes por la torca a llevarle carne y algo de alimento y jugaba con el como si de un perro se tratase.

LAS LEYENDAS DE LA LAGUNA NEGRA.
Nos vamos un poco más al norte y nos detenemos en los Picos de Urbión, montañas que ven nacer al gran Duero. Son muchos los alicientes que estas montañas ofrece al excursionista; la subida al Pico o Muela de Urbión, la visita al propio nacimiento, o las diferentes lagunas que hay diseminadas en las cuencas glaciares de esta sierra. Y entre todas esas lagunas, la más destacada y famosa es la Laguna Negra, esa que inspiró a Machado y a otros tantos escritores.


Tranquilas, y en esta foto verdosas, aguas, de la Laguna Negra.


Y es por eso, que al ser musa de tantos escritores, giran tantas leyendas alrededor de la Laguna Negra, difícil decantarse por una, por eso he optado por recurrir a un artículo de Turismo Soria, que recopila las leyendas y relatos que nacieron de la pluma de grandes escritores.

Las Tierras de Alvargonzález” es la leyenda más conocida actualmente sobre la Laguna Negra de Urbión. Su autoría, como se sabe, corresponde a Antonio Machado que, durante su estancia en Soria como profesor de francés y donde se casó con Leonor Izquierdo, aprovechó el ciclo festivo estudiantil de San Saturio, en octubre de 1910, para subir el día 5 hasta el pico de Urbión y conocer la Laguna Negra. La leyenda, en prosa, se publicó en la revista francesa “Mundial Magazine” en enero de 1912 y tres meses después, como romance, en “La Lectura de Madrid”, incorporándose en verso a “Campos de Castilla” en junio. Esta leyenda machadiana, totalmente inventada aunque inspirada tal vez en la crónica negra soriana de la época, sustenta la turística Ruta de Alvargonzález que, desde Soria pasa por Cidones para adentrarse en el término de Vinuesa y llegar hasta Covaleda para ascender hasta los Picos de Urbión, proseguir hasta Laguna Negra, bajar hasta Vinuesa y retornar a la capital.
La leyenda machadiana describe un parricidio, la del patriarca Alvargonzález, por dos de sus hijos que quieren heredar pronto sus tierras, las cuales dejan de producir tras su asesinato. El tercero de los hijos vuelve como rico indiano y les compra parte de las tierras, las cuales vuelven a fructificar y provocar la ira y envidia de sus dos hermanos que, finalmente, le matan también pero, llevados por el remordimiento, huyen del lugar y ascienden a la Laguna Negra a la que echaron antaño el cadáver del padre con una piedra atada a sus pies, y allí perecen: “Otro día, los hijos de Alvargonzález tomaron silenciosos el camino de la Laguna Negra. Cuando caía la tarde, cruzaban por entre las hayas y los pinos. Dos lobos que se asomaron a verles, huyeron espantados. Al llegar a la laguna contemplaron un momento el agua tranquila. ¡Padre! gritaron, y cuando en los huecos de las rocas el eco repetía: ¡padre! ¡padre! ¡padre! ya se los había tragado el agua de la laguna sin fondo”.

Ocho años antes de que Antonio Machado conociera la Laguna Negra de Urbión otro ilustre escritor, Pío Baroja, en “El Mayorazgo de Labraz” de 1.903, escribe: “Porque es una laguna donde hay una mujer que vive en el fondo y mata al que se acerca. Todo el que mira en esa agua muere”.

Anteriormente, en 1882, Erasmo Llorente, en su relato “Urbión y la Laguna Negra. Vistas de un paisaje” recopila varias consejas orales de la zona:
Hay quien cuenta y cree que no reconoce por asiento el suelo; quien dice como cosa cierta y vista, haberse sumergido en ella un carnero suspendido por una cuerda asegurada á sus enroscados cuernos y momentáneamente al hacer la extracción solo el esqueleto salió: quién cree también que las ruidosas tempestades que se estrellan con furia contra la tierra salen de allí; quién asegura y hasta da señales de haber visto los restos, que hubo de aventurarse en una ocasión un curioso a sondearla con un barco que en sus orillas fui construido á éste fin, y apenas se había internado en ella fue sumergido bruscamente, desapareciendo para siempre entre sus misteriosas aguas; quién en fin, tiene en su memoria una colección de historietas en forma que hacen de ésta Laguna un lugar misterioso y encantado que llenan de admiración a los corazones sencillos de hombres ignorantes y mujeres histéricas, que los creen y recitan con la misma facilidad que pudieran hacerlo con un pasaje bíblico ó religioso”.
Erasmo Llorente añade que, en un día estival despejadísimo y claro, un viajero tiró una piedra a la Laguna y del sitio donde se sumergió surgió una niebla que fue ascendiendo y engrandeciéndose a la par que se oían bramidos y las nubes granizaron mientras parecían surgir de la Laguna “dos horripilantes y atronadoras voces” y vio bajo el agua “una monstruosa figura al parecer humana, de colosales formas que cruzaba por la superficie de las aguas con un aspecto feroz, terrible e iracundo sosteniendo entre sus desmesuradas manos otra horrorosa figura como de una serpiente que no dejaba ver sobre el agua más que su espantosa cabeza. Era ésta de un monstruo infernal, cuyos espantosos ojos de un color rojizo cual dos ascuas incandescentes que á porfía parece querían salirse de sus órbitas. Su deforme boca entreabierta dejaba ver sus largos y afilados dientes entre los cuales salía sirviéndole de aliento oscuro vapor como el que despide el cráter de un volcán en estado de corrupción. Esta figura formaba el aspecto más feroz y terrible imaginario… ”Además observó otras ondulaciones provocadas por otro monstruo. Y todo ello desapareció al terminar la tormenta.

Dos años antes, en 1880, Juan José García publica "Una visita a las Lagunas de Urbión", donde escribe: "Hay quien dice haber visto salir de sus tenebrosas ondas un monstruoso animal bajo la forma de un gigantesco lagarto, y haber sido largo rato perseguido por sus aceradas uñas, quien desmesuradas serpientes y extraños y singulares pescados; otros dicen haber arrojado un carnero al fondo de las aguas suspendido en el extremo de, una larga cuerda, y al extraerla á los pocos instantes haber sacado sólo el esqueleto. Hay quien cree que la laguna no tiene fondo; hay quien siente sus bramidos á tres leguas de distancia y quien la considera como el taller y fragua donde se forjan por misteriosos ciclones todas las tempestades de la comarca..".


La más antigua referencia que conocemos se encuentra en el “Libro de grandezas y cosas memorables de España” escrito por Pedro de Medina e impreso en 1548 y que tuvo varias reediciones, en una época en la que se consideraba que la Laguna Negra servía de manadero o nacimiento del río Duero (opinión que subsistió varios siglos, por cierto). En esta temprana mención a la Laguna Negra escribe Pedro de Medina: "Nace el río Duero en unas tierras que se llaman Orbión de una laguna que está en lo más alto muy grande y tan honda que no le alcanza el fondo. En ella han aparecido cosas monstruosas y horribles. Está tan alta que en todo tiempo del año se halla en ella nieve."


EL MONCAYO Y EL OCEJÓN, HERMANOS DE PIEDRA.


Vamos ahora a hablar de dos grandes montañas. El Moncayo, techo del Sistema Ibérico, se alza imponente y aislado sobre la llanura del Valle del Ebro, convirtiéndola en una de las montañas más reconocidas del Estado, y que es visitada cada año por miles de excursionistas que anhelan conquistar su cima y sentir en su piel su famoso Cierzo.
El Ocejón, aunque se considera que está dentro de la Sierra de Ayllón, esta un poco individualizado de esta. Es un pico prominente y aislado, lo que le confiere entidad. En sus faldas podemos encontrar una serie de pueblos, que al estar construidos con la negra pizarra de la zona se les conoce como los Pueblos de la Arquitectura Negra.


La población de Trasmoz, con la Sierra del Moncayo nevada de fondo.

El gigante Ocejón, visto desde los alrededores de Valverde de los Arroyos.



¿Y qué relación guardan el Moncayo y el Ocejón, estando uno en la Ibérica y el otro en la Central?, pues los une una leyenda, que involucra a una tercera montaña; el Alto Rey, y que habla del castigo de un padre a la avaricia de sus tres hijos. Esta leyenda la he encontrado en la página Remember-Viajero del Tiempo.

Existe una antigua leyenda sobre el pico Ocejón, el Moncayo y el Alto Rey. Según cuenta dicha leyenda, un poderoso Señor de una tribu prerromana, que además tenía poderes de brujería, era poseedor de grandes riquezas y de un extenso territorio entre lo que hoy son las provincias de Zaragoza, Soria y Guadalajara. Al enviudar tuvo que hacerse cargo de sus tres hijos, la envidia y la codicia por conseguir la herencia de su padre hacía que los tres hermanos se llevasen muy mal.


Las duras peleas entre los hijos eran cada vez más frecuentes, hasta que el padre, harto de sus disputas, decidió castigarles con una maldición eterna, de tal manera que pudieran verse siempre pero no pudieran hablarse nunca, les convirtió en tres altas montañas que situó a cada extremo de su territorio, para que además sirviera de ejemplo para las tribus cercanas: el mayor, Moncayo; el mediano, Ocejón, y el pequeño, Alto Rey.


En la ermita situada en la cima del Alto Rey se puede contemplar un grabado en la piedra en la que se muestran tres cabezas situadas las unas al lado de las otras de la misma manera que se sitúan geográficamente el Moncayo, el Ocejón y el Alto Rey.


LA PASTORA DE LA LAGUNA GRANDE DE PEÑALARA.

Y ya que hemos venido al Sistema Central aprovechamos para acercarnos a la Sierra de Guadarrama. Allí encontramos el Macizo de Peñalara, que como sabréis es el punto más alto de la Comunidad de Madrid y de la provincia de Segovia. Pero para mi el mayor atractivo de este macizo está en su vertiente oriental, que esconde un precioso circo lacustre y granítico de origen glacial, de obligada visita si se viene a caminar por estas montañas.


La Laguna Grande de Peñalara, a buen recaudo en su circo granítico.


Y en ese conjunto lacustre destaca sin duda la Laguna Grande de Peñalara, cuyas aguas esconden alguna que otra leyenda. La que aquí expongo habla sobre una pastora con aviesas intenciones. La fuente consultada ha sido al igual que en la leyenda del Ocejón y el Moncayo, la página Remember-Viajero del Tiempo.


Se cuenta que cada noche de difuntos emerge del centro de la laguna un islote donde se distingue la figura de una pastora, entre luces misteriosas. Al parecer, hace mucho tiempo una pastora de la zona extravió un cordero entre las rocas, atraída por unos extraños ruidos que provenían de las oscuras aguas de la laguna, pensando que eran los balidos del cordero se adentró en la laguna para intentar salvarle y se ahogó sin remedio. También hay quien dice que la pastora se convirtió en hada o ninfa de las aguas y que con su dulce canto intenta atraer a los montañeros que andan por la zona para ahogarles en la laguna.


LA GIGANTA DE LOS MALLOS DE RIGLOS.

Viajamos ahora hacia el norte, poniendo rumbo a los Pirineos, pero antes haremos una breve parada en el Pre-pirineo Oscense, y más concretamente en los Mallos de Riglos, que poca presentación necesitan. Si combinamos las palabras escalada y España enseguida nos vendrán a la cabeza estas potentes torres de conglomerado que vigilan el curso del Río Gállego, y asociaremos nombres como el Puro, la Visera, el Fire o el Mallo Pisón, y leyendas de la escalada como Rabadá y Navarro.


Riglos, y sus impresionantes Mallos, vistos desde el monumento a Rabadá y Navarro.


Son tan grandes y emblemáticos estos Mallos que raro hubiese sido que no se les hubiese asociado una leyenda. Pues la tienen, y esta nos habla de una solitaria anciana de la zona, que huyendo de la palabrería de la gente decidió hacer de los Mallos su hogar. Leyenda extraída de la página Cima Norte.


Cuenta la leyenda que en Foz de Escalete, una pequeña aldea de la zona, vivía una extraña y solitaria anciana. Diferente al resto. Tenía una gran estatura, casi gigante, y entre los vecinos tenía fama de bruja. Ella era hilandera y solía mojar el lino en las limpias aguas del río Gállego. A sus espaldas decían que era amiga de los seres malignos y tenebrosos que merodeaban en el bosque. Sin embargo, nunca había hecho mal a nadie. Amaba la naturaleza y los animales que vivían en ella.
Un día, cansada de la gente y del rechazo que siempre le habían mostrado, decidió abandonar el pueblo y refugiarse en la naturaleza. Ahí se sentía libre y segura. De la nada, hizo aparecer dos moles de roca de un tamaño inmenso. Las levantó en el aire y con una fuerza sobrehumana las clavó junto al río Gállego. Se dice que desde entonces se refugia y oculta en ellas, lejos de las personas.


Nadie volvió a verla hasta la noche de San Juan. Cuentan las gentes del lugar que cada 23 de junio, cuando llega la medianoche, se le puede ver sentada en O Pisón, el más grande de los mallos. Ahí descansa tranquila. A veces remoja el lino con el que hila en las aguas del río y otras se peina cuidadosamente su largo cabello blanco.



EL DRAGÓN DE PEÑA OROEL.

Seguimos en el Pre-pirineo de Huesca y aprovechamos para hacer parada en Jaca. Si alguna vez habéis estado allí, y habéis mirado al sur no os habrá pasado desapercibida una montaña de largo cordal, que finaliza en abrupto espolón. Se trata de la Peña Oroel, todo un símbolo para los jacetanos. Desde su cima, coronada por una gran cruz, obtendremos una privilegiada visión del sector más occidental de los Pirineos.


Dos símbolos de Jaca en una sola foto. Su Ciudadela y Peña Oroel.


Gracias a la página Cima Norte he podido saber que las laderas de Peña Oroel también guardan una leyenda. En ella se cuenta que un dragón habitaba la montaña, y como un joven, con inesperada ayuda, logró vencerlo.

Hace muchos muchos años, los dragones habitaban las montañas del Pirineo. Eran seres temidos y poderosos, capaces con su fuego de acabar con rebaños enteros. Tenían fama de invencibles y nadie se atrevía a hacerles frente.
Cuenta la leyenda que entre las grandes rocas de la Peña Oroel, habitaba un feroz y aterrador dragón. Durante siglos, las gentes del valle vivieron aterradas. El dragón atacaba el ganado y raptaba a los niños de los pueblos cercanos.
En la cárcel se encontraba preso un joven, acusado de juntarse y defender a las brujas del valle. Con gran valor y osadía, el joven propuso un trato. Si acababa con el Dragón de Oroel, lo dejarían libre. Y así podría volver a casa.
El Dragón descansaba en una gran cueva, cerca de la cima. Y el joven iría en su encuentro. Sin embargo, gracias a la amistad que tenía con las brujas del valle, antes de partir le desvelaron un secreto: «los dragones tienen un poder especial», le dijeron. Eran capaces de hipnotizar a sus víctimas con la mirada.
Con gran audacia y sabedor del consejo que le dieron las brujas, se le ocurrió una idea. Pulió su escudo cuidadosamente, para que en él se viera el reflejo. Como un espejo.
Partió hacia Peña Oroel y encontró la cueva donde el dragón dormía tranquilo. Cuando despertó, el dragón miró al joven, quien le mostró su escudo. Con su mirada reflejada en el brillante metal, el dragón quedó hipnotizado y cayó al suelo. Entonces el joven aprovechó para darle muerte con su espada.
De esta forma, el chico logró liberar del miedo a todo el valle y quedó libre de su condena. Volvió a casa y agradeció tremendamente a las brujas el consejo que le habían dado. Sin ellas, no lo hubiera logrado.


Cuentan que todavía hoy, es posible encontrar la cueva del dragón entre las rocas de Peña Oroel.




PIRENE, HÉRCULES Y EL ORIGEN DE LOS PIRINEOS.

Y por fin llegamos a los Pirineos!!. Espectacular cadena montañosa que se extiende cerca de 500 kilómetros entre el cantábrico Higer Lurmuturra(Cabo Higuer) y el mediterráneo Cap de Creus. Divisoria de las aguas que van al Atlántico de las que van al Mediterráneo. Morada de profundos y caudalosos valles, sobre los que se alzan potentes y altos macizos montañosos, en los que destacan numerosas cumbres de más de 3000 metros. Para el excursionista, montañero, alpinista o amante de la naturaleza en general, todo un paraíso.


El Aneto con su glaciar, montaña más alta del Pirineo, visto desde la vecina cima de la Maladeta.


Y para empezar a desgranar las leyendas alrededor de este paraíso, que mejor que empezar con la que cuenta el origen del mismo. En ella descubriremos la historia de amor entre Pirene y Hércules. El origen de esta leyenda al parecer se remonta a la época de los antiguos griegos. Circulan varias versiones diferentes de esta leyenda, a mi la que más me ha gustado ha sido esta que he tomado prestada de la página Planesqui.


Hace muchísimos años, en las tierras en las que hoy se erigen imponentes los Pirineos, había bosques de una inmensidad inimaginable, en los cuales vivía una ninfa de belleza incalculable que fue nombrada por Zeus cuidadora de las aguas que allí había. Esta preciosa ninfa se llamaba Pirene.

Cuenta la leyenda que Pirene era preciosísima y que muchos hombres caían rendidos a sus pies y uno de ellos fue Hércules, el cual fue correspondido por la bella ninfa. Este amor, sin embargo, se truncó ya que el padre de Pirene, Tubal, rey de aquellas tierras por aquel entonces, desterró a Hércules para que no se pudieran amar.
Pirene, triste y con el corazón roto, vagaba por los bosques y montes, esperando a que Hércules regresara y pudieran escaparse para vivir su amor.
En uno de sus tristes paseos por el bosque, la bella Pirene se topó con Gerión, un monstruo de tres cabezas que estaba enamorado de ella y que intentó poseerla.
Pirene pudo escapar pero Gerión, enfadadísimo, incendió el bosque donde la bella ninfa se escondió.
Un águila que lo había visto todo fue al encuentro de Hércules para advertirle de lo sucedido pero cuando este llegó, Pirene sólo tuvo tiempo de oír la promesa de amor eterno de su amado y murió.

Cuentan que Hércules, entonces, roto por el dolor, la enterró y construyó un mausoleo para su amada colocando enormes rocas encima de su cuerpo. Era tan grande su tristeza y su dolor por la pérdida de su amada, que el mausoleo se convirtió en unas enormes montañas de piedra, las cuales dieron lugar a la cordillera que actualmente se conoce como Pirineos que es sin duda, tan hermosa como la bella ninfa que reposa a sus pies.



LA PEÑA FORATATA, LOS DIOSES Y LAS HORMIGAS.

De todos los valles pirenaicos el Valle de Tena es el primero viniendo desde el Cantábrico en el que podemos encontrar montañas de 3000 metros, tales como el Balaitús, la Gran Facha, el Garmo Negro o los Picos del Infierno. Pero también hay otras montañas de menor altura que resultan muy sugerentes, como el Anayet, el Palas, el Arriel, Peña Telera o la Peña Foratata, cuya silueta bicéfala, presidiendo las aguas del Embalse de Lanuza, se ha convertido en una de las imágenes más representativas del valle.


La imponente Peña Foratata, elevándose 1000 metros sobre las aguas del Embalse de Lanuza.

El coqueto Anayet, mirándose en su espejo acuático.

El coloso Balaitús, ejerciendo su dominio sobre todas las montañas del Valle de Tena.


Y es precisamente la Peña Foratata el escenario de nuestra siguiente leyenda, en la que también aparecen otras de las montañas mencionadas en el párrafo anterior, solo que materializadas en dioses. La leyenda la he extraído del blog Sallent de Gállego.


Anayet y Arafita eran dos dioses Pirenaicos más honrados y pobres del lugar, ya que habían sido despojados de todas las cosas valiosas y bonitas: los pinares, los senderos... Eran pobres pero dichosos, ya que tenían una hija preciosa e inteligente que se llamaba Culibilla.

Era tal su belleza, que a Culibilla la pretendían todos los Dioses Pirenaicos, pero a ella no le interesaba ninguno y los rechazaba a todos. Le gustaba jugar con unas hormigas blancas que trabajan incansables en el Valle. Era tan numerosa la cantidad de hormigas, que Culibillas bautizó este lugar como El Formigal.

Pero un día el gran dios Balaitous, el más poderoso de todos, se fijó en ella. Balaitous era muy temido, cuando se ponía furioso provocaba tormentas que azotaban los montes. A Culibilla tampoco le interesaba este temido y malvado dios, e ignoró su ofrecimiento. Pero Balaitous, que nunca había sido rechazado, montó en cólera y decidió ir a buscar a Culibilla. Cuando acudió a raptarla y llevársela para siempre, Culibilla grito -¡a mí todas las hormigas!- y millones de hormigas blancas acudieron en su ayuda y la cubrieron por completo para protegerla. Balaitous huyó horrorizado y nunca más volvió a acercarse a Culibilla.


Como agradecimiento a las hormigas, Culibilla se clavó una daga en el pecho para guardar dentro de su corazón todas las hormigas que le ayudaron. Ahora, la Peña Foratata es su pecho y cuentan los habitantes del lugar que cuando pasean por el Valle y se acercan a la Peña, se oyen los latidos del corazón de Culibillas. Cuentan que desde entonces ya no se ven más hormigas blancas en el Valle.



ROLAND, DURANDARTE Y LA BRECHA.


Le llega el turno a uno de los lugares más conocidos de todo el Pirineo, la Brèche de Roland o Brecha de Rolando, que poca presentación necesita. Bestial hendidura en la pared, entre las cimas del Casco y el Taillón, y quizás el paso de montaña más célebre de toda la cordillera pirenaica, que además de por sus dimensiones destaca por el entorno que tiene alrededor, a un lado, al sur, la majestuosa Ordesa, y al otro, al norte, el impresionante Cirque de Gavarnie.


Bello amanecer en la Brecha de Roland.


Científicamente diríamos que su origen es natural, pero, ¿por qué no dejarnos seducir por lo que nos cuenta la leyenda y pensar que realmente esta brecha fue obra de Roland, sobrino de Carlomagno, y su espada Durandarte?. La leyenda la he extraído de la página Pirineos Ordesa-Posets-Maladeta.


Cuenta la leyenda que el famoso Roland, llamado así porque al nacer, cayó rodando al suelo (rouland), era hijo de la princesa Berta, hermana de Carlomagno y del duque de Angers.
Roland vivió su infancia en parajes de Italia y Francia, en contacto con la Naturaleza. Pasados los años, se convirtió en uno de los más famosos caballeros de la época, por su destreza, su porte arrogante y su extraordinaria bravura.
Con su tío Carlomagno, marchó un día al histórico combate que había de dar lugar a la derrota de Roncesvalles, en la que el emperador, viendo próxima la derrota y su ejército desvencijado, huyó por los montes. Roland, como un cadáver más, quedó allí, abandonado y herido, sepultado por el cuerpo inerte de su caballo.

Cuando volvió en sí, y comprendió su precaria situación, se levantó con un sobrehumano esfuerzo apartando a su montura con ayuda de su poderosa espada Durandarte, y apoyándose sobre una roca. Dicen que todavía pueden verse las huellas de sus dedos sobre la piedra, como testimonio de su descomunal fortaleza.
Roland contempló unos momentos el terrible panorama y trató de orientarse para buscar el camino a Francia; pero tuvo que hacerlo con cautela, porque el enemigo estaba al acecho. Después de dos días y dos noches, de grandes penalidades, trepando y escondiéndose entre los riscos, Roland consiguió llegar hasta el valle de Ordesa.

Una vez allí, sólo tenía que trepar por las empinadas montañas que cerraban el valle. Pero el enemigo estaba cerca; ya podía escuchar el rumor de las tropas que lo perseguían, y notar el aliento de los perros que olfateaban su rastro. No obstante al ver que la noche se acercaba, hizo un esfuerzo más y logró llegar ante el último repecho de la montaña.
Cuando ya estaba a punto de lograrlo apareció la jauría de perros que le había estado rastreando. Con su espada Durandarte logró darles muerte sin problemas, pero sus fuerzas se debilitaron aún más. Miró hacia abajo y vio las tropas que con paso rápido ya lo habían localizado y se dirigían a por él. Comprendió que no podría hacer frente a la tropa que le perseguía y realizando un último alarde, lanzó su espada Durandarte al otro lado de la montaña, para hacer llegar un último saludo de despedida de su patria; pero no lo logró y la espada resbaló por la ladera de nuevo hasta sus manos.
Hasta tres veces lo intentó, pero con el mismo resultado. Sabiéndose muerto, con un esfuerzo sobrehumano, Roland lanzó su espada por última vez, con tal violencia que la espada golpeó la montaña y la partió, dejando una brecha abierta. Así Roland pudo ver por última vez su país.

Sus perseguidores lo encontraron muerto en este histórico lugar hoy dentro del Parque Nacioanl de Ordesa y Monte Perdido y conocido desde entonces como la Brecha de Roland.


LA LEYENDA DE MONTE PERDIDO.

No muy lejos de la Brecha de Rolando se encuentra Monte Perdido. Esta gigantesca y bella montaña tiene el privilegio de ser la cumbre calcárea más alta de Europa, la tercera montaña más alta del Pirineo y la mayor de las Tres Serols. En su cara norte alberga un glaciar colgante, uno de los últimos glaciares del Pirineo, en franca regresión debido a la crisis climática. Alcanzar su cima es el anhelo de muchos de los montañeros que se acercan a lo largo del año a Ordesa. Su célebre Escupidera supone un peligroso obstáculo cuando se intenta subir a la cima en invierno, y una fatigosa pedrera en verano.


Monte Perdido, además de ser de las montañas más altas y también más bellas del Pirineo, también puede presumir de estar rodeada de un entorno majestuoso, Ordesa.


Según esta leyenda, extraída de la página Cima Norte, en el origen de Monte Perdido tienen que ver un arisco y avaro pastor y el castigo divino por parte un famélico santo.


Cuenta la Leyenda que en el pasado, el lugar donde hoy se alza imponente Monte Perdido, era una amplia extensión de verdes prados. Una zona hermosa de abundante hierba, agua y coloridas flores a la que los pastores llevaban a pastar sus ovejas desde los pueblos cercanos del Sobrarbe.
Uno de los pastores era de carácter arisco y solitario. Apenas se juntaba con la gente y pasaba las horas tallando con su navaja curiosas figuras de madera. Una tarde, mientras descansaba junto al río, se acercó un hombre. Iba descalzo, sucio y pobremente vestido. Tenía una figura encorvada y el rostro demacrado por el hambre. Se dirigió al pastor y le dijo: «Llevo mucho tiempo sin probar bocado. Deme algo de comer, Dios se lo pagará».
El pastor le observó, pero duro de corazón, decidió ignorarlo. Miro para otro lado y continuó tallando una rama de boj. El mendigo insistió de nuevo, pero el pastor se mantuvo en su egoísmo. El extraño hombre desapareció e instantes después, una intensa niebla empezó a cubrir el valle. El pastor nunca había visto nada igual y asustado empezó a buscar a su rebaño, que se hallaba disperso por los prados.
Comenzó entonces una fuerte tormenta de viento y nieve. En pocos minutos todo quedó congelado y el pastor y su ganado desaparecieron para siempre. Nunca más se supo de ellos.
Cuenta la leyenda que justo en este lugar, apareció una impresionante y peligrosa montaña: Monte Perdido. Los verdes prados se convirtieron en roca, nieve y hielo. De gran belleza pero imposibles para atender las necesidades del ganado.
Dicen los pastores que ese mendigo era San Antonio y que lo ocurrido fue un castigo divino al egoísmo y a la falta de solidaridad del pastor. Cuando le negó la ayuda, San Antonio le dijo al pastor: «Te perderás por avaricioso, y allí donde te pierdas, saldrá un gran monte, inmenso, tan grande como tu falta de caridad».


Este es el origen de Monte Perdido, una de las montañas más imponentes y a la vez hermosas de nuestro Pirineo. Se alza de hielo y roca, como el corazón del pastor.


LA PRINCESA DE LA BASA DE LA MORA.

Nos movemos ahora hasta el Valle de Chistau, allí, en uno de los circos calizos del Macizo de Cotiella, se halla el Ibón de Plan o Basa de la Mora, uno de los lagos de alta montaña más bonitos de todo el Pirineo. La visión de esta laguna, flanqueada por abetos, pedreras y torres calizas resulta embaucadora. No en vano es uno de los lugares más fotografiados del Pirineo.


Tres princesas en la Basa de la Mora, y una de ellas emergiendo de sus aguas.


Y que mejor que despedir este compendio de leyendas con la que va unida a la Basa de la Mora, una leyenda que todos los apasionados del Pirineo seguro que ya conocéis. La podéis leer también en la página Aragón Mágico.


Cuentan los más ancianos que en este lugar, al amanecer, en el instante en que aparece el primer rayo de sol desde el circo de Armeña, se levanta lentamente en el centro del lago una forma brillante que se extiende conforme el sol inunda con su luz el azul de la Basa transformándose en una hermosa mujer, dicen que es el alma de una princesa mora que se perdió en las montañas de este valle huyendo de las guerras entre cristianos y moros.

Si deseas verla, ha de ser en la noche de San Juan, tendrás que lavarte la cara en sus aguas heladas antes de la salida del sol, es entonces cuando podrás contemplar su magia, aparecerá moviendo el agua de manera suave y poco a poco irá agitando el agua hasta formar un remolino con su vertiginosa y mágica danza. Cuentan también que esta hermosa dama es tan tenue y ligera como el aire, que embelesa con su armonía y suaves movimientos…
Aseguran también que solo los que tienen la mirada limpia y el corazón puro pueden ver a la Princesa Mora, al igual que tan solo de esta manera podrán ver toda la belleza que este ibón esconde…
Incluso en nuestros días, los abuelos del lugar, aun enseñan a sus nietos la leyenda en su antigua lengua:


Si ye que i puyas bela maitinada de San Chuan ta Ibón, y no la biéses, abrás de pensare en labá-te l´anima… Sólo es güellos limpios pueden biere a la prinzesa mora de las cumbres…”

(Si es que subes alguna maitinada de San Juan hasta el Ibón, y no la vieras, habrías de pensar en lavarte el alma... Solo los ojos limpios pueden ver a la princesa mora de las cumbres...)


Bueno, y hasta aquí este viaje por las montañas a través de las leyendas. Sé que ha sido una entrada larga, así que si has llegado al final te doy las gracias y espero que hayas disfrutado leyéndola y que por unos instantes la imaginación y la fantasía hayan estado flotando por tu mente, evadiéndote de esta loca realidad del momento actual.


Un saludo a tod@s y hasta la próxima!!!.

18 comentarios:

  1. Excelente Dani, sin palabras te lo digo de veras. Iba a comentar "muchas fotos...", pero no.... "Grandes fotos y muchos recuerdos" que me erizan la piel, unas por lo que fueron y otras por lo que espero que sean. Una entrada llena de curiosidades, de historia, donde no podía faltar Penyagolosoa, muy currao. Saludos, nos vemos.

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    1. Muchas gracias Salvador.

      Me alegro de que te haya gustado la entrada. La verdad es que es fascinante sumergirte en las historias que esconden muchas de las montañas que conocemos y descubrir que tienen un atractivo que va mucho más allá de lo extrictamente excursionista.

      Un saludo.

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  2. Excel·lent treball. Una entrada que dóna molt de sí (més que una entrada al blog és un article de revista). Només un però ... trobe a faltar la llegenda de l'avenc de Penyagolosa. O la guardes per a una altra ocasió?

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    1. Moltes gràcies Xavi. Doncs et seré sincer i encara que semble mentida no coneixia la llegenda de l'Avenc de Penyagolosa, així que la reserve per a una futura segona edició de muntanyes amb llegendes, que segur que en coneixerem moltes més.

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  3. Hola Dani.

    Una maravilla de entrada, de las de degustar sin prisas y con tiempo. Las de leer mucho suelen tirar para atrás a determinada gente pero a los que nos gusta las buenas historias en la naturaleza la vamos a disfrutar mogollón.

    Me la he leído entera con toda esta gama de leyendas de esperanzas, amores eternos, a veces felices, otros desgraciados, historias de reconquista protagonizadas por moros/moriscos/cristianos/hebreos, también leyendas con trasfondo ecologista, mitológicas, de dragones, pastores ariscos, crímenes, pasiones desatadas, etc, (que curioso eso de que encontraron restos de una pantera) y lo que me parece genial es ese nexo que tienen con la naturaleza al trascurrir todas en parajes naturales y que muy bien has enseñado con fotos.

    Muchas gracias amigo por haberme dejado un trozo de tu gran blog para poner ese escrito mío sobre el Tío Chamana y por haberme desbloquedado la inspiración ;-)

    Tu dibujillo del inicio de la entrada es buenísima. No sé pero ya podría ser un boceto de alguna portada de Manowar, jajajaja.

    Ah, por cierto solo ver la preciosa morfología del Marinet y te habría dicho sin saberlo que allí tuvo que haber restos de poblado íbero o celtíbero, y por lo que dices anterior con restos del neolítico. Preciosa esa foto.

    Un abrazo y menudo décimo anniversario que te estas marcando con estas entradas tan chulas.

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    1. Muchas gracias Toni.

      Y vuelvo a reiterar mi agradecimiento por haber aceptado mi propuesta de colaborar en esta entrada a pesar de habértelo dicho con tan pocos días de antelación. Como ya te dije el relato sobre el Tío Chamana me pareció fantástico, se nota en él tu estilo personal, que además le ha puesto un toque más amable y desenfadado a la entrada, ya que la mayoría de las leyendas narradas en ella hablan de sucesos trágicos. Y muchas gracias por recordarme también la leyenda de la Torca del Lobo, que no recordaba que nos la contaste cuando estábamos asomados a ella. Hubiese sido una pena que se hubiese quedado en el tintero. Y esto es lo bonito de este tema, que mientras me documentaba sobre unas leyendas fui descubriendo otras alargando la lista de las 20 que quería hacer en un principio a 27 y por que al final me dije de parar, puesto que no quería alargar más la entrada. Pero como le he comentado a Goterris, montañas y parajes por descubrir nos quedan muchos, y seguro que estos esconden más leyendas, así que quien sabe, igual para el 20 aniversario del blog hay otra entrada especial de montañas y leyendas jejeje.

      Con lo del dibujo has estado muy sagaz, puesto que en mi adolescencia escuchaba bastante a Manowar, y el guerrero que sale en el dibujo está bastante inspirado en los musculados hombretones que salían, o salen (hace mucho que no los sigo, sobre todo cuando empecé a darme cuenta de lo misóginos que eran) en sus portadas.

      Un abrazo.

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  4. Hola Dani...
    Vaya tarde que me has dado...jejeje.
    Curradisima entrada con esas "leyendas montañeras",que alguna que otra,seguro que encierra parte de historia verdadera.
    La verdad es que he disfrutado "leyendo" las "leyendas" y no te diré tal o cual me ha gustado más,porque todas encierran su atractivo y desde luego como tu apuntas en el inicio,el buscar info de la montaña que se "visita" trae el encontrarte con estas historias,que sin duda las enriquecen más si cabe.
    Si me tengo que quedar con una fotografía,el amanecer en la Brecha,¡¡brutal!!.
    Desde luego bien se podría hacer una mini-serie con las leyendas que nos has mostrado en esta entrada y por supuesto,como comenta el "Tío Toni Chamana"...jejeje,que grande es,estas bordando tu decimo aniversario blogero...

    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias Juane.

      Me alegro de que te haya gustado la entrada y que hayas disfrutado leyéndola. Yo también pienso que algunas de estas leyendas tendrán su parte de realidad, como por ejemplo la de la jarra y el olivo del Puntal de l'Aljub, que a mi personalmente es la que más me gusta, que como apunto en la entrada no la conocía y la descubrí documentándome sobre otras leyendas. Y la colaboración especial de Toni, todo un lujo jejeje.
      La foto del amanecer de la Brecha la hice en una ruta por Ordesa en la que hicimos tres vivacs de altura, dos de ellos en la Brecha, cada uno en una vertiente, esta foto la tomé el día que dormimos en el lado español, que faltando más de una hora para que saliese el sol ya estaba yo inquieto por conseguir ver ese sol apareciendo en mitad de la Brecha. El día que dormimos en el lado francés, dentro de la gruta Russell, también tuvimos un fantástico amanecer, con un mar de nubes bajo nosotros.

      Un abrazo.

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  5. Hola Dani que gran entrada , enhorabuena, muy original.
    La leeré poco a poco y aprenderé nuevas leyendas de nuestras montañas .
    Un abrazo

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    1. Muchas gracias Jose.

      Muy bien pensado, una leyenda por día, para llevar mejor la cuarentena ;-)

      Un abrazo.

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  6. ... pues ya me la he zampado toda !!!. La he degustado poco a poco, y eso que a mí no me atrae mucho la literatura fantástica. Una mirada muy original de ver la poliédrica figura que nos puede ofrecer el mundo de la montaña. Ya tienes otra visión más y seguro que te queda algún as bajo la manga para seguir homenajeando este décimo aniversario y deleitándonos como lo estás haciendo. Un fuerte abrazo, más fuerte si cabe ahora en estos momentos de forzosa reclusión y esperando que te encuentres bien. La montaña seguirá ahí fuera ... esperándonos.

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    1. Hola Paco.

      Es lo que suponía, que al tratarse de una entrada tan extensa, muchos de vosotros la leeríais a capítulos, que no es mal plan, y oye, así sube también el contador de visitas del blog jajaja. Agradecerte también, y más en tu caso, que comentas que no te atrae este tipo de literatura, que la hayas leído entera, y que te haya gustado.
      Pues no lo había comentado, pero ya llevaba mucho tiempo con este proyecto de las montañas con leyenda en la cabeza, y mira, la idea de hacer esta serie de entradas especiales por el décimo aniversario, ha hecho que lo materializase.
      Me alegro también un montón que estas entradas del aniversario os estén gustando tanto, y alguna idea ya hay para las entradas especiales de los próximos meses, ahora solo falta que la cabeza se ponga a carburar más en ellas, cosa que en estos días está siendo un poco complicado, no sé si a vosotros os estará pasando lo mismo.
      Lo mismo digo Paco, espero que tanto tu como los tuyos estéis bien, ánimo para este duro periodo que nos espera, y como de forma virtual si que podemos, un fuerte abrazo!!

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  7. Hola Dani, con tu permiso, voy a parafrasear a Jack el Destripador... que para algo lo llevo tatuado.
    De Culibillas y Anayet, había leído en el estupendo blog de mi tocayo Fran, Pisando Cumbres... muy recomendable, de veras.
    La Foratata también, conocía lo de las hormigas... y lo temible de sus calizas, que que allá por el 2004, con unos amigos, tras bajar de los Infiernos y otro tresmil cercano, nos fuimos a escalar el Midi d´Ossau, en el que pasé un mal rato, porque estos bajaron sin usar cuerda y a mi me daba miedo descender aquella chimenea sin rapelar... no lo entendía, pues para eso llevábamos material. Al final acabé bajando con la cuerda de una pareja poco experta que andaba por allí. Menos mal que les ayudé, por cierto. Bueno, pues tras esta aventura nos fuimos a escalar la Foratata... horrible... todo se cae y no había forma de proteger nada. No volvería a escalar allí.
    La de Roland... famosa leyenda.
    Y por último, la del Puig Campana y su "cacho" de Illa, que también la conocía. Cuando digo que conocía, me refiero a que había escuchado hablar algo, pero no en la profundidad en la cual tu nos lo cuentas todo.
    Has currado bastante para esta kilométrica entrada, compañero. Muchas gracias... y yo escuchando de fondo el Machine Head...
    Salud.

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    1. Gracias a ti Fran.

      Pues mira, he visto el comentario y me he puesto el Machine Head, que hacía mogollón de tiempo que no lo escuchaba... Pictures of Home, vaya cañonazo!!!... vaya cinco musicazos había ahí... cinco leyendas!!
      Sin duda, las leyendas que me comentas, son muy conocidas, y era obligado que estuviesen en esta recopilación, junto con otras que no son tan populares y otras que he descubierto mientras confeccionaba la entrada.
      La Foratata, siempre he oído decir que subir a su cima principal no es para nada sencillo, incluso he visto vídeos de gentes pasándolas canutas allí, yo me conformé, en solitario, en subir a su cima occidental, que también tiene su punto. Respecto al Midi... sin duda su mayor peligro es la bajada y la caída de piedras, precisamente rapelando a segunda chimenea tuve el susto más gordo que he tenido nunca en el monte, ya que una piedra de buen diámetro se me vino directa al pecho, menos mal que fui rápido con el balanceo y la evité aunque aún así terminó golpeándome en la rodilla... como ves, hay leyendas y también batallitas, jejeje.

      Salud compañero!!

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  8. Hola Dani,

    Espetacular trabajo de investgación, la de horas que habrás dedicado a escribir esta entrada.

    No sabría con cual de las leyendas quedarme, ya que todas ellas son bonitos relatos, tal vez con cualquiera de tu tan querida Serra d'Espadà, con todo lo que significa esta zona para ti.

    Ya con ganas de que llegue el tercer domingo de abril para continuar con estas maravillosas entradas especiales del 10º aniversaio.

    Un abrazo!!!

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    1. Muchas gracias David.

      Pues si, unas cuantas horitas delante del ordenador ha requerido esta entrada, pero ya se sabe, sarna con gusto... jejeje.

      Respecto a la leyenda que más te guste, ya se sabe, para gustos colores, yo ya te digo, la del Puntal de l'Aljub es mi favorita, y la del Barranco de Almanzor también es muy bonita, y la del Puig Campana me encanta... curiosamente las tres relacionadas con el amor, ya sea por una tierra, por la libertad o por una persona.

      A ver que tal esa cuarta entrada especial de abril... ahora mismo estoy un poco atascado, pero algo se me ocurrirá jejeje.

      Un abrazo.

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  9. Hola Dani.

    Pues yo me lo he leído por zonas, me ha costado lo suyo, pero he disfrutado de estas leyendas, que muchas de ellas, tienen denominadores comunes.

    El dibujo de la portada, a mi me recordaba a algo y no sabía el que, pero el amigo Toni, a dado con la clave y tiene razón. La calidad del dibujo no está nada mal, te lo dice uno, que no sabe ni como aprobaba Plástica, siempre he sido un negado para estas cosas.

    En lo referente a las leyendas, las de mi tierra ya las conocía, pero siempre resulta agradable conocer las de otras zonas. Mi duda, es que parte fue realidad y cual ficción, porque muchas de ellas estarán basadas en un hecho real, aunque con el paso de los años y dependiendo de quien y con que interés la cuente, eso ira derivando en una historia que poco o mucho tendrá que ver con lo que paso.

    Ahora toca resignarse en casa y que pase el tiempo lo más entretenido posible, yo por "suerte" me toca trabajar una semana más, luego a casita.

    Salud y montaña!

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    1. Hola Eduardo.

      Encantado de que te haya gustado esta recopilación de leyendas... y el dibujo ;-)

      Yo también me preguntaba, mientras recopilaba y leía las leyendas, que proporción de realidad y ficción tendrían cada una de ellas, y también las diferencias entre cuando se empezaron a contar con respecto a como se cuentan en la actualidad. Supongo que las que tienen que ver con hechos históricos, como por ejemplo la expulsión de los moriscos, pues tendrán gran parte de realidad, y por ejemplo la del Dragón de Oroel pues ya será más fruto de la fantasía, pero nunca se sabe jejeje.

      Así es, son tiempos de ser mucho más responsables y solidarios y lo suyo, por nuestro bien y por el de los demás, es estar en casa, e intentar que el paso de las horas se haga lo más llevadero posible.

      Un saludo.

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